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29 de julio de 2020
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Nutrición

Frutas y verduras: ¿una fórmula ideal en la alimentación del niño en invierno?

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Sumarlas a la dieta de los más pequeños permitirá aumentar sus defensas. ¿Cómo lograr que las acepten?

Todos los especialistas en nutrición coinciden al afirmar que sumar frutas, verduras y legumbres a la alimentación diaria es una de las claves más importantes para aumentar las defensas, y ¡sin importar la época del año en la cual se esté! Sin embargo, hacerlo durante el invierno, permitirá dar un plus al organismo para no enferemarse tanto de grandes como de los más pequeños. También es sabido, que muchas veces, a los niños les cuesta más el alimentarse con ellas. Entonces, ¿cómo hacerlo?

Consultado por un medio nacional sobre este tema, el licenciado en nutrición infantil Alberto Arribas señalaba que "para prevenir la aparición de estos catarros de estación, lo principal es tener las defensas del organismo en perfecto estado, para lo cual las frutas y verduras son fundamentales, ya que juegan un rol importante debido su gran aporte de vitamina C (ácido ascórbico) que promueve las defensas de nuestro cuerpo para enfrentar este aumento en los microbios que nos atacan".

En tanto que comer frutas y verduras de estación tiene otros beneficios: son más accesibles y de mejor calidad. "Elegir según la estacionalidad del año es la clave para tener un alimento, rico, nutritivo y económico", enfatizaba el especialista.

¿Cómo incorporar más frutas y verduras al menú infantil?

Alberto Arribas brinda algunos consejos útiles que pueden ayudar a que los más pequeños 'disfruten' de las frutas y verduras en sus comidas:

Presencia de las frutas y las verduras en la mesa familiar: "Los adultos siempre somos el ejemplo para la construcción de los hábitos saludables de los niños; no podemos pedirles que ellos elijan comer verduras y frutas si los adultos no lo hacemos".

Comenzar a ofrecerles verduras y frutas a partir de los seis meses de edad: "Debido a que es la etapa de descubrimiento de los nuevos sabores y sus texturas, cuanto más se retrase su consumo mayor será el rechazo. Es importante que se le ofrezca de forma continua el consumo de frutas y verduras, de esta manera se logrará crear el hábito".

Ser paciente e insistente hasta que le agrade consumirlas: "La neofobia a los alimentos es un comportamiento instintivo, un mecanismo de defensa que desarrollaron nuestros antepasados para protegerse de posibles alimentos venenosos o toxinas. De ahí que los niños tiendan a rechazar de manera natural alimentos con los que no han tenido experiencia previa. Se debe probar y repetir de 10 a 12 veces para que el sabor sea aceptado. La exposición temprana a las frutas y verduras tiene efectos positivos a largo plazo. Una dieta variada en la infancia será la antesala de una dieta saludable en la edad adulta".

Con la comida se juega y se crea: "Ser creativo a la hora de ofrecerles verduras y frutas a los niños aprovechando sus colores atractivos. Servirles armando formas, figuras, dibujos y utilizando vajillas atractivas y divertidas".

Activar la creatividad y fantasías: "Hay que usar referentes como dibujos o personajes favoritos que estimulen al consumo. Por ejemplo, un brócoli puede convertirse en "los árboles del bosque encantado de las princesa o dragones del cuento", las zanahorias en un alimento con poderes, "la zanahoria biónica"; las espinacas en "lo que da fuerza a Popeye".

Vincular al niño en la elaboración de la comida: "Si ellos participan de preparaciones simples como lavar, rallar o cocinar las verduras, serán motivados a degustar su producto logrado".

Arrancar el día con una fruta: "La fruta es una opción ideal para el desayuno. Las frutas poseen una serie de nutrientes muy beneficiosos a cualquier hora del día, pero más aún tras las largas horas de ayuno nocturno. Un desayuno completo debe incluir una porción de lácteo, un hidrato de carbono como tostadas o pan y una fruta".


No premiar el consumo de frutas y verduras: "Frases como "si te comés las verduras, te compro un alfajor" les dan a las verduras y frutas un efecto negativo. El mejor ejemplo es el de Mafalda: siempre para hacer cosas que a ella le gustaban debía tomar la sopa, entonces ella odiaba la sopa. Alimentar a los niños no es cuestión de premios o castigos, es una decisión que debe estar guiada por la paciencia y la dedicación, conociendo la importancia que tiene una alimentación sana desde temprana edad".

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