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11 de septiembre de 2019
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Idea

La fórmula finlandesa para salvar a la gente sin techo

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Finlandia reduce la población sin hogar en un 35% otorgando una casa a quien la necesita, sin exigencias. La clave es crear un “sentimiento de pertenencia”.

En Finlandia se utiliza la expresión "the finnish way" (la manera, el estilo finlandés) para definir la forma de tomar decisiones innovadoras ante distintos problemas, que el resto del mundo mira admirado.

Es el caso de Housing First: la forma de sacar a miles de vagabundos de las calles devolviéndoles un poco de dignidad e integrándolos socialmente. “El futuro empieza con un manojo de llaves”, reza el lema de la campaña.

Un politólogo, un obispo, un médico y un sociólogo formaron en 2007 el comité especial gubernamental que tenía como misión sacar de las calles a miles de personas sin hogar. Inspirado en el movimiento estadounidense Pathways Housing First, fundado a principios de los años noventa por el psicólogo Sam Tsemberis, el Gobierno del país nórdico consiguió reducir entre 2008 y 2015 un 35% el número de ciudadanos que se acuestan y se despiertan cada día a la intemperie: 1.345 personas sin techo que encontraron uno.

En Helsinki, según dicen las ONG involucradas en el programa, ya casi no hay vagabundos. Y el objetivo del Gobierno ahora es erradicar la población sin techo en todo el país para 2027, según Bloomberg.

Siguiendo la estela de Tsemberis (que implementó el proyecto en Nueva York, una ciudad especialmente complicada durante las últimas décadas del siglo XX), la clave no está en la reinserción ni en la desintoxicación de drogas o alcohol como condición para acceder a una vivienda. Por lo contrario, se trata de un cuasiliteral “empezar la casa por el tejado”.

Todo comienza con la entrega de llaves, sin condiciones ni prejuicios. Y a partir de ahí, aseguran los impulsores del proyecto, la vida de miles de familias y ciudadanos empieza a mejorar. “Se concibe la casa como el punto de partida y no como punto de llegada en el camino de los sin techo”, explica en un vídeo la ONG involucrada en el proyecto que ya gestiona más de 3.000 apartamentos en 10 ciudades del país.

A diferencia de Estados Unidos y de otra docena de países europeos a los que se ha exportado Housing First, los vagabundos de Finlandia, un país de poco más de cinco millones de habitantes, sí tienen el deber de pagar un alquiler.

Pese a las crisis económicas —de su gigante Nokia primero y del euro después—, el país nórdico cuenta con un robusto Estado de bienestar que el nuevo Gobierno, liderado por el socialista Antti Rinne, quiere preservar y proteger a toda costa. Los beneficiarios pueden pagar la renta del nuevo hogar con parte de la ayuda económica que reciben del Estado por su condición de desempleado, de incapacitado, de viudo, en concepto de ayudas al alquiler, etcétera.

Otro punto que hace único a este programa es que en los complejos de viviendas, integradas en barrios de clase media para evitar los guetos (como ocurre en Dinamarca, por ejemplo), no está prohibido el consumo de alcohol.

Finlandia está eliminando paulatinamente los refugios temporales para personas sin hogar (de 600 que había en Helsinki en 2008, ya solo quedan unos 50, que solo se utilizan en invierno como emergencia, cuando las temperaturas se desploman hasta los 20 grados bajo cero).

“El sistema de refugio temporal no estaba funcionando. Mientras esa gente no tenga una casa permanente, siempre serán considerados sin techo”, subrayó, citado por Politico, Juha Kaakinen, que formó parte del cuarteto de expertos que puso en marcha el proyecto y hoy es consejero delegado de Y-Foundation, la ONG encargada de implementarlo en Finlandia. 

El fundador de Housing First, Sam Tsemberis, añadió que, a diferencia de un departamento compartido o de un refugio donde uno pernocta de manera intermitente, esta iniciativa ofrece “sentimiento de pertenencia” a un lugar, a una comunidad. Un valor intangible que hace al ser humano más humano.

Los impulsores de la idea en Finlandia, que bautizaron su primer informe como Nimi Ovessa (tu nombre en la puerta), están convencidos de que el mero hecho de ver una placa con la identificación de cada inquilino al lado del timbre o en el buzón inyecta fuerza de voluntad para poder empezar a cambiar de vida y de hábitos.

“Este apartamento me ha dado la oportunidad de volver a una vida normal. Puedo planear mi futuro”, afirmó un hombre de 48 años. Una mujer de 59 años añadió que vivir en un apartamento le da “seguridad”.

Aunque, por lo general, el programa fue bien recibido, también ha suscitado críticas. Timo Kauppinen, sociólogo en el Instituto Nacional de Sanidad y Bienestar, explicó por correo electrónico que cuando se planifican nuevos apartamentos de este tipo, algunos vecinos reaccionan con lo que se ha bautizado como NIMBY (el acrónimo en inglés de “no en mi patio trasero”). “Estas casas generan algunos temores de antemano, tal vez más aún si se planifican cerca de escuelas o jardines de infancia. Sin embargo, mi impresión es que en realidad no ha habido grandes problemas en los vecindarios una vez que estas unidades han comenzado a funcionar”, sostuvo Kauppinen.

Los habitantes de las zonas donde se alojan estas casas, normalmente a las afueras de una decena de grandes ciudades como Helsinki, Tampere o Turku; tardan una media de dos años en acostumbrarse a sus nuevos vecinos. Pero lo hacen.

Trabajadores sociales y especialistas en enfermedades mentales, adicciones y demás problemas que aquejan muchos de los antiguos "homeless" se acercan una vez a la semana a estos vecindarios para ofrecerles apoyo y fomentar su integración en la vida de la comunidad, por ejemplo, recogiendo basura o involucrándose en actividades del barrio.

Pese a los 5.482 vagabundos que se estima que aún quedan en las calles de toda Finlandia (un país con una densidad de población muy baja: 17 habitantes por kilómetro cuadrado), según las autoridades, el programa ha cosechado éxito. Mientras en el Reino Unido el número de sin techo ha aumentado un 7% en el último año; en Alemania, un 35% desde 2017, y en Francia, un 50% en la última década, el país nórdico es el único en Europa, según el WEF, en el que el número de personas sin hogar ha disminuido.

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