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5 de octubre de 2009
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FIESTA PATRONAL

La Iglesia pidió más compromiso para superar la pobreza y la miseria en Mendoza

El arzobispo Arancibia reclamó a todos los sectores sociales y políticos que haya más justicia y libertad. Celso Jaque fue solo.

“Hay mucho desaliento y tristeza en nuestro pueblo”, dijo monseñor José María Arancibia, arzobispo de Mendoza, durante la celebración de los 75 años de la creación de la diócesis y Día de la Patrona de la provincia, Nuestra Señora del Rosario.

MENSAJE. Bajo un sol impiadoso, más de 20.000 personas, en su mayoría jóvenes, se congregaron en el teatro griego Frank Romero Day para compartir la fiesta patronal diocesana, con el lema “Anunciar a Jesús es nuestro gozo”.

     Monseñor Arancibia pidió en su homilía “que el pueblo sea valiente y servidor abnegado de los pobres, porque hay mucho desaliento y tristeza”. Además, remarcó: “Tenemos que luchar entre todos, con un compromiso fuerte para superar la pobreza y la miseria y lo tenemos que hacer entre todos”. Arancibia habló de la necesidad del cambio para que haya justicia y solidaridad. La máxima autoridad eclesiástica de la provincia dijo a los periodistas: “Hay que superar la deshonestidad y la corrupción”. Al gobernador le deseó que luchara mucho para enfrentar todos los problemas, “le estamos dando consejos, palabras, estímulos, ojalá no se olvide de lo que hoy le hemos pedido”, señaló.

 LA CEREMONIA. Los cerros no pudieron proteger del sol que castigaba a todos a los más de 20.000 feligreses que llegaron hasta el teatro griego. Las autoridades de la Iglesia, los sacerdotes y el público en general soportaron estoicamente el calor intenso. Muchos curas se cubrían la cabeza con gorras deportivas, sombreros de paja o pañuelos. Algunos sacerdotes jóvenes hasta lucían modernos anteojos de sol. El gobernador Celso Jaque y el presidente de la Suprema Corte, Jorge Nanclares, fueron los únicos privilegiados, porque estaban amparados bajo un techo de lona verde. Jaque, vestido con pantalón beige, camisa celeste y chaleco anaranjado, estaba solo, aferrado al cancionero con el que cantó como un feligrés más durante toda la misa. Al término de la ceremonia religiosa, cuando monseñor Arancibia daba la bendición, con indulgencia plenaria, a los asistentes, comenzó a soplar el viento Zonda.

 JAQUE DIJO POCO. El gobernador no comulgó, aunque siguió atento toda la misa. A su término, se abrazó con monseñor Arancibia, con quien se sacó fotos. Su presencia pasó casi desapercibida, sobre todo porque desde la organización previeron no anunciar su llegada para evitar posibles silbatinas, según confiaron a El Sol. Tras la ceremonia, Jaque se prestó a dialogar con la prensa. Aseguró que tiene una “excelente” relación con los miembros de la diócesis mendocina y que no ha recibido críticas de la Iglesia por los números de la pobreza.

     El mandatario expresó que desde su gobierno se hace todo lo posible para combatirla. “Nunca he negado la situación en la que vivimos, más allá de las cifras. Pero hay que trabajar todos juntos, no es un momento de palabras, sino de acción”, manifestó. Al recordarle a Jaque que justamente se acusa a su gobierno por inacción, este evitó responder, porque no lo consideró el ámbito adecuado. Sí se encomendó a Dios y a la Virgen para que lo ayuden a trabajar como corresponde y no caer en lo que algunos pretenden, dijo, “que es solamente la discusión o, lo que es peor, el ofender a los otros, necesitamos unirnos frente a las dificultades”. Arriba de una de las gradas colgaba una bandera pintada a mano con la leyenda: “Con Cristo podemos cambiar el mundo”.

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