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13 de abril de 2007
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La ilusión que me condena

Hay datos concretos y ciertos que indican que el Gobierno se desconecta de la realidad. Lo hace Kirchner en la Nación y, en la misma línea, Cobos en la Provincia. Se señala que las críticas que se les hacen son todas infundadas, intencionadas e injustas. Pero comienza a sentirse el mal humor del Gobierno por la falta de resultados. Mientras, todos están atentos a octubre. Los pactos y acuerdos, los reales y los falsos, las operaciones y el fin de los partidos

     Son días raros estos. El Gobierno, teniéndolo todo, no tiene nada para festejar o cuenta con muy pocas cosas para ello. ¿Acaso tiene la obligación de andar festejando permanentemente? No, para nada, pero, ¿por qué sufrir tanto, teniendo, en apariencia, todo a favor? Con un país en crecimiento notable, como lo muestran los datos macroeconómicos, que tiene a Mendoza entre los territorios privilegiados y más mimados, en donde el empleo es casi pleno, resulta poco comprensible encontrarle explicación –desde lo político– a la mala onda y el fastidio que se huele en el entorno del jefe de Estado provincial, Julio Cobos.

    Mala onda y fastidio que han comenzado a contagiar a buena parte de la sociedad menos atendida,menos contenida y menos comprendida por un sistema que sólo parece estar privilegiando a los extremos: a los pobres de toda pobreza –nadie en su sano juicio puede condenar que el Estado vaya en su rescate– y a los ricos de toda riqueza, quienes cada vez están más ricos, aunque cada vez sean menos.

    Y en esto, Cobos comparte las culpas con su padrino político, el presidente Kirchner. Es que, en verdad, no todo anda como dice el régimen y como difunden sus propaladores, tanto en la nación como en la provincia. Si el Gobierno nacional nos dice en la cara y sin que se le mueva un pelo que el sachet de leche que compramos en el supermercado o el kilo de papa los estamos adquiriendo a un valor cada vez más bajo, pues está todo dicho. Se trata de soberbia e impunidad y también de desconexión total y absoluta.

    Qué más puede agregarse a esa sensación que ya tiene todo el mundo, incluso hasta los discípulos más leales, de que todo lo que se informe sobre la marcha del país no esté viciado, o se trate de alguna operación o, directamente, sea falaz, o que se trate de un engaño o, en el mejor de los casos, de una ilusión. Cuando se pierde la confianza, es difícil y muy trabajoso recuperarla. El gobernador aún parece jugar con ese viento a favor que cree que le sopla todavía con el mismo impulso y vigor de meses atrás.

    Un sondeo de opinión en el Gran Mendoza, realizado por Santiago Alé entre el 9 y el 11 de abril, da cuenta que 95 por ciento de la población cree que es engañada con los índices, tanto de la canasta básica como de los precios generales. Y 86,3 por ciento dice que esto perjudica la credibilidad del Gobierno nacional. En febrero, ese porcentaje ascendía a 81 por ciento. Ahora se cree, también, que si sigue con esa tendencia, el oficialismo lo pagará en las elecciones de octubre. A ver, lo peligroso de esta jugada para Kirchner y Cobos es que comience a trasladarse esa incredulidad real a sus imágenes y sus candidatos.

    Pero como el jefe de Gobierno provincial interpreta que los vientos siguen siendo favorables como antes, se entiende que la culpa de la falta de gestión y de resultados que viene señalando desde diez días atrás recaiga exclusivamente sobre sus colaboradores inmediatos y no en él, quien se esfuerza para que hagan las cosas como corresponde.

     Y que, en lugar de removerlos o de echarlos por ineficientes, opte por exhibirlos a toda la sociedad por ineficientes que no saben o no pueden encontrarle la vuelta a la remanida inseguridad, a la falta de infraestructura en la red hospitalaria y de los centros de salud, a las deficiencias que sigue teniendo el transporte público de pasajeros, al ordenamiento del tránsito, al maltrato de los ciudadanos en las oficinas públicas, a los cientos y cientos de expedientes amontonados en los despachos contiguos de algunos ministros y secretarios de la gobernación y que esperan de su firma. En fin, los problemas, pese a lo que se pretende mostrar, siguen ahí. El que no se los pueda ocultar porque no hay capacidad suficiente para extinguirlos molesta al Gobierno, lo inunda de malhumor y fastidio. Y se nota.

MÁS RÁPIDOS QUE SU PROPIA SOMBRA. La desconfianza social que empieza a brotar por lo cotidiano, lo de todos los días, por la falta de resultados en definitiva, que es lo que sólo reclama la gente, a veces, sin percatarse de quién es el que la gobierna, se traslada también hacia lo estrictamente político. A medida que se acerca el 28 de octubre, la concertación oficial va sufriendo averías, que el tiempo dirá si son lo suficientemente graves como para que se muera. Son cada vez más frecuentes las reuniones entre Cobos y los intendentes justicialistas aliados como Rubén Miranda y Omar Félix.

    Estos ven que el radicalismo cobista no tiene intenciones de abrir las listas y compartir los principales cargos electivos nacionales y distritales. Estos intendentes, quienes entienden la concertación con Cobos como líder, hoy se replantean algunas cosas. Sacan una cuenta rápida: si Cobos es candidato a vicepresidente, el compañero de fórmula de César Biffi debe ser de su sector, debe ser un justicialista concertador.

    Cobos todavía resiste negociar el lugar de Patricia Gutiérrez, ungida compañera de Biffi. Los peronistas ven que sólo se los quiere utilizar y que la designación de Biffi como candidato no ha sido otra cosa que una derrota de los radicales concertadores en manos de los radicales tradicionales que se enfrentan a Kirchner. La desconfianza, en todo sentido, es la reina del momento y le da sazón a estos días raros. Gutiérrez, La Negra, se ve venir una embestida en su contra para borrarla del segundo lugar en la fórmula como prenda de cambio con los peronistas.

    Entonces, se prepara para resistir. A su entorno se le atribuye la difusión de una versión que daba cuenta de un encuentro entre Biffi, el senador antikirchner Ernesto Sanz y Carlos Le Donne, el interventor partidario, en la que, supuestamente, se habría acordado que el radicalismo lavagnista aceptaría al godoicruceño como su candidato a gobernador. La versión daba cuenta de que, a fin de cuentas, se decretaría en los hechos la libertad de acción de los radicales mendocinos y que en el cuarto oscuro cada afiliado podría hacer lo que quisiera: votar a Biffi con Kirchner en la nación o a Biffi con Lavagna.

     ¿Disparate? En principio, sí. Pero la operación buscó debilitar a Biffi ante Cobos y ante Kirchner y darle más aire a la de por sí desconfianza que le tienen los concertadores cobistas al intendente de Godoy Cruz. Sin embargo, el día en que se dijo que se protagonizó la reunión del trío, Biffi se encontraba con el diputado Alfredo Cornejo en Buenos Aires. Este es el nivel de zancadillas y piquetes de ojo que se evidencian en todos los segmentos de discusión de la política mendocina.

    Quienes defienden y militan la concertación aducen que la sustenta un claro y definido proyecto de país y de provincia. Pero está más que claro que el proyecto brilla por su ausencia y que la pelea por los cargos será sangrienta y hasta traidora para muchos. En medio de reuniones y acuerdos, tanto de los reales como de los falaces, todo parece indicar que, cada día que pasa, los partidos en su formato tradicional se van extinguiendo pese a las peleas por los sellos, las que se dan para controlar los recursos que reciben del Ministerio del Interior por los votos obtenidos en las elecciones.

    El Partido Demócrata ha avanzado en proponerle un pacto a Víctor Fayad en Capital. Por este acuerdo, Fayad podría convertirse en el candidato a intendente del PD. Dicen en el PD que el perfil de Fayad atrae votos gansos, por lo que obtendrían más ventajas pegando a Fayad en la boleta de los candidatos a concejales demócratas. Es más, Omar de Marchi y el propio Fayad ya no ocultan sus encuentros ni tampoco los niegan.

    Todavía no tienen todo cerrado pero avanzan en ese sentido. Y los peronistas, tanto los puros que impulsan a Celso Jaque como los concertadores que comulgan con Cobos, andan por los mismos caminos. En una semana, el PJ tiene su congreso. Allí se discutirá la libertad de acción de los afiliados, posición que defienden Miranda, Félix y compañía y a la que se opone la gente de Jaque, Adolfo Bermejo y el resto de los azules. Este sector, lo que quiere es, definitivamente, echar del partido a los que considera traidores por entablar el acuerdo con Cobos.

    Miranda y Jaque negociaban en las últimas horas un pacto de convivencia y conveniencia para ambos. Concluían en que en octubre habrá dos frentes kirchneristas: el encolumnado con el radicalismo cobista y el peronista. El asunto es que los candidatos, en especial a la reelección en las intendencias, pretenden estar en todas las listas posibles, en las de la concertación, en las de la anticoncertación, en las cobistas y biffistas y en las de la oposición a esa entente. Los partidos se esfuman, tristemente, pese a que la Constitución todavía los señala como los pilares del sisteIlustración Andrés Casciani ma democrático.

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