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30 de enero de 2007
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La fuerza de Europa

Ha pasado bastante tiempo desde que el ex La fuerza de Europa presidente de la Comunidad, Jacques Delors, definiera a la Unión Europea como un OPNI (objeto políticamente no identificado).

   Ha pasado bastante tiempo desde que el ex presidente de la Comunidad, Jacques Delors, definiera a la Unión Europea como un OPNI (objeto políticamente no identificado). La reciente incorporación de dos nuevos Estados (Rumania y Bulgaria) ha reforzado esa opinión, acentuando la crisis de identidad en que se encuentra sumida esta unión de 27 países. Sin una norma fundamental que regule el juego institucional, no se podrá avanzar en la integración.

   De allí que Alemania, que ejerce la presidencia durante este semestre, se haya decidido a impulsar la sanción definitiva de un tratado constitucional. Los resultados negativos de sendos referendos que tuvieron lugar en Francia y Holanda en el 2005 pusieron en cuarentena el tratado constitucional preparado por la convención presidida por Valéry Giscard d'Estaing.

   Pero frente a esos “no”, han sido 18 los Estados que lo han ratificado. Convocados por España y Luxemburgo, estos países se acaban de reunir en Madrid. Los 18 países amigos de la constitución han mostrado su disposición a introducir cambios en el tratado para facilitar la aprobación de los dos Estados que lo rechazaron y de los siete que aún no se han pronunciado.

   Pero, a partir de ese acuerdo básico, difieren en los métodos para alcanzar el resultado. Se han ido esbozando dos posiciones sobre el modo de sortear el obstáculo que representa reformular el tratado constitucional. Por un lado, los partidarios de un minitratado. El remedio consistiría en presentar a los electores holandeses y franceses el contenido institucional del tratado (partes I y II) y dejar para más adelante la reelaboración de la farragosa parte III, la que, según algunos críticos,“consagraba con letras escritas sobre mármol el modelo neoliberal”.

   En realidad, la parte III pretendía simplemente refundir en un texto las más de 80.000 páginas de tratados firmados desde la constitución de la Comunidad Europea. De modo que si esa parte III se abandona, permanece vigente el entramado de tratados ya suscriptos y el resultado práctico no varía. Aparece Francia, con Nicolás Sarkozy a la cabeza, liderando esta propuesta.

   La otra postura es la que encabeza España y plantea incluir en el tratado un paquete de nuevas disposiciones, que refuercen la idea de un espacio social europeo. Se incorporarían de este modo regulaciones sobre el cambio climático, sobre políticas sociales, regulación de los flujos migratorios y una mayor coordinación de las políticas económicas nacionales y de seguridad y defensa.

   El secretario español para la UE, Alberto Navarro, ha puesto el dedo en la llaga al plantear la necesidad de aprobar una constitución que sirva para superar la regla que exige la unanimidad,“porque Europa no puede permitirse el lujo de ir al ritmo del más lento”. En este punto reside, tal vez, el verdadero quid de la cuestión.

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