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5 de septiembre de 2006
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TELEVISIÓN

?Hacer de malo me fascina?

Oscar Ferreiro, el actor que, con su aires de maldad, conquistó a la audiencia local.

    El éxito que ha generado en los televidentes la novela Montecristo, que se emite por Telefé y, en Mendoza, por la pantalla de Canal 9 Televida, ha marcado un fenómeno sin precedentes en la televisión nacional actual. Muchos son los factores de este fenómeno: una historia fantástica y digna de elogiar; actores de primer nivel, como Pablo Echarri, Paola Krum y Joaquín Furriel, entre otros, y además la participación estelar de Oscar Ferreiro, un malo que sabe a venganza.

EL MÁS MALO DE TODOS. Ferreiro tiene historia en esto de encarnar a personajes malvados. Sus trabajos más visibles lo demuestran. A fines de los 90 fue Luciano Salerno en la novela Ricos y famosos, un político-empresario mafioso que evocaba a Alberto Yabrán (con suicidio y todo) y a todos los tipos malos menemistas. Durante el 2005 fue Lebonian, un canalla del Servicio de Inteligencia del que intentaban sobrevivir Diego Peretti y Luis Luque en la película Tiempo de valientes. Ahora, llegó el momento de Alberto Lombardo: un empresario que oculta un pasado como médico durante la dictadura y una relación con la apropiación de bebés.

    “El libro propone la vida íntima de este tipo, que también quiere personas. No es un malo de telenovela que hace sólo maldades. Esto es ejemplificar lo más claramente posible qué es un malo”, explicó Ferreiro en una entrevista con la prensa. Pero cuando describe a su personaje, no evita esa musicalidad tanguera-sensualamenazante que caracteriza su manera de hablar, acentuando algunas sílabas, dosificando las palabras con gesto sobrador cuando sabe que está diciendo algo polémico y regulando el volumen y los silencios de su monólogo con habilidad radiofónica. Al definir a su personaje, Oscar manifestó: “Lombardo es un hombre de negocios. Eficaz... muy buen tipo, que quiere a sus hijos, es muy leal con sus amigos, no traiciona nunca a nadie.

    Así es Lombardo”. Una sola escena alcanza para ver algunos de los tics del indiscutible villano de Montecristo, Alberto Lombardo, que son muchos: mirar de reojo las uñas de su mano entrecerrada, frotarse la frente con un solo dedo y enseguida inspeccionarlo con las mirada, y morderse el puño. Esos son los que habitualmente se repiten en cada una de sus escenas. En algunas declaraciones, Ferreiro comentó que “Montecristo y su entramado con los años ‘70 lo enfrentan a una revisión personal de la época”.

    A comienzos de esa década, Ferreiro fue uno de los protagonistas de Operación Masacre. Aunque una película como esa esté ubicada en las antípodas de un melodrama masivo de televisión, Ferreiro contó que “al personaje de Lombardo también le toca algo de la reelaboración de los años de plomo que él mismo elaboró durante todos estos años. Sin dudas, su figura ya se ha transformado en la más odiada y amada por los espectadores.

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