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30 de mayo de 2007
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La izquierda italiana resiste

Los conservadores italianos lograron ayer importantes ciudades del norte y arrebataron a La Unión la simbólica Verona, pero ese triunfo que Berlusconi esperaba aplastante, esa spallata (empujón) al gobierno de Prodi no se ha producido y la centroizquierda se mantiene e, incluso, avanza en Sicilia, feudo de la centroderecha.

    Los conservadores italianos lograron ayer importantes ciudades del norte y arrebataron a La Unión la simbólica Verona, pero ese triunfo que Berlusconi esperaba aplastante, esa spallata (empujón) al gobierno de Prodi no se ha producido y la centroizquierda se mantiene e, incluso, avanza en Sicilia, feudo de la centroderecha. Ese es el mapa surgido de las elecciones municipales y provinciales parciales que se celebraron el lunes y el martes en Italia, a las que estaban llamados diez millones de ciudadanos para renovar siete diputaciones provinciales y 856 municipios, de ellos, 26 capitales de provincia, todas de mediana población.

    Berlusconi las había planteado como una prueba sobre Prodi y anunció que si sacaban diez puntos de diferencia a la centroizquierda, pedirían al jefe de Estado, Giorgio Napolitano, elecciones generales anticipadas. La centroizquierda en el poder (La Unión) insistió en que sólo se trataba de comicios municipales parciales y que no se podían extrapolar a elecciones políticas. En esa línea, el primer ministro, Romano Prodi, no participó en la campaña y la frase de orden entre los aliados era “sólo se eligen alcaldes”.

    De todas maneras, dentro de La Unión se levantaron voces discordantes, entre ellas, las de los ministros de Justicia, el democristiano Clemente Mastella, y de Infraestructuras, el ex juez anticorrupción Antonio Di Pietro, quienes consideraron que sí se trata de un voto político. A la espera de conocer los resultados finales, que no se sabrán hasta hoy debido a la lentitud del recuento de votos, según las proyecciones y sondeos a pie de urna, la opositora Casa de las Libertades de Silvio Berlusconi venció –entre las localidades más importantes– en las norteñas Verona, Alessandria, Vercelli y Varese, mientras que La Unión (la coalición de Prodi) mantuvo Génova.

    En el centro, La Unión se hizo con L’Aquila, Frossinone y Taranto, mientras que en el sur, los conservadores mantuvieron con creces Reggio Calabria, aunque vieron cómo la centroizquierda se hacía con la siciliana Agrigento, arrebatando una importante pieza a la oposición. Aunque los resultados no son definitivos, la centroderecha se mostró satisfecha y algunos de sus líderes, como Renato Schifani, afirmaron que es el comienzo del empujón a Prodi.

    El ministro de Exteriores, el ex comunista Massimo D’Alema, insistió en que sólo se han elegido alcaldes y afirmó que Berlusconi es la última persona en el mundo que puede pedir elecciones anticipadas, ya que siempre perdió todos los comicios municipales y nunca dimitió. En La Unión están convencido de que al final habrá un empate, aunque algunos de sus dirigentes, como Vannino Chiti, ministro para las Relaciones con el Parlamento, y Massimo Donaldi, del partido de Di Pietro, expresaron su preocupación por “el problema del norte”.

    En esa región, los conservadores se han impuesto en las principales ciudades en las que se votaba, en detrimento de La Unión, que, según Chiti y Donaldi, debe moverse para recuperar votos. Y es que los comicios se han celebrado pocos días después de que se publicara un sondeo que revelaba que sólo diez por ciento de los italianos tiene confianza en los partidos políticos y de que una encuesta del diario económico Il sole 24 ore mostrara que cincuenta y cinco por ciento de los italianos está descontento con el Gobierno de Prodi.

    En estos días también se conocieron datos oficiales sobre el aumento de la pobreza y las dificultades cada vez mayores de las familias y los pensionistas para llegar a fin de mes, las que colocan al Gobierno en dificultad. Los únicos datos finales que se conocen es la afluencia a las urnas: 73,9 por ciento para la renovación de los ayuntamientos, 2,4 por ciento menos que en los anteriores comicios, y 58 por ciento para las diputaciones provinciales, 6,9 por ciento menos. Ese aumento de la abstención fue calificado por el presidente de la Cámara de Diputados, el comunista Fausto Bertinotti, como una señal de la crisis que vive la política italiana.

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