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23 de julio de 2007
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EN RODEO DEL MEDIO

Hablan de un pacto para que menores de edad roben con armas de fuego

Vecinos del barrio 25 de Mayo, donde ejecutaron al propietario de un cíber, señalan que padres y personas mayores mandan a los más chicos a matar, teniendo en cuenta que serán liberados

           El ritual de despedida se estaba gestando. Eran las 12.15 cuando El Sol llegó hasta la humilde vivienda de Mario Flores, el hombre ejecutado a balazos por al menos dos delincuentes que el jueves ingresaron al cíber que atendía con la intención de robarle. Mientras los familiares preparaban comidas típicas bolivianas que los unirían para dar el adiós al alma de Mario, vecinos del hombre de 40 años aseguraban que el delito cometido por menores “está pactado”.


           Es que, según relataron al recordar el hecho, en esa zona de Rodeo de la Cruz, los padres o mayores allegados a los delincuentes se quedan en las esquinas y los más chicos van a robar con armas, teniendo en cuenta la inimputabilidad judicial de sus actos. Pero, además, según relataron los vecinos, muchos de los mayores cuentan con frondosos prontuarios judiciales, lo que los hace caminar al borde del abismo y por eso deciden que los delitos con arma sean perpetrados por los más chicos.


RECLAMO DESESPERADO.


          Paulo Estrada, cuñado de la víctima, sostuvo que miles de delincuentes conviven con la gente trabajadora en el mismo barrio. Es que sólo a unas cuadras se ubica el Persa de Rodeo, una zona que los vecinos señalan como liberada por la policía. Incluso, según sostienen, la comisaría más próxima no tiene móviles, por lo que no acuden ante el llamado telefónico de la gente.


            Además, cada vez que tienen que denunciar un delito deben trasladarse a la oficina fiscal Nº10 de Maipú, a unos diez kilómetros del barrio. “Estamos en sus manos”, exclamó Mario Argota, otro de los vecinos que se acercó a saludar a la familia de Flores. De alguna forma,Mario pretendió ilustrar la sensación de desprotección que embarga a la gente trabajadora que habita esas humildes viviendas.


DESCONFIANZA.


         Celeste, la esposa de Mario, desconfía de que sólo fueran dos los delincuentes que mataron a su marido y se quejó porque desde el jueves –cuando ocurrió la tragedia–, ni la policía ni el juez a cargo de la causa se acercaron a su vivienda para darle algún tipo de explicaciones. Tampoco solicitaron su versión de los hechos. La joven mujer sólo sabe que hay dos detenidos por la causa, quienes forman parte de una familia de nueve hermanos que vive cerca de su casa.


 LA TRAGEDIA.


          Flores fue ultimado de dos balazos por al menos dos delincuentes, quienes ese día ingresaron al cíber con la intención de cometer un robo. De acuerdo con lo que ha podido reconstruir la policía, Flores se trenzó en una dura pelea con uno de los menores al que, incluso, llegó a quitarle el arma cuando ya estaba malherido. Vecinos del barrio lo vieron salir a Flores todo ensangrentado, ya que le habían disparado en dos oportunidades, y con un arma en su poder, con la cual alcanzó a disparar y herir a uno de sus agresores.


            A diez horas del hecho, aproximadamente, la policía dio con el paradero de dos de los agresores, quienes vivían cerca del cíber. Los pesquisas encontraron a los supuestos autores del crimen en una vivienda de la manzana X. Allí hallaron a dos adolescentes y a un mayor, quienes dormían como si nada hubiera pasado. Los dos menores habían sido señalados como autores por varios testigos que declararon en la causa ya iniciada.


            Pero, además, el mayor de la casa quedó imputado por tenencia de estupefacientes, teniendo en cuenta que la policía halló marihuana y cocaína en el interior de la vivienda, aparentemente, dispuesta para ser comercializada por esas horas. Pero Celeste reclama que fueron más dos los autores del crimen de su marido. Y aunque los delincuentes quedaron alojados en el COSE, la muerte del joven padre de cuatro niños ya se había perpetrado.

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