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4 de noviembre de 2009
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SE CONOCIÓ LA NECROPSIA

La beba lavallina murió por golpes en el cráneo y la Fiscalía Especial tomó el caso

La pequeña de nueve meses también tenía severos traumatismos en el tronco. Forenses afirmaron que no se cayó de la cama, como afirmaron sus padres, quienes todavía están detenidos en Contraventores.

    Presentaba varios golpes en la cabeza y en el tronco, los que provocaron un traumatismo encefalocraneano motivador de un coma profundo que derivó en su muerte. Ese es el veredicto de los profesionales del Cuerpo Médico Forense que realizaron la necropsia de la beba de nueve meses, Carolina Ayelén Videla, quien falleció en Lavalle el 14 de octubre. Sus padres son los únicos sospechosos de abandonar a la niña y dejarla a su suerte, pero esa calificación legal está siendo analizada por la nueva líder del expediente, la fiscal especial Claudia Ríos, quien podría imputarlos por el delito de homicidio agravado por el vínculo. Hasta ayer a la tarde permanecían detenidos en una celda de Contraventores, según confirmó la nueva investigadora.
    Desde que la pequeña dejó de existir, los primeros que estuvieron en la mira de la Justicia fueron sus progenitores. Varios testigos marcaron, sobre todo a Sergio Videla (28), como una persona violenta con sus hijos y también con su mujer, Romina Zalazar (42). Ambos continúan siendo los únicos acusados de dar muerte a su hija a los golpes y su situación se comprometió con el informe enviado por los facultativos forenses, quienes realizaron un estudio más profundo tras el preliminar que no determinó las causas del deceso. Es que ahora está probado que la beba murió a causa de una gran cantidad de golpes que recibió, principalmente en la cara y en las zonas del pecho y el abdomen, desechando de esta manera la versión de sus padres, quienes manifestaron que se había caído de una cama.
    Los médicos fueron contundentes: traumatismo encefalocraneano que le ocasionó un coma profundo, producto de los golpes que recibió. Es más, hasta los mismos estudiosos sostuvieron que las lesiones encontradas en el cadáver nada tienen que ver con la versión del catre. Fue difícil para los profesionales determinar la verdadera causal de muerte, ya que en el informe preliminar no pudieron dejarla al descubierto, lo que derivó en que la anterior fiscal del caso, María Luisa Cannata –se desligó del expediente que cuando ocurrió el hecho no quiso remitir a la Fiscalía Especial (ver aparte)–, tuvo que solicitar un análisis con mayor profundidad para saber el motivo del fallecimiento.
     Para Cannata era fundamental tener esa información para imputar a los padres y trasladarlos a Contraventores, ya que estaban alojados en la Comisaría 17ª. Como el informe demoró en llegar, la fiscal se inclinó por el abandono de persona agravado por el vínculo seguido de muerte –misma imputación con la que cargaban hasta ayer a la tarde– y los dejó alojados en una celda de la seccional de Lavalle hasta la semana pasada, cuando los derivó a los calabozos del subsuelo del Palacio Policial, en Peltier y Belgrano, de Ciudad. Ni bien Cannata recibió la necropsia completa se desligó del expediente y lo remitió a Ríos sin ningún cambio de calificación legal.
EN SU CONTRA. Desde que la beba murió después de ingresar al Hospital Sícoli sin signos vitales, tanto Videla como Zalazar fueron apresados, debido a la gran cantidad de marcas producidas por golpes que tenía el cadáver de su hija. Además hubo otros indicios contundentes, como los testimonios de los allegados a la familia, quienes comprometieron a la pareja que en todo momento repitió que su hija se había caído de la cama. “Él (por Videla) es un vago, un zángano. Nunca hizo nada y no paraba de maltratar a la bebé y a mi hija. El sábado fui a su casa y la niña estaba con un machucón en el pómulo. Le pregunté qué había pasado y el hombre me dijo que se había caído de la cama. Es insólito”, sostuvo a El Sol después de conocido el caso, Elena Rafaela Sparta, abuela de la víctima.
    Por todo esto y por severas contradicciones en las que incurrió la pareja a la hora de declarar, Cannata decidió dejarlos detenidos ese mismo día y dos días después ordenó su traslado al Cuerpo Médico Forense. El objetivo era que les realizaran estudios psíquicos a ambos y para que fueran notificados de la imputación en su contra, que prevé una pena máxima de 21 años de prisión. Igualmente, cambiaría y podrían arriesgar hasta una perpetua, en caso de que el delito que se les endilgue sea homicidio agravado por el vínculo.
INICIO DE LA PESQUISA.Videla y Zalazar se habían mudado hacían cinco meses al distrito Tres de Mayo, en Lavalle, donde ocurrieron los hechos. Vivían en el Campo Papa de Godoy Cruz, pero, por problemas familiares, debieron irse de esa casa que compartían con la abuela materna de Carolina. El miércoles 14 de octubre, minutos después de las 14.30, la beba, quien presentó cierto grado de desnutrición, ingresó sin signos vitales al Sícoli. Allí, la médica de guardia le dio intervención a la Policía al notar que pudo haber muerto producto de golpes propinados por alguien de su círculo íntimo y no por caerse de la cama, como lo aseguraron sus progenitores después de ingresar al centro asistencial.
    Así fue como Cannata comenzó a intervenir en la causa y constató, a través de la declaración de varios testigos, que Zalazar podría haber castigado físicamente a la beba desde hacía algunos meses y que con su mujer serían los responsables de que la nena se encontrara sin vida. Ahora, con la causa en poder de una fiscal especial, se espera que la pesquisa avance con mayor celeridad y es probable que los acusados, quienes ya se abstuvieron de declarar, se enfrenten a una nueva acusación (ver aparte).

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