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10 de abril de 2020
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Inconvenientes

Japón no puede sancionar a los que rompan la cuarentena

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Ya que por ley sólo se puede recomendar a sus ciudadanos que se confinen, algunos creen que no será suficiente.

Japón está en estado de alerta sanitaria contra el coronavirus. La medida la anunció el martes el primer ministro, Abe Shinzo, que espera reducir así el contacto entre personas “entre un 70% y un 80%” para frenar los contagios. Para lograrlo, anunció un paquete de rescate “sin precedentes” equivalente a un 20% de su PIB.

Sin embargo, la declaración de Abe no implica un freno a la actividad cotidiana como ocurrió en otros países. En primer lugar, la medida sólo afectará durante un mes –al menos inicialmente– a siete de las 47 prefecturas del país, incluidas Tokio y Osaka, lo que representa un 45% de sus 126 millones de habitantes.

En esos territorios, las autoridades podrán pedir el cierre de colegios y de otros establecimientos que no sean imprescindibles y que atraigan multitudes, como cines, karaokes o centros comerciales. También podrán requisar terrenos o instalaciones para destinarlos a uso médico, ordenar a los fabricantes de medicinas y alimentos que vendan sus productos al Estado (si se negaran, podrían incautarlos) y decretar el transporte de emergencia de bienes prioritarios.

En segundo lugar, el texto legal aplicado –fruto de una ley previa que el Ejecutivo de Abe reformó tras el estallido de la Covid-19– tan sólo autoriza a los gobernadores de las prefecturas afectadas a exigir a sus residentes que eviten ir a trabajar y se queden en casa todo lo posible, pero sin darles instrumentos legales para castigar o multar a los que se nieguen a obedecer.

En la práctica, eso se traduce en que su aplicación se basa sobre todo en la voluntad popular y la presión ciudadana. “El Estado japonés está profundamente arraigado en la sociedad y tiene un tremendo poder para moldear los comportamientos a través de la persuasión moral de la que carecen los estados occidentales”, justificó a la agencia Reuters Koichi Nakano, profesor de política japonesa de la Universidad Sofía de Tokio.

Sin embargo, las imágenes que el jueves llegaban del país hacen pensar que está funcionando a medias. En algunas áreas metropolitanas se observaba bastante menos gente que otros días, y una gran parte de los comercios –a excepción de supermercados, farmacias y los encargados de proveer servicios esenciales– amanecieron con la persiana bajada.

Esa inusual calma contrastaba con las escenas de otros distritos capitalinos como el de Shibuya o las inmediaciones de la estación Kachidochi, donde en la hora punta se veía a miles de personas, en su mayoría con mascarilla, acudiendo a trabajar como si se tratase de un día normal y corriente.

Fuente: La Vanguardia

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