access_time 09:12
|
2 de noviembre de 2006
|
|

HUMOR

La gula

Les voy a confesar algo: me gustan algunos gulosos

    Les voy a confesar algo: me gustan algunos gulosos. Son gulosos por exceso de gula, los que morfan de una manera casi, diría, desesperada, como si cumplieran aquel precepto: A comer, a comer, que se termina el mundo. Yo sé que la gula es el quinto de los pecados capitales. ¿Qué me gustan de ellos? La manera en que disfrutan de la actividad manducatoria. Los tipos pueden estar tranquilos sentados a la mesa de lastración, conversando de temas obvios, cuando, de pronto, aparece la dueña de casa con una fuente con tallarines con tuco y estofado, entonces se transforman, pasan de ser tipos normales a ser tipos enajenados, fuera de sí, pero hacia el lado de la felicidad.

    Los ojitos se les ponen brillantes, vivaces, fulgurantes, las cejas se le arquean hacia arriba como queriendo agradecer al dios de las cejas, la nariz se les ensancha en cada respiración, porque comienzan a oler y parece que el aroma les pidiera más capacidad a las pituitarias, la boca se les humedece y la lengua repasa los labios como sobándolos para que cumplan dignamente con la tarea que les aguarda. Gozan de lo que tienen en el plato y, cuando agarran los utensilios, lo hacen con la convicción de que hay que cortar y pinchar con certeza, sin perder un solo movimiento, en procura de la satisfacción.

    Hasta llegan a transpirar antes de iniciar la faena. Y cuando dan el primer bocado, cuando mastican el primer bolo, su rostro es el rostro de aquellos ángeles dichosos que pintaba Rubens. Si hasta me quitan el apetito, porque puedo llenarme tan sólo mirándolos llenarse. Tal vez, después, sientan alguna pesadez o ardor estomacal, pero quién les quita lo comido.

TEMAS:

#Humor

MAS NOTICIAS:

SEGUÍ LEYENDO:

Últimas noticias

© 2019 Copyright.