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16 de mayo de 2017
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Editorial

Justicia en todas sus formas

Más allá de la justicia divina, se necesita que el caso Próvolo tenga responsables terrenales. Que los tribunales ordinarios y los eclesiásticos investiguen a fondo lo que ocurrió en el instituto de niños sordos y que se expidan seriamente es una obligación profesional, ética y moral para echar blanco sobre negro en uno de los casos de abusos sexuales más conmocionantes de las últimas décadas en el mundo.

El hermetismo que venía reinando en la causa, en especial por parte de la Iglesia, debe quedar atrás, por lo que es necesario que se abran todas las puertas, para llegar a la verdad y dar respuestas a los damnificados, sin privilegios de ningún tipo.

No hay tiempos ni plazos por fuera de la ley que esperar, sobre todo, para no revictimizar a los afectados. 
Sólo hace falta convicción y compromiso para tomar medidas de fondo, ejemplificadoras, que sirvan para poner freno a uno de los delitos que más huellas dejan en los más vulnerables.

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