El arbolito, por ejemplo: un pino. Veamos a Papá Noel (o Santa Clauss). El gordito simpaticón que viste ropa abrigada, pieles y gorro invernal. En definitiva, un invento de un buen dibujante de la Coca Cola. Si Papa Noel fuera de nuestras tradiciones, vestiría de chiripá, poncho y chambergo, y poncho y chambergo de verano. Y no viajaría en tracción a reno. En todo Argentina no hay un reno ni embalsamado. El pan dulce es un mazacote lleno de güevaditas extrañas como las frutas abrillantadas, que son las que todo el mundo saca para comer solamente el mazacote.

     La fruta abrillantada parece el teatro griego Frank Romero Day, se usa una vez al año para una fiesta y chau. Yo no he escuchado a argentino alguno preocuparse, allá por abril, julio o agosto, por conseguir fruta abrillantada. ¿El pan dulce es una tradición argentina? ¿Es una tradición de palestina? Ni lo uno ni lo otro, es otra de las importadeces que supimos conseguir. Sigamos. Sigamos: las garrapiñadas. No son tradición nuestra. Acá, en vez de garrapiñadas, nos garramos a las piñas de vez en cuando.

     No es lo mismo el otoño en Mendoza. Podríamos seguir, pero ya es suficiente como ejemplo. En fin, no hay duda de que la fiesta que se acerca es una fiesta tradicional, tal vez porque nosotros, simplemente, hemos hecho tradicionalmente nuestras las tradiciones extranjeras.