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20 de febrero de 2020
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Opinión

La batalla por el presupuesto: mismos actores, roles invertidos

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El peronismo, hoy en la oposición, suele recordar a cada instante aquella suerte de calvario que debió enfrentar en el gobierno, por culpa de los radicales, el último jefe de Estado de extracción peronista, Francisco Paco Pérez.

A lo largo de la historia reciente no han sido pocos los enfrentamientos que han protagonizado peronistas y radicales por la discusión y posterior aprobación del presupuesto provincial. Tampoco han sido pocos los años en los que el Gobierno debió reconducir –esto es, extender para el año siguiente– el presupuesto aprobado para el año inmediatamente anterior–como ha sucedido en esta oportunidad–, hasta que, finalmente, la ley de gastos e ingresos más importante de la provincia fuese aprobada por la Legislatura.

El peronismo, hoy en la oposición, suele recordar a cada instante aquella suerte de calvario que debió enfrentar en el gobierno, por culpa de los radicales, el último jefe de Estado de extracción peronista, Francisco Paco Pérez. Aquel gobierno pasó por diversas realidades, políticas y económicas, que lo marcaron para la historia: los coletazos de la crisis global del 2008 y el 2009 que afectaron a todo el país, un claro y sorprendente divorcio con el gobierno nacional de Cristina Fernández de Kirchner, cuando se creía que Pérez, en sus comienzos, recibiría de aquella presidencia los mayores apoyos y bondades a su favor de los que no había registros y, claro está, decisiones y medidas que se tomaron, que nunca lograron estar a la altura de lo que la Provincia necesitaba.

En la discusión actual, el pedido de endeudamiento para financiar obra pública y el roll over fueron los motivos que activaron una fuerte oposición peronista. En los argumentos que se fueron explicitando salió a la luz el recuerdo de lo sucedido con la gobernación de Pérez. El peronismo o, al menos, una parte de él referenciada en el kirchnerismo, nunca dejó de apuntarle al ex gobernador Alfredo Cornejo como el máximo responsable que le impidió a la administración de Pérez contar con las pautas de gastos que había pergeñado, en, al menos, un par de oportunidades.

El peronismo, con parte de razón, culpa a Cornejo –quien durante aquella administración tomó el control del radicalismo en un dominio que se extiende hasta la actualidad–, de haber dejado a la Provincia sin presupuesto durante un buen tiempo y sin la posibilidad de contar con los recursos, vía nueva deuda, que solicitaba Pérez. El enfrentamiento de hoy entre el gobierno de Rodolfo Suarez y el peronismo en torno al presupuesto se ha alimentado, por cierto, de parte de aquella página de la política mendocina.

Los presupuestos de Pérez más discutidos y cuestionados por los radicales en la oposición resultaron ser los elaborados para el 2013 y el 2015. Ya en el 2012, con el Estado con serios problemas financieros, de deudas varias y un déficit creciente, el radicalismo se negaba a aprobar el presupuesto y lanzaba advertencias hacia Pérez, sus funcionarios y sus legisladores.

“Tendrá que reacomodar partidas, aumentar la recaudación, cobrar mejor los impuestos o reducir el gasto. Pero no vamos a permitir que el déficit acumulado siga creciendo”, manifestaba la UCR. El gobierno de Pérez pedía autorización para tomar unos 4 mil millones de pesos que necesitaba para mantener algunas obras de pie y pagarles a los proveedores. Como el radicalismo sostenía que el endeudamiento había sido irresponsable, junto con el gasto que calificaba de desmedido, sólo estaba dispuesto a autorizarle 500 millones; es decir, un poco más del 10 por ciento de los que necesitaba el Ejecutivo.

Los radicales condicionarían el gasto y, por ende, el plan de acción de Pérez en el Gobierno. Algo similar volvería a ocurrir para el presupuesto del 2015, un año marcado por la campaña electoral y un duro enfrentamiento político no sólo en la provincia, como está visto, sino en todo el país. Aquel año, las administraciones de la Provincia y de la Nación cambiarían de mano tras 12 años de gobierno kirchnerista en la Nación y de ocho en Mendoza.

Hacia fines del 2014 se presagiaba la batalla que se libraría y se presumía, como suele ocurrir en años electorales, que el gasto podría descontrolarse. El radicalismo, con fuerza y poder en la Legislatura, asfixiaría a un peronismo en el gobierno que, además, presentaba fisuras y quiebres internos. Y el radicalismo volvía a marcarle la cancha a Pérez. “Es necesario diseñar un presupuesto de recursos y de gastos para el año 2015, sumido en la austeridad, haciendo prevalecer los gastos por servicios y bienes esenciales para el normal funcionamiento del Estado provincial por sobre cualquier otro gasto innecesario. Tanto respecto del gasto de los ministerios, direcciones, administraciones, secretarías, registros, áreas departamentales y cualquier otro estamento de la órbita de la administración pública provincial. Los recursos percibidos deberán cubrir los gastos, sin solicitudes de autorización de deuda de ningún tipo. Por lo tanto, en cada sector tendrán que eliminarse los gastos suntuosos y realizar economías austeras, logrando que en su conjunto el presupuesto del 2015 sea equilibrado”, dejaron plasmados los radicales en un extenso documento en donde adelantaban su posición contraria al presupuesto para lo que sería el último año del peronismo en el poder provincial.

Con razón o sin ella, el peronismo actual ha recordado aquellas actuaciones del radicalismo en las discusiones que han rodeado a lo que será el primer presupuesto del gobernador Suarez. En aquella intransigencia radical se ha recostado, buscando hacerle morder el polvo a quien hoy gobierna. Y es cierto que pueden existir algunas coincidencias con aquel momento en los cuestionamientos que han hecho hoy los peronistas. Pero, también es cierto que las circunstancias son diferentes en gran medida, que hoy tenemos un gobierno que encara su primer año de gestión y que se merece, como cualquier otro, jugar con las cartas que dice necesitar, mientras que la oposición –hoy, el peronismo– necesita imperiosamente volver a conectar con la realidad de Mendoza, con su sociedad e interpretar las señales del momento. Bajo esas premisas puede que vuelva a convertirse en una alternativa seria, cierta y creíble. Se lo necesita competitivo y con las mejores ideas.

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