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14 de noviembre de 2019
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Opinión

La extraña política argentina y su agenda prioritaria

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Argentina parece haberse quedado detenida en el mismo momento en el cual Macri y Fernández se tomaron una foto a muy pocas horas de terminada una jornada electoral de altísimo impacto.

Luego de las elecciones del 27 de octubre, cuando se supo quién sucederá a Mauricio Macri en el poder, Argentina parece haberse quedado detenida en el mismo momento en el cual el presidente que se va y el que vendrá, Alberto Fernández, se tomaron una foto a muy pocas horas de terminada una jornada electoral de altísimo impacto. Aquella imagen de los dos mandatarios se nos presenta lejos y casi borrosa a los argentinos. Una suerte de efecto anestesia o de tensa calma –si se permite la apelación a esa extendida frase hecha– se ha difundido sobre el país como si no sucediese nada de trascendencia o de importancia extraordinaria que merezca ser abordado o tratado institucionalmente.

En realidad, a poco más de quince días de aquellas elecciones y de una foto que sembró las mejores esperanzas para el país y que recorrió el mundo, no se sabe nada de nada; ni siquiera los aspectos mínimos de cómo será la sucesión del mando, la transferencia de la información clave entre una gestión y otra, y el desembarco de un nuevo equipo de gobierno que debe hacerse cargo de inmediato de un país sin moneda, con inflación galopante y una economía en recesión, casi en estado de inanición.

La crisis en Bolivia y Chile han acaparado toda la atención política. En realidad, ese espectáculo, como el protagonizado en la Cámara de Diputados en su sesión especial de ayer para definir una posición formal sobre los acontecimientos que terminaron con Evo Morales fuera del poder, podría estar demostrando que el internarse en esa discusión ideológica que divide las visiones sobre lo que ha ocurrido en ambos países, no sólo en Bolivia, ha servido u operado como una suerte de válvula de escape de esa presión contenida acumulada entre un oficialismo en retirada y una oposición preparándose para gobernar.

Lo cierto es que, a menos de un mes de la asunción de Fernández, cuando se camina casi a ciegas en el limbo de la transición, los argentinos conocemos poco y nada de los programas y planes que se deberán implementar desde el 10 de diciembre en adelante para atacar los principales problemas estructurales del país. O que ya se tendrían que haber puesto en marcha, algunos de ellos, por qué no, como un mecanismo necesario para ganar tiempo. No se conoce en qué andan Rogelio Frigerio representando a Macri, y Santiago Cafiero, Gustavo Béliz, Vilma Ibarra y Wado De Pedro por el lado del presidente electo, los designados por ambos para discutir los asuntos de la transición.

Las indefiniciones sobre quién manejará la economía durante el gobierno de Fernández hacen mella en una sociedad que espera, paciente, que la energía de la política vuelva a estar enfocada en los problemas de Argentina. La industria cayó de nuevo, como también lo hizo el uso de la capacidad instalada de las empresas por debajo de 60 por ciento debido al impacto de aquella profunda devaluación que operó tras las PASO del 11 de agosto. Los aumentos generalizados reaparecen en la despedida de Macri y, algunos de ellos, como el del precio de los combustibles, cuyo congelamiento por tres meses terminó ayer, podría extenderse durante enero del próximo año, ya con Fernández en el poder.

El ritmo y los temas de la política en general ya están moviéndose al ritmo que le imprime el presidente electo. Desde lo que hoy es la oposición, pero el nuevo oficialismo desde el 10 de diciembre, surgió el debate parlamentario en esa sesión especial de Diputados. Está claro que Fernández –al frente del Grupo de Puebla– que reunió el último fin de semana, se ha sentido cómodo y concentrado en los problemas que está teniendo la región con Chile y Bolivia, particularmente, cuando para muchos tendría que estar prestándole atención a lo que se le viene encima.

Ciertos indicios de ansiedad operan en el mundo financiero, además. En las últimas horas, los medios especializados informaban del nerviosismo de los mercados frente a las pocas señales sobre la emisión monetaria, sobre las medidas contra la inflación que podrían llegar a aplicarse y de qué manera el nuevo gobierno buscará reactivar la economía y, particularmente, cómo, de qué manera, se reavivará el consumo masivo como lo ha venido manifestando Fernández. En la misma línea de preocupación aparece la política sobre el cepo cambiario y el déficit fiscal, los grandes temas sobre los que no existe, todavía, un mínimo de precisiones.

Por esos motivos y otros que se suman, la expectativa sobre el país, tanto interna como externa, no ha logrado revertirse, pese a que las elecciones ya definieron a quien se hará cargo del poder. El nuevo gobierno, además, no cuenta con tiempo de sobra para el diseño de un plan general e integral y los problemas de la región han agravado esa visión que no pocos tienen, de preocupación, claro está, sobre los nuevos tiempos por venir.

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