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27 de julio de 2007
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PREDIO DE LA VIRGEN EN GUAYMALLÉN

Indignación por el crimen del cadete

Carlos Passetti fue asesinado tras resistirse a un asalto. Dolor de los vecinos

           Carlitos, aquel cadete que durante más de veinte años se ganó un lugar en el corazón y en los hogares de gran parte de los vecinos de Villa Nueva, fue brutal y cobardemente asesinado de un escopetazo en la espalda en un intento de asalto. El trágico episodio tuvo lugar el miércoles a la noche y conmocionó a todo el vecindario, cuyos miembros conocían y querían a la víctima como si fuese un hijo y destacaron que era un excelente chico y que vivía para trabajar.


            Durante la mañana de ayer, a raíz de una serie de allanamientos realizados por efectivos de la Comisaría 9ª y de la oficina fiscal que allí funciona, un sujeto fue detenido y, pese a que hasta ayer continuaban las investigaciones, estaría fuertemente vinculado con el homicidio del cadete. En tanto, durante gran parte de la mañana –y hasta pasado el mediodía–, vecinos autoconvocados de Villa Nueva se congregaron en la puerta de la dependencia judicial exigiendo justicia por el asesinato del hombre y mayor presencia policial (ver aparte).


EL HECHO.


         Carlitos –o El Carli, como también lo llamaban los vecinos que diariamente le hacían encargos– era Carlos Passetti, un hombre de 29 años, quien trabajaba como cadete de la farmacia Murialdo desde hacía alrededor de veinte años, de la sucursal de Primo Pizza de ese distrito guaymallino y también como canillita. Y así, trabajando, fue como murió. Cerca de las 23.50 del miércoles, Passetti acababa de entregar una pizza en una casa ubicada cerca de la esquina de Murialdo y Pedro del Castillo.


         En el momento en que se marchaba, un auto se le puso a la par y dos hombres quisieron despojarlo de sus pertenencias: el dinero de la pizza que acababa de entregar y la moto. Aparentemente, según informaron fuentes policiales, Carlitos se resistió al asalto e intentó escapar desesperadamente. No había avanzado ni siquiera cuatro metros cuando el proyectil de una escopeta recortada se le incrustó en la espalda.


           Con sus últimas fuerzas y malherido, Passetti caminó unos pasos y tocó el timbre de la casa ubicada en Murialdo 844, donde vive una prima de su padre. Del domicilio salió Gustavo, yerno de su tía segunda, en cuyos brazos murió El Carli. Ni el llamado al 911 ni el inmediato arribo de la ambulancia alcanzaron. Los paramédicos que llegaron al domicilio no tuvieron más que constatar el deceso de la víctima.


CONMOCIÓN.


         Ni bien tomaron conocimiento del fallecimiento, los vecinos del lugar fueron invadidos por un profundo dolor, mezclado con un sentimiento de impotencia. “Era una excelentísima persona, querida por todo el barrio y que nunca se metió con nadie. Vivía para trabajar, era cadete desde hacía veinte años de la farmacia y todos aquí lo conocíamos y lo queríamos como a un hijo más”, explicó María Úbeda (64), tía lejana del joven y dueña de la casa donde Carlitos murió. Nadie en el vecindario fue ajeno al dolor por tamaña pérdida.


         “Hasta hace un rato (por ayer a la mañana), los vecinos se acercaban al domicilio y, al enterarse de lo que había sucedido, se largaban a llorar. No podían creer que Carlos, El Carli, a quien ellos conocían, hubiera sido asesinado”, indicó otra de las vecinas, Esther Lisanti (64), a quien el cadete le entregaba regularmente sus remedios.


            Es que Carlos Passetti –según lo describieron los vecinos– era un hombre introvertido,muy tranquilo y trabajador, cuyo único anhelo era trabajar para tener su dinero y gastarlo en las cosas que le gustaban, como cuando se compró una moto nueva unos meses atrás y, orgulloso, la lucía ante sus clientes. Si bien los vecinos indicaron que tenía un leve retraso en su desarrollo, no era precisamente una persona tonta o lenta.


            Todo lo contrario. Vivía solo, ya que sus padres murieron hace años, a dos cuadras del lugar donde fue ejecutado, y el único familiar directo que tenía es un hermano que vive en Estados Unidos, a quien le comunicaron esa misma noche la terrible novedad y llegará hoy a la provincia para el velorio de su hermano.


UN DETENIDO.


        El mismo miércoles a la noche, la Oficina Fiscal Nº9 comenzó a trabajar en la investigación del episodio. A raíz de los datos y las pruebas recopiladas, se dispuso una serie de allanamientos en algunos barrios aledaños y fue en uno de ellos donde un sujeto –cuya identidad no trascendió– fue detenido.


        Junto a él encontraron algunas vestimentas manchadas con sangre y municiones, aunque aún no se había podido establecer si coincidían con las del arma utilizada por los asesinos del cadete. Hasta ayer, el detenido permanecía en un calabozo de la Oficina Fiscal Nº9.

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