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11 de octubre de 2020
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Columna

La brecha insalvable

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Pasa de todo y no pasa nada.

Esa es la sensación.

Los días siguen igual, sólo que cada vez un poco más abajo.

Las noticias diarias son una cachetada tanto para quienes votaron este ente gaseoso que nos gobierna como para los que jamás lo hubieran hecho.

Pasa de todo y no pasa nada.

Medio país incendiado

Medio país cerrado.

Medio país pobre.

Medio país con hambre.

Medio país usurpando.

Medio país usurpado.

Medio país triste.

Medio país deprimido.

Medio país emigrando.

Medio país enojado.

Medio país sobreviviendo.

Medio país contagiando.

Medio país contagiado.

Un país en la UTI.

Y la UTI a punto de colapsar.

20 ministerios y ninguna flor.

Pasa de todo y no pasa nada.

Todo es brecha y grieta.

Todo es atraso y error.

La ley de alquileres sirvió para que alquilar sea mucho más difícil, complicándole la vida a locadores y locatarios, todos locos.

La ley de teletrabajo trabó el teletrabajo.

La ley de empresas del conocimiento desconoció el conocimiento, complicó a las empresas del futuro con legislación del pasado; las terminará echando.

En estos días el problema es la brecha.

Y acá estamos, discutiendo la brecha.

Todas las semanas los argentinos estamos obligados a aprender palabras nuevas, conceptos nuevos, discutimos cosas que los demás habitantes del mundo desconocen porque viven en normalidad pero a nosotros se nos va la vida en la sobrevivencia.

Un argentino en Alemania comentaba en redes lo difícil que le resultaba explicarle a un alemán el concepto “cepo al dólar”. La primera pregunta del alemán era “¿y para qué compran dólares?”. La segunda era “pero si quieren comprar dólares y no pueden ¿por qué no compran euros?”. Argentina no se explica ni a los propios argentinos, imposible explicarle a un hijo de Angela.

Nos crean problemas, nos crean leyes para superar esos problemas y nos crean la manera de saltar las leyes y ahí nacen nuevos problemas para los que inventan nuevas leyes. En cada paso, por las dudas, meten un impuesto.

La brecha, lo sabemos desde siempre, no es sólo que dólar oficial está en 83 y el blue en 167.

Todo es brecha en el país del parece que.

Todo es oficial y blue.

Y todos sabemos que la verdad es el blue.

El peronismo, ese Dios Jano de la ideología, come todo lo que encuentra, crece y se extiende como un mikimoko dirigencial que promete pero no se compromete; el pan de hoy y el hambre para mañana. El tema es que ahora es hambre de hoy y de mañana. Es cuando salen los húsares del movimiento con la cantinela “esto no es peronismo”. ¿Ah? ¿No? ¿Y qué es? ¿Socialdemocracia alemana? ¿Monarquía británica? ¿Tropicalismo brasileño? ¿Murga uruguaya?

Acéptenlo, señores, esto es peronismo. K, no K, Pejotismo, conservador, de derecha, de izquierda, de la liga de gobernadores o de las manzaneras de Chiche. Es lo mismo. Una bolsa de gatos que, como a los gatos, le gusta meterse en cajas. Cajas de obras sociales, de empresas del Estado, de partidas presupuestarias de toda laya. Después se reproducen mientras se pelean, como decía el General.

Esto es peronismo de repartija de cargos, déficit fiscal, aprietes sindicales, subsidios entre compañeros, prepotencia vulgar y clientelismo con pobres obligados a rendir pleitesía a un grupito de ricachones que suelen tener finales turbios, desde Juancito Duarte hasta Fabián Gutiérrez. Siempre le quedará la excusa al partido de los nietos putativos de Mussolini de “¿Yo señor? No señor, fueron ellos”. Si hasta lograron borrar los asesinatos cometidos entre el ’73 y el ’76 y hacerlos pasar como ocurridos en “la negra noche de la dictadura cívico militar”. Mire usted por dónde nos vinimos a enterar que no es que “la patria es el otro”.

Si las cosas salen mal, el peronismo es el otro.

Nada nuevo para un movimiento que fue al mismo tiempo Triple A y Montoneros, produciendo el gran malentendido de la política argentina, eso que lo hace inexplicable sino se ve como lo que en realidad es: una extraordinaria máquina en busca de poder porque el poder es guita, porque el poder es ambulancias con falopa, sobreprecios para los amigos, buen estómago para los sapos que aseguren que al final, el banquete estará servido. Y por supuesto, una hermosa historia de apoyo en dictadores de toda laya de Stroessner y Franco hasta Maduro y Fidel Castro. Al amigo todo, al enemigo ni justicia.

Entre junio y agosto de este año, según el informe Bachelet, hubo 711 ejecuciones en Venezuela. Si se cuenta desde comienzo de año, los asesinatos llegan a 2.000. Como resultado de las llamadas “operaciones de seguridad“ se comprobó un alto número de muertes de jóvenes en barrios marginados. Están matando a los pibes pobres a mansalva en Venezuela. Son la carne de la revolución más barata del continente de un país que tiene más de 90 % de pobres. Se sabe además que tras ejecutar a las víctimas ya neutralizadas, los cuerpos de seguridad las roban y manipulan la evidencia para presentar los hechos como enfrentamiento. Nada más parecido a lo que ocurrió en la dictadura argentina. Sin embargo don Horacio González, palabra culta del movimiento popular argentino, aseguró: “Tengo una simpatía preocupada por el gobierno venezolano. No me parece que se apliquen los mismos calificativos que a la dictadura que hemos vivido en Argentina”.

La próxima vez que un pibe de Glovo o de Rapi le alcance la pizza, quizás le pueda contar a González por qué está acá pedaleando horas en una ciudad desconocida en vez de quedarse simpáticamente preocupado con su familia, con sus amigos, en su casa, estudiando o trabajando o lo que quisiera hacer en Venezuela si es que pudiera y no hubiera tenido que huir del hambre y la tortura.

Años de brecha entre lo que se dice y lo que ocurre dieron como resultado una cobertura de amianto sobre las almas bellas. Venezuela, creen, pelea contra el monstruo del imperialismo yanqui matando a sus propios hijos, quebrándolos, encerrándolos, torturándolos.

Es la brecha que hay entre un presidente que dice que no hay cuarentena mientras la prorroga cada 15 días, de cuerpo presente o no, según le indiquen las encuestas que él mismo paga con nuestro dinero.

Es la brecha entre un presidente coso SuperAlberto que le pasaba el plumero a Suecia con las cifras del primer mes y el que salió a esconderse detrás de los pantalones de los gobernadores ahora que se descubrió el desastre sanitario en el que metió al país. Claro que si los pantalones son los del Gobernador de Santa Fe estará en problemas después de que un ciudadano le gritó no menos de seis veces “¡Delincuente!” a la cara a Omar Perotti en un acto el martes en Venado Tuerto. Por suerte, el fiscal Iván Raposo le hizo una causa al muchacho que gritaba por una contravención que podría tener hasta 15 días de arresto. No, de las más de 270 muertes que tuvo la provincia este año en casos policiales el fiscal rasposo no dijo nada.

Por eso, no hay que dejarse engañar.

Ya se escucha a sesudos analistas decretando cambios inminentes en el elenco gubernamental, alquimias raras que incluyen al siempre dispuesto Coso Massa al que, casualmente, los mismos analistas sesudos ellos, limpian de culpa y cargo de todos los desaguisados que sufre el maltratado pueblo argentino. Si hasta Cabecita de Sarlo, cabecera de playa del grupete “esto no es peronismo” ya decretó: “Massa forma parte de un justicialismo sensato”. Se olvidó la pensadora cuyo trabajo principal es pensar que en junio del año pasado declaraba: “Fue un error no darme cuenta de que Massa iba a seguir pasando de una vereda a la otra”. O quizas considere sensato, justamente, el salto de vereda. Todo es posible en el terreno de la brecha. No se sabe qué dijo al respecto el ínclito Julio Bárbaro. Nadie soportó su voz más de dos minutos.

El gobierno esquizofrénico de la cuarentena que no es tal, del “vamos viendo” y al final explota, de la culpa es del otro, es inmóvil.
Hubo 200 días de encierro oficial en el interior del país y ahora nos enteramos que el presidente Coso creía que “el virus era un tema de AMBA”.

¿Y si era de AMBA, por qué los chicos de todo el país no tuvieron clase y el padre de Solange no pudo pasar de La Pampa a Córdoba?

¿Por qué creyó el virus no se extendería por todo el país si se extendió por todo el mundo? ¿Por los paredones de tierra que pusieron entre ciudad y ciudad para que no pasara el bicho y que se llevó la vida de una decena de jóvenes humildes en sus motitos de trabajo?

Después de más de 200 días de encierro brutal, con más de un millón de chicos y jóvenes desenganchados quizás para siempre del sistema educativo, con la destrucción del aparato productivo del país y de las fuentes de trabajo, con la instalación del miedo y la demolición afectiva y psicológica de la población, los casos y las muertes no encuentran techo.

¿Solución?

Más reclusión. Casualmente, se decreta un encierro restringiendo la circulación en 18 provincias para el día en que una población agotada planea salir a la calle para gritar ¡Basta!

En el conurbano bonaerense aumentan los linchamientos, la justicia por mano propia, el gatillo fácil, y los secuestros. Mientras tanto, el Rambo de Cabotaje que supimos conseguir, Berni, pone el GPS donde hay una cámara para salir a decir cosas. Es de esperar que se lleve un pantalón para cambiarse, como la noche en que visitó el departamento de Nisman. Por supuesto, está la ministra Sabrina Coso diciendo lo contrario que diga Berni, no vaya a quedar un plato fuera del menú electoral. El asaltante y el asaltado terminan votando al mismo partido.

En el gobierno se detestan y se ponen palos en la rueda todo el tiempo por un quítame allí ese sobreprecio.

La política exterior consigue un logro único: enojar al mismo tiempo al Grupo de Lima y al Foro de San Pablo.

Fernández Coso no le atiende el teléfono a Lacalle Pou, envidioso de los empresarios que se van para Uruguay.

El Canciller Coso Solá dice que todos los argentinos que sabemos que se están yendo del país, no se están yendo.

Medio país se incendia por la mayor sequía en años mientras Télam del Norte, siempre atento a las actividades de la Primera Cosa, líder amada, nos infoma que el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible Juan Coso Cabandié se reunió con Fabiola para coso y se sacaron una foto y la culpa de todo la tienen los sojeros que quieren correr el Cristo Redentor del cerro de cada pueblito cordobés para poner una planta de soja y los que se van a vivir al bosque sin saber prender un fuego para el asado. (No se me ocurrió, lo dijo, lo juro por las cenizas de… bueno, todo es ceniza).

La revista del imperio “Time” destaca a la legisladora más joven del continente a la que, si alguien osa criticar en Argentina, es por misoginia y por el nombre que tenga el odio a la juventud. La brecha entre lo oficial, la frescura imaginable en la legisladora post adolescente, y el blue es enorme. La dirigente es poseedora de una ideología rancia y vieja, sus modales son pre democráticos y su contribución a la construcción democrática argentina es un cúmulo de prejuicios vulgares que ya eran viejos cuando aún no había nacido. Pero no se dice porque queda mal y lo que paga es la demagogia. Eso sí, con pañuelo verde y naranja en stand by hasta que pase el Papa de la encíclica menos interesante de la historia de la iglesia.

Pasa de todo y no pasa nada.

La brecha entre la realidad y el relato es cada vez mayor. Y como dicen los economistas, hasta que no se termine esa brecha, no habrá confianza. El tema es que el relato ya está devaluado.

Pasa de todo ¿será cierto que no pasa nada?

A usted ¿qué le pasa?

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