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28 de marzo de 2007
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Análisis

La crisis del Transantiago pegó fuerte

La presidenta Michelle Bachelet le pidió disculpas a la población por el nuevo sistema de transporte de la capital trasandina, ya que ha sido un caos. Removió a cuatro ministros

    El cese de cuatro ministros y las disculpas públicas de la presidenta Michelle Bachelet no fueron el resultado de la presión política de la oposición, sino, por primera vez en 17 años, el efecto de un tropiezo con la ciudadanía que puso en riesgo el futuro de la coalición que gobierna Chile.

    “No es común que un presidente se pare frente a la población y diga que las cosas no se han hecho bien. Pero eso es exactamente lo que yo quiero decir esta noche en el caso del Transantiago”. Así comenzó, el lunes a la noche, un discurso al país Michelle Bachelet, cuyo gobierno iba de mal en peor en las encuestas desde que el antediluviano sistema de transporte público de Santiago de Chile fue sustituido por otro tan moderno como ineficaz.

    De la noche a la mañana, los seis millones de capitalinos vieron sustituidos viejos autobuses contaminantes –los que peleaban entre ellos por conseguir viajeros– por el Transantiago, un sistema que combina, con una tarjeta magnética, el pasaje en modernos colectivos y en el subte. El diseño inicial del Transantiago, encargado por el hoy ex presidente Ricardo Lagos, sufrió con el nuevo gobierno progresivas reformas, especialmente para abaratarlo y adaptarlo a las exigencias de los empresarios privados a los que se les entregó, hasta quedar reducido a una red de transporte público que olvida a los barrios periféricos más necesitados.

    Además, el subte de Santiago, cuyos recorridos no alcanzan las poblaciones más pobres, se vio sobrepasado. Centenares de miles de santiaguinos tienen, desde entonces, graves problemas para llegar a sus trabajos y para regresar a sus casas. Además, el encargo de coches nuevos se ha visto multiplicado, cuando la idea inicial era reducir el número de vehículos.

    Improvisación, falta de información, desconexión entre el Gobierno y la ciudadanía y oídos sordos a las advertencias de que el sistema no funcionaría tal como se iba a implementar fueron y son las causas de que Santiago de Chile sea hoy un caos de movilización urbana mayor que el que ya era. Políticamente, este tropiezo del gobierno de Bachelet es el primero que enfrenta abiertamente a un gabinete de la Concertación por la Democracia, que gobierna Chile desde que el dictador Augusto Pinochet dejó el poder, en 1990, con el ciudadano de la calle.

    Esto no quita que la oposición haya aprovechado un problema que le entregaron en bandeja de plata: la derecha más radical, la Unión Democrática Independiente, ha acusado de incompetencia a la Concertación, aunque los conservadores moderados de Renovación Nacional se han ofrecido para buscar soluciones consensuadas.

    “Me hago cargo de la responsabilidad gubernamental en las deficiencias en la puesta en marcha del Transantiago, como de los problemas relacionados con su propio diseño.No lo han hecho del todo bien ni el Gobierno ni los empresarios involucrados en el sistema”, admitió Bachelet. Estos últimos, efectivamente, han sido buena parte del problema: El Transantiago se entregó, tras licitación pública, a un número reducido de empresarios pero, curiosamente, el principal de ellos, que domina 40 por ciento de la flota de colectivos, es el que manejaba mayoritariamente el obsoleto sistema antiguo.

    “Los habitantes de Santiago, los más pobres en particular, se merecen una disculpa de todos nosotros. Los ciudadanos han tenido un comportamiento extraordinario. Han tenido mucha paciencia. Han puesto de su parte cuanto han podido. Y si un cambio siempre cuesta asumirlo, hay que reconocer que, en este caso, han debido soportar más dificultades de las tolerables”, admitió Bachelet. Para solucionar el problema no ayuda el hecho de que la capital chilena esté dividida administrativamente en 32 pequeños ayuntamientos. Los partidos que componen la Concertación por la Democracia, una polícroma alianza que abarca desde el socialismo hasta la democracia cristiana, hicieron ver al Gobierno el daño político que suponía este error y los efectos que podría tener en la supervivencia de la coalición.

    Según varios analistas chilenos, esta preocupación fue en gran parte lo que causó la crisis de Gobierno, con el cambio de cuatro ministros y la creación de dos nuevas carteras y los anuncios de Bachelet para mejorar el sistema de transportes. La decisión de Bachelet se produjo pocos días antes de que, el 29 de este mes, se conmemore al Joven Combatiente, una jornada que tradicionalmente se convierte en la catarsis violenta de todas las insatisfacciones populares.

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