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20 de octubre de 2009
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SENEGALESES

La historia de los refugiados de guerra que viven en Mendoza

Son originarios de Senegal, África, y trabajan en las calles vendiendo joyas. Desean mayor estabilidad laboral, ya que afirman que los certificados que les da Migraciones no les permiten conseguir trabajo. Desde la repartición explicaron que son huéspedes del país por su condición de asilados políticos.

Cada vez es más común encontrarlos en las calles mendocinas, vendiendo joyas o relojes, dotando a la ciudad de mayor diversidad cultural. Son senegaleses refugiados, y lo único que desean es trabajar “tranquilos”. Desde África occidental, vinieron en busca de oportunidades laborales y también sociales, ya que muchos se encuentran en el país en carácter de refugiados de guerra, por persecución política o religiosa. Thierno Thioune tiene 27 años, hace tres que vive en Argentina.


     Vino solo y, antes de llegar a Mendoza, hizo una breve parada por la ciudad de la furia, Buenos Aires. “No me gustó Capital Federal, mucho movimiento, mucha gente, mucho quilombo. Acá es más tranquilo”, comentó Thierno, quien explicó que el motivo de su viaje era conocer nuevos lugares. “Me encanta viajar, conocer el mundo”, aseguró el africano, pero admitió que eligió Argentina porque siempre fue admirador de Diego Armando Maradona. Que su deporte favorito sea el básquet, no le impidió ser fanático del diez del fútbol, según comentó Thierno y agregó: “De chiquito admiro a Maradona”.


   Abdul Fall tiene 26, y hace dos años que vive en Mendoza con Black, su hermano. Abdul, al igual que Thierno, vino a Argentina para conocer y pasó ocho meses en la ciudad de Buenos Aires, su mirada tampoco fue muy alentadora: “No me gustó, la gente no tiene respeto por nada, y yo no vine acá a pelear”, aclaró Abdul, y aseguró que es muy común que los bolivianos los discriminen y se burlen de ellos. “Yo me río, los mendocinos no nos discriminan ni nada, pero ellos sí”, dijo el senegalés. LA SITUACIÓN ESDURA. General Paz y Las Heras son las calles elegidas por estos vendedores informales, que, pese a tener trabajo, la mayoría afirma que prefería algo con mayor estabilidad. “A mí la calle no me gusta.


    Primero, porque molesto a los quioscos y locales, poniéndome en la vereda. Además, es muy peligroso”, dijo Thierno, que luego cambio el rostro y añadió: “La situación está dura. No me alcanza, gano justo para vivir. Yo quiero tener hijos con mi mujer y no puedo, porque no me alcanza el dinero. No voy a tener chicos para que sufran, y con mi mujer deseamos mucho tener uno”. Por su parte, Ibraiman, otro senegalés, dijo: “Quiero conseguir algo mejor. No me gusta estar en la calle. No es seguro”. Pero lo que les impide obtener otro oficio en Mendoza es el dilema del papeleo. “El certificado que nos dan en Migraciones no nos sirve para conseguir otra cosa. Ni siquiera tiene un número de documento”, dijo el vendedor.


 REFUGIADOS. Los senegaleses se encuentran en Argentina en carácter de refugiados, esto les impide conseguir una nacionalización hasta que sus situaciones no sean resueltas. Diferente es con las personas pertenecientes a los países asociados al Mercosur, ya que a ellos se les otorga una residencia temporaria. Pero cuando son extra Mercosur, como es el caso de Senegal, necesitan tener una justificación, es decir: por trabajo o porque necesitan refugio, el cual puede ser otorgado, si el extranjero demuestra que hay persecución política o religiosa. Por ello, el director de Migraciones, Mauricio Spitalieri, explicó cómo es el procedimiento para adquirir la radicación.


PASOS. Primero, la persona solicita el refugio, se le otorga en forma precaria la radicación con los datos que ellos mismos llevan a la Dirección. “Lo que pasa es que, generalmente, no traen todos los documentos. A veces, vienen sólo con el nombre”, manifestó Spitalieri. Luego desde la Migración se manda el expediente al Conare (Comisión Nacional de Refugiados), en Buenos Aires, para que resuelvan la situación mediante una investigación confidencial. Esta averiguación puede involucrar a los consulados, y hasta a la Interpol, ya que la Conare se pone en contacto con el país de origen de la persona para averiguar cuál fue el motivo por el que se marchó, según detalló el director. “Si es perseguido política o religiosamente, se lo acepta.


     Hoy existen cerca de 20 senegaleses viviendo en Mendoza”, ratificó Spitalieri, quien reveló que cada vez es mayor la gente que proviene de Senegal y, también de República Dominicana. Pero, a diferencia de los senegaleses, los dominicanos no piden refugio, sino que intentan ingresar como “falsos turistas”, así el director afirmó: “Vienen como turistas pero no traen pertenencias, ni dinero, sino que se hacen pasar por visitadores”.


     En discrepancia por lo que comentaron los senegaleses, sobre que la precaria no sirve para conseguir trabajo, el director confirmó: “Sí pueden conseguir trabajo. Tienen que traer un certificado con los antecedentes penales de su país, documentación, y tienen que pagar una tasa. Con eso, se inicia el procedimiento para regularizar la situación. Mientras, se les da una precaria, con la cual puede ir a buscar trabajo, porque ya estarían inscriptos en la AFIP. Con eso, el extranjero demuestra que ha empezado los trámites, es decir, que es un refugiado en proceso de radicación”.


 ILEGALES NO, IRREGULARES. Spitalieri también se refirió a la Ley Nacional de Migraciones, y opinó: “Me parece un sistema muy bueno, porque es flexible y apunta a registrar a todo el que ingresa al país”. Cuando la situación de los senegaleses es rechazada por la Conare, se les notifica, pero, bajo ninguna causa, pueden detener o expulsar al extranjero. Es así que la mayoría sigue viviendo en carácter no de ilegal, sino de irregular. “No se les llama más ilegales, sino irregulares. Se cambió el término, porque era muy fuerte”, explicó Spitalieri. Así, a las personas irregulares se las intima a abandonar el país, mediante un comunicado que notifica su situación. Frente a esto, el director indicó: “Nosotros no tenemos el poder para sacarlos, ya que la Ley Nacional de Migraciones no lo permite. Mientras la persona no cometa ningún delito, puede permanecer. El Juzgado Federal sí puede, pero nunca ha pasado”.


ASPECTOS SOCIALES. Si de relacionarse se trata, el tema se complica, ya que los senegaleses no manejan muy bien el idioma español, y en Mendoza no son tantas las personas que hablan el francés, idioma oficial en Senegal. Por ello, algunos tienen un conocido que los ayuda. “Yo conozco señoras, de la pensión en la que vivo, y también tengo un amigo cristiano, que es como un hermano, siempre está para ayudarnos”, expresó Thierno, mientras llevaba el puño al pecho con un estilo muy argentino. Sin embargo, esto no impidió que muchos hicieran grandes grupos de amigos. Adbul refiriéndose a esto contó: “Al principio, cuando vivía en Guaymallén, tenía un grupo grande, con los que salíamos a bailar y a jugar al fútbol. Pero luego nos fuimos casando, y ahora no tenemos tanto tiempo”.


 HASTA QUE LA MUERTE LOS SEPARE. Muchos senegaleses lograron radicarse en Argentina, luego de casarse. Asombrados afirman que nunca imaginaron encontrar el amor tan lejos de su tierra natal. Thierno es un novato en el matrimonio, ya que lleva casado seis meses con Yamila, a quien conoce desde hace dos años, y asegura: “Nunca pensé que me casaría con una persona de otro país”. A Adbul se le ilumina el rostro cuando habla de su mujer, Carolina, y dice: “Estoy loco por ella. Muy enamorado”.


     Por su parte, el director de migraciones afirmó que sólo 5% de los refugiados senegaleses se casan. “El 5% de los senegaleses encuentra una novia y se casa, en el transcurso de los 90 días hasta que se regule su situación. Otros sólo lo hacen para conseguir la nacionalidad”, aclaró Spitalieri. Para averiguar si el acto de matrimonio es real, se hace un seguimiento a fin de observar cómo es la situación en la pareja. Si se verifica la relación matrimonial, los senegaleses obtienen la acreditación permanente, al igual que si tienen hijos.


“ACÁ HAY BUENA GENTE”. Muchos senegaleses coincidieron en que lo bello de Mendoza es su pueblo y su paisaje. Adbul comentó que hay gente buena y que no le disgusta nada de la provincia, es más, le encanta la zona de Chacras, donde trabaja su mujer. En sintonía con esto, Thierno dijo: “Es un lugar muy limpio, con gente buena. Si tengo la oportunidad de ir a visitar a mi familia, voy, pero después me vuelvo”. Si bien Mendoza es un sitio agradable para vivir, según cuentan los africanos, esto no quita el dolor que les provoca estar lejos de sus familias.


    Así, Thierno contó que en Senegal no sólo dejó a su madre y sus cuatros hermanos, sino también a su hijo de cinco años. “Extraño a mi familia, a mi hijo. Recién vengo de llamarlos por teléfono”, expresó, con ojos humedecidos. Por su parte, Abdul, proveniente de una familia de nueve hermanos, sostiene que, además de extrañar a sus hermanos y padres, echa de menos a su mascota, un tigre que le regaló su padre hace tres años. “Extraño a Blacki (el tigre), me lo regalaron con cuatro meses y ahora tiene como tres años”, contó con una sonrisa.

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