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18 de abril de 2007
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Análisis

La insólita política de EEUU sobre armas

Para la Asociación del Rifle estadounidense, la masacre de Virginia se podría haber evitado si la universidad no fuera una zona libre de armas. El permiso para andar armado en el país del Norte está establecido en la segunda enmienda de su Constitución

     Cuán fácil es el uso de armas en Virginia es algo que hace poco demostró Jim Webb, senador demócrata de ese estado norteamericano. Su colega y amigo Phillip Thompson fue detenido en el ingreso al Congreso de Estados Unidos con una pistola y cartuchos. Webb casi no pudo ocultar una sonrisa burlona cuando defendió a Thompson. Después de todo, él siempre defendió la segunda enmienda de la Constitución, que garantiza a los estadounidenses el derecho a la tenencia de armas.

    El mismo Webb porta un arma y, con una sonrisa, eludió especificar si la ha declarado ante la policía de la capital estadounidense, tal como pauta la ley. Lo más probable es que, tras la masacre en su estado,Webb ya no comente tan airosamente el tema de la posesión de armas. La tragedia de Virginia no sólo desata un fuerte debate, como hicieron masacres anteriores, sobre las laxas leyes de armas en Estados Unidos.

    Este asesinato en masa influirá también en la contienda electoral –que empezó hace rato– por definir al próximo ocupante en la Casa Blanca, con los comicios del 2008. Un día después de la matanza, políticos influyentes, como Barack Obama o Hillary Clinton, se abstuvieron de plantear exigencias de índole política. Pero todos saben que estos dos demócratas están a favor de leyes más duras en lo concerniente al control de armas. “Los controles de armas no alcanzan”, se quejó el senador demócrata Ted Kennedy. El presidente estadounidense, George W. Bush, manifestó una profunda compasión pero también dejó subrayar que la gente tiene el derecho de portar armas.

    El poderoso lobby armamentista Asociación Nacional del Rifle (NRA, según sus siglas en inglés) opinó que el asesino múltiple podría haber sido detenido si la institución escolar no hubiera sido una zona libre de armas: un estudiante o un docente podrían haber reducido violentamente al atacante, asegura el grupo. Pero no sólo Josh Horowitz, de la Coalición para la Lucha contra la Violencia Armamentística, estableció una relación entre la masacre universitaria y las leyes especialmente liberales de Virginia sobre armas.

    En las exposiciones de armas, cualquiera puede adquirirlas sin complicaciones. Quien, según criterios policiales, es un ciudadano de buena reputación, incluso puede portar su arma en la vía pública. El asesino serial de sangre fría habría usado pistolas semiautomáticas en su ataque en la Universidad Politécnica de Virginia. En el 2004, el Congreso estadounidense rechazó la extensión de una prohibición de compra –sobre todo con votos de los republicanos– de este tipo de armas. “Qué deprimente que ni siquiera hayamos podido desterrar estas armas asesinas”, opinó el presidente de la Campaña Brady contra la Violencia Armamentística, Paul Helmke.

    En el interín hay proyectos de ley de los demócratas, presentados al Congreso, para reforzar los controles sobre armas. “Si no resulta ahora, tras la matanza más horrible de la historia, ¿cuándo?”, preguntaba Helmke sin optimismo, porque las perspectivas de un mayor control de armas en Estados Unidos parecen desalentadoras. El fin de semana, la NRA celebró junto a unos 60.000 miembros en Saint Louis sus éxitos “para la libertad”, una forma de referirse a la obstaculización de estos controles.

     Hace poco, un tribunal en Washington frustró una de las pocas leyes estrictas sobre armas en Estados Unidos y reinstaló el permiso de tenencia de armas de fuego dentro de viviendas particulares. El lobby que representa a 4,2 millones de miembros presenta estadísticas contrarias a una legislación más dura sobre armas. Sostiene que la cantidad de asesinatos en el país se redujo de 17.000 en 1993 a 10.000 en el 2004.

     Los demócratas saben de la fuerza de la NRA: no olvidan las experiencias de Al Gore, quien en la contienda electoral del 2000 se pronunció a favor de leyes más duras sobre armas luego de la masacre de Columbine. Según análisis electorales, esta postura le costó a Gore votos decisivos, sobre todo en áreas rurales. Desde entonces, murieron violentamente 220 personas en escuelas y facultades, calcula la empresa de asesoría Servicios de Seguridad Escolar Nacional, aunque el dato no parece hacer mella en la legislación.

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