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16 de octubre de 2009
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EL PRIMER VOLUNTARIO

?He tomado la decisión de aplicarme la castración química?

El Sol habló con un preso condenado por violación. Está en la cárcel de Boulogne Sur Mer y pide el tratamiento sin nada a cambio. Sólo quiere ?vivir tranquilo?.

“Yo quiero salir sano de la Penitenciaría, sin ninguna enfermedad, y soy consciente de que esta lo es”, es el fundamento que plantea Juan (nombre ficticio), un preso que está en la mitad de una condena de 10 años por violación. Juan tiene 66 años y es el primer condenado por violación dispuesto a realizarse la castración química propuesta por el gobernador Celso Jaque, que, pese a ser tomada por especialistas en Derecho como una alternativa poco probable, ya cuenta con algunos voluntarios.


     El ministro de Gobierno, Mario Adaro, informó que existen presos dispuestos a ser castrados químicamente, luego de la primera reunión del Comité de Expertos para la Prevención de la Reincidencia en Delitos de Índole Sexual, en la cual, además, Jaque desmintió la posibilidad de disminuirles las penas a los violadores que deseen la castración química.


 EL VOLUNTARIO. Hace cinco años que Juan fue acusado de violación y la Justicia lo condenó a diez años de cárcel. “Yo soy viudo, tengo 66 años. Quiero curarme para, cuando salga, poder disfrutar con mi familia los últimos años que me quedan. Quiero vivir tranquilo”, expresó el preso, quien ya cumplió la mitad de su condena y pidió que, por su seguridad, no se revelara su nombre ni detalles del caso por el que fue condenado. Pero sí estuvo de acuerdo en expresar su opinión sobre la castración química, de la cual quiere ser voluntario. “He tomado la decisión personal de aplicarme la castración química”, manifestó Juan, y prosiguió: “Le he pedido una audiencia a la jueza de mi causa para contarle mi determinación”.


 EL HOMBRE DEL BOSQUE. Juan aseguró que la razón de su decisión surge porque comprende que “el violador sufre una enfermedad incurable”. “He hablado con especialistas, con psicólogos, y ellos me afirmaron que la enfermedad no tiene cura”, dijo el preso, quien aseguró sentirse muy identificado con el personaje de la película norteamericana El hombre del bosque. El filme, ganador de varios premios internacionales, refleja la historia de un pedófilo que, luego de cumplir su condena en la cárcel, debe enfrentarse con la sociedad que lo margina y luchar contra sus deseos para no reincidir.


    Así, el prisionero explicó: “Cuando vi esa película comprendí que esta enfermedad siempre va a estar. Por ello me parece que hay que ayudar a quienes tengan el mismo problema, para que no sean reincidentes”. Sin embargo, Juan no está de acuerdo con que el castigo se haga obligatorio para todos, ya que él afirma que sólo debe darse en casos específicos y siempre que el preso lo acepte. “No creo que deba aplicarse en general, sino en casos particulares, como el mío”, comentó. Juan afirma ser una persona sumamente creyente, que leyó toda la Biblia y observó que el tema de la castración viene desde hace mucho tiempo.


     La Biblia hace referencia al eunuco como el hombre que era castrado para que no constituyese un “peligro” para la sociedad, según explicó que leyó en San Mateo 19:12. “En la Biblia, a la persona que se la castraba no se le quitaba el deseo sexual, la libido, por lo que buscaban saciar su deseo de otra forma. Pero, esto es diferente, porque sí lo quita”, expresó Juan. La castración química se realiza con una droga inhibidora de la libido, que la bloquea, aunque no de modo irreversible. De esta manera, Juan dijo que todas las enfermedades poseen remedios o tratamientos químicos, menos esta de depravación sexual, por ello, él aprueba el uso de esta sustancia como medicamento. Cuando se castra quirúrgicamente, la desviación sigue existiendo, mientras que el método de la castración química ataca directamente a la fuente: la libido.

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