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4 de diciembre de 2017
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La caducidad del artículo 18

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Llegó el momento, tal vez, de pensar en suprimir el artículo 18 de la Constitución nacional. Es, más que nada, por una cuestión pragmática. Como está en desuso, para qué dejar esa letra muerta entre las principales garantías que tienen los ciudadanos en este país. En la práctica, es cinismo puro. El principio de inocencia, por ejemplo, quedó relegado a la percepción que cada uno tiene de una historia: que se lo condene por las dudas; será culpable hasta que demuestre lo contrario; por algo está en esa situación. Y si acaso se demuestra tiempo después que no había tenido nada que ver, pues bien, será un daño colateral en la búsqueda de la disciplina social. O peor: aun con pruebas de sobra, los procesos se dilatan hasta el hartazgo si el imputado tiene una mínima influencia en el sistema judicial. Por eso, las causas por corrupción tienen un comienzo vertiginoso pero difícilmente un final. Y, ni hablar de las cárceles sanas y limpias. ¿Para qué? Si el inconsciente colectivo parece decidido a bregar por castigos “ejemplares” en detrimento de la resocialización. 

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