Las renuncias se dan todos los días.Uno renuncia a una carrera, a un amor, a un matrimonio, al laburo, a una obra social, a un club, a algún amigo que nos hizo una falluteada. Y el mundo sigue igual, inventando problemas financieros.

    Pero cuando la renuncia es política, aparece en la portada de los diarios, se hace trascendente, se comenta.Y más si el renunciante es un ministro. Un ministro es como un gobernador más chiquitito, aunque más chiquitito que nuestro gobernador es difícil de encontrar. Ahora, cuando ese ministro es un ministro de Gobierno, epa, epa, epa… El ministro de Gobierno es como el más ministro de todos, algo así como un ministrerón, no un minestrón, que esa es una sopa, sino un ministrerón.

    Y el asunto se agrava, la renuncia es más llamativa cuando ese ministrerón es nada más y nada menos que el presidente del Partido Justicialista. ¿Qué pasó, loco? Algunos dicen que Marchena, que es el renunciante aludido, se sintió desplazado como cereza del helado en las últimas determinaciones de su jefe. Inclusive, que no participó de una famosa comida que Kelso Kake hizo con algunos de los intendentes. Otros dicen que no se lo bancaba más a Cazabán, Casas van, Casas vienen, igualito a mi Santiago.

    Cazabán es como el hombre fuerte de este gobierno y, al parecer, no todos comparten su forma de ver y de pensar el gobierno. A algunos les provoca escozor y a otros alergia. Cualquiera sea la explicación, el hecho de la renuncia se agrava porque, al parecer, Marchena siempre fue un buen amigo de Jaque y le plantó una renuncia indeclinable a poco de haber iniciado su tarea.

    ¿Es que el justicialismo no está de acuerdo con lo que está haciendo el justicialismo? Cosas veredes, Sancho. Las renuncias se producen en muchos campos, uno renuncia a hacer un viaje, renuncia a un ofrecimiento de trabajo, renuncia a ponerse traje y corbata, y el mundo sigue andando, inventando problemas financieros, pero hay algunas renuncias que no pasan desapercibidas. Renunció Marchena al Gobierno. Todo hace pensar que no renunció porque estaba de acuerdo. En fin, Marchena marchose, clara señal de que no todo marcha.