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16 de agosto de 2006
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La difícil misión de conseguir Cascos Azules

La ONU necesita, al menos, 13.000 soldados de diferentes naciones para cumplir con la resolución que detuvo la guerra en Líbano. Pero parece que será complicado llegar a ese objetivo.

    El secretario general de la ONU, Kofi Annan, se encuentra estos días frente su escritorio en la ciudad de Nueva York y espera a que suene el teléfono: necesita urgentemente 13.000 soldados para la ampliación del destacamento de la ONU en el sur de Líbano, la Unifil. Annan hizo una llamada a todos los Estados miembros para que participen en la ampliación de la misión, pero aún no recibió ninguna respuesta positiva. Israel aprobó un alto el fuego, sólo bajo la condición de que los soldados de Naciones Unidas y de Líbano impidan, en el futuro, los ataques con cohetes lanzados desde el sur de Líbano por parte de los islamistas radicales de Hezbolá.

    Desde el principio, hubo muchos escépticos que afirmaron que dicha premisa no se lograría nunca, pues desde su creación en 1978, la Unifil se mostró impotente y sin poder, mientras las fuerzas de lucha libanesas no disponen de más de 3.000 soldados adecuados para cumplir el objetivo. El Consejo de Seguridad de la ONU “contraatacó” con una impresionante cifra: 30.000 soldados asegurarán el sur de Líbano en el futuro, según dispuso en la Resolución 1.701.

    El Gobierno libanés aportará la mitad de esas tropas, como ya había ofrecido, mientras los otros 15.000 soldados formarán parte de Unifil, lo que supone una ampliación en 13.000 unidades de los 2.000 Cascos Azules que actualmente se encuentran en la región. Mientras tanto, desde la oficina de Annan se oyen rumores de que quizá 15.000 sea una cifra un poco alta. Los críticos acusan a Annan de que faltan iniciativas de anuncios para pedir tropas, mientras su portavoz alega que no se puede hacer mucho más que llamar y pedir.

    Algunos gobiernos dudan si aportar soldados, porque no quedó aún claro lo que se exigirá de los militares. Israel pidió que las tropas de la ONU desarmen a Hezbolá, y para ello necesitarían un mandato, según el capítulo VII de la Carta de la ONU. Ese capítulo permite también el establecimiento de “medidas de sanción militares”. Pero el Gobierno libanés, en el que también está representado Hezbolá, hizo depender su aprobación a la resolución de la ONU y al alto el fuego del cumplimiento del capítulo VI de la Carta de la ONU, que señala su actuación “pacífica” en los conflictos.

    La Resolución 1.701 exige el desarme de todos los grupos armados en Líbano, sin nombrar a Hezbolá, algo que otras resoluciones del Consejo de Seguridad ya habían pedido. En la ONU se considera descartado que sus soldados partan con el objetivo de buscar los arsenales de Hezbolá o de desarmar a las milicias por la fuerza. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Philippe Douste-Blazy, dejó claro el sábado que “nadie hablaba de tropas de la ONU con un mandato ofensivo para desarmar a Hezbolá”.

    El desarme debe lograrse por medios “puramente políticos”, añadió. El mayor peligro parece ahora que las negociaciones con los posibles países que aportarán tropas a la misión de la ONU se prolonguen durante semanas o incluso meses. En ese caso, sería sólo una cuestión de tiempo que un nuevo incidente en el sur de Líbano desatara otra vez la violencia y provocara una nueva escalada del conflicto.

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