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8 de mayo de 2007
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HISTORIA DE VIDA

Joven sanrafaelina recibió un órgano de Laura

Yésica Lorena Ponce (20) comenzó hace pocos días una nueva vida. Le fue trasplantado un riñón que tanto necesitaba para mejorar su calidad de vida

    Yésica Lorena Ponce (20) comenzó hace pocos días una nueva vida. Le fue trasplantado un riñón que tanto necesitaba para mejorar su calidad de vida. En la tranquilidad de su hogar, en las afueras de la ciudad cabecera del departamento de San Rafael, y acompañada por sus padres, Roberto Ponce y Marta Griselda Bello, cumple por estos días su rehabilitación y tratará, en poco tiempo, de llevar una vida lo más normal posible. Ese riñón que Yésica recibió pertenece a la mujer que fue víctima de uno de los hechos más terribles sucedidos en la provincia en lo que va del año.

    Laura Abonassar, la mujer asesinada en Godoy Cruz hace tres semanas en un intento de robo, se convirtió así, tras su muerte, en donante para esta sanrafaelina. “Tenía una insuficiencia renal crónica que me descubrieron a los 11 años”, afirmó Yésica a El Sol. “Estuve con tratamiento hasta los 16, cuando comencé con diálisis, la que me hacía día por medio durante cuatro horas”, comentó. “A partir de los 16 estuve inscripta en el Incaimen, en lista de espera, y en los últimos tiempos era primera”, sostuvo Yésica. Uno de sus posibles donantes fue su hermano Roberto, pero el trasplante no pudo realizarse por diferentes impedimentos.

EL TRANSPLANTE. El martes 17 de abril a las 17, Yésica y su familia recibieron una noticia que les cambió la vida. Los Ponce fueron contactados por los médicos sobre la posibilidad de un trasplante tras lo sucedido con Laura Abonassar, pues sus familiares habían dispuesto la donación de los órganos. “Me hicieron un electrocardiograma y dependía de su resultado para ir a Mendoza. Salió bien”, relató la paciente.Así fue Yésica al Hospital Español y, en la mañana del día siguiente, estaba entrando al quirófano. “Estuve diez días internada y luego me dieron el alta”, comentó, feliz por la rapidez de su recuperación. Ahora, debe continuar un tratamiento viajando periódicamente Mendoza. La mejoría en su calidad de vida incluye también a una dieta casi normal en cuanto a comidas y bebidas.

SU HISTORIA. Para Yésica fueron nueve años difíciles en los que no pudo concurrir a una escuela para hacer su secundario. Sin embargo, siempre recuerda con afecto a los médicos que la ayudaron: “Cuando comencé con el tratamiento, me vio la doctora Loyiúdice. Después, acá en San Rafael, el doctor Aldo Lafalla”. “Hice todo el secundario en escuela domiciliaria y este año empecé a estudiar la Tecnicatura de Laboratorio en la Cruz Roja, pero voy a dejar y seguiré el año que viene”, enfatizó. La primaria pudo completarla en la escuela Juan Palma, en el distrito Las Paredes, y, al concluir la secundaria, se graduó de bachiller.

AGRADECIMIENTO. Yésica aprovechó la ocasión para agradecer a los doctores Lafalla y Zárate, a las enfermeras del Hospital Schestakow y también a los del Hospital Español de Mendoza y a su servicio de trasplantes. “Se portaron muy bien con nosotros”, afirmó en alusión a ella y su familia. “De San Rafael, agradezco a las familias de Alejandro Cabral, a los Guzmán, Rosales, Araya y a todos los vecinos de El Chañaral”, la calle donde vive.

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