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18 de abril de 2007
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TRAGEDIA EN EEUU

Joven surcoreano, autor de la masacre

Las autoridades de la Universidad Politécnica de Virginia informaron que el estudiante Seung Hui, de 23 años, fue quien mató a las 32 personas

WASHINGTON (EFE). Cho Seung-Hui, el estudiante surcoreano de 23 años que según la policía cometió la mayor masacre estudiantil de la historia de EEUU, era una persona solitaria, un rasgo común entre los asesinos en masa, en opinión de los expertos. “Era solitario”, señaló ayer Larry Hincker, uno de los vicepresidentes de la Universidad Politécnica de Virginia, en la que el lunes murieron 33 personas, incluido el propio Cho, quien –según las autoridades– se suicidó tras perpetrar la matanza. Cho cursaba el último año de Filología Inglesa.

    Una de sus profesoras recordó ayer a la prensa el tono perturbador de algunos de sus ejercicios literarios, hasta el punto de que sus instructores le aconsejaron recibir ayuda psicológica. Además de eso, es poco lo que se sabe del estudiante por el momento, quien llegó a Estados Unidos con su familia en 1992, cuando tenía ocho años. El joven mantenía su nacionalidad original y tenía la tarjeta verde, un documento que permite trabajar legalmente en Estados Unidos por un período indefinido. Su familia vive en Centreville, un barrio acomodado del estado de Virginia a unas cuatro horas de distancia de la Universidad Politécnica, en una de cuyas residencias estudiantiles se hospedaba el joven que protagonizó la matanza, informó ayer la prensa local. Los vecinos también lo describieron como un alma solitaria.

    “Era muy callado, estaba siempre solo”, sostuvo Abdul Shash, un residente de Centreville, en declaraciones publicadas ayer por el periódico The Roanoke Times. Según Shash, a Cho le gustaba jugar al básquetbol y no respondía cuando alguien lo saludaba. Ese carácter poco social se observa en la mayoría de lo asesinos en masa, explicó a Efe Kenna Quinet, profesora de Derecho Penal en Indiana Purdue University, Indianapolis. Las estadísticas apuntan, en ese sentido, que 95 por ciento de los asesinos en masa es de sexo masculino, tiende a ser un individuo solitario que se siente alienado y que, pese a su apariencia normal, siente un gran resentimiento.

    Quinet señaló que generalmente son personas que han experimentado algún tipo de pérdida en una o más áreas, ya sea un fracaso escolar, laboral o amoroso, y no tienen capacidad para hacer frente a las decepciones. Tienden, además, a contarle a alguien sus planes justo antes de cometer el acto. La experta indicó que una matanza como la registrada este lunes es muy distinta a las que cometen los asesinos en serie. “Los asesinos en masa son técnicamente suicidas, a diferencia de los homicidas en serie, quienes suelen tener motivos sexuales y operan durante períodos más largos de tiempo”, precisó Quinet.

    Susan Lewis, una psiquiatra experta en criminología del Hospital Tufts New England (Boston) también explicó que, pese a que se han identificado algunos rasgos, es muy difícil predecir la violencia. Según la experta, el mejor indicativo es que la persona haya participado en otro acto violento en el pasado. Lewis comentó que el joven surcoreano pudo haber sufrido lo que ella describe como una herida narcisista devastadora, como resultado de una decepción amorosa –una de las hipótesis que se baraja en este caso– o algún otro fracaso.

    Las personas que padecen lo que la psiquiatra caracterizó como narcisismo patológico tienen sentimientos de humillación y vergüenza y sienten un odio primitivo al percibir que su identidad ha sido violada. Lewis reconoció, de todos modos, que ese tipo de individuos sigue siendo, en gran medida, un misterio. “Ojalá pudiéramos entender más sobre el fenómeno”, apuntó.

LATINOS MUERTOS. Al menos dos latinoamericanos, un puertorriqueño y un peruano, se encuentran entre las 33 personas que fallecieron el lunes en la Universidad de Virginia, en la que se registró la peor matanza estudiantil de la historia de EEUU. Según se ha podido saber por sus respectivas familias, entre las víctimas de la matanza, presuntamente perpetrada por el surcoreano Cho Seung-Hui, están Juan Ramón Ortiz, de 26 años y natural de Bayamón (Puerto Rico), y el peruano Daniel Pérez Cueva, de 21.

    Para Ortiz este era su primer año en la universidad, a la que acudió a realizar una maestría en compañía de su mujer, Liselle Vega, quien también estudiaba allí y, visiblemente afectada por la tragedia, dio ayer las gracias, a través de internet, a todos los que le han hecho llegar sus condolencias. Sus familiares en la isla caribeña han asegurado que, aunque no tienen muchos datos sobre lo ocurrido, Juan era un hombre “completamente sano, sin vicios y, como buen boricua, con una gran afición a tocar los bongós”.

    Esta es la misma sensación expresada por Betty Cueva, la madre de Daniel Pérez Cueva, el estudiante peruano de Relaciones Internacionales que está entre las 32 personas abatidas. Betty Cueva, quien residía con su hijo en Virginia, asegura que quiere seguir pensando que su hijo va a volver a casa. “Está en la universidad y va a volver a casa”, expresó Betty.

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