access_time 21:23
|
23 de octubre de 2009
|
|
CRÍTICA DE LA SEMANA

Fregados, por derecha o por izquierda

Hace años que Mendoza dejó de ser la que algunos creen que todavía es. Poco recatada, con una dirigencia política y empresarial cada vez más chata e inclinada a los negocios propios o sectoriales más que a los grandes proyectos estratégicos que hablen de crecimiento y desarrollo para las generaciones futuras.

Hace años que Mendoza dejó de ser la que algunos creen que todavía es. Poco recatada, con una dirigencia política y empresarial cada vez más chata e inclinada a los negocios propios o sectoriales más que a los grandes proyectos estratégicos que hablen de crecimiento y desarrollo para las generaciones futuras. Mendoza navega desde hace tiempo sin brújula colectiva, sin rumbo, en un mar de desconfianza. El último de los negocios ruidosamente público es el del tratamiento de la basura patogénica y farmacológica. Ya sea por un lado o por el otro, es el Estado el que, sin lugar a dudas, se llevará la peor parte.


     El Estado, es decir, todos, no quienes gobiernan. Con unos 350 a 500 millones de pesos en juego por los próximos diez años, el negocio de los residuos patogénicos se lo han venido disputando dos grupos económicos, con claros intereses expansionistas. Pescarmona, por medio de una de sus empresas, Tysa, está en camino a quedarse con la recolección, transporte y tratamiento de la basura hospitalaria y farmacológica en toda la provincia. El grupo Vila-Manzano, controlante del Hospital Italiano, por su lado, ha fustigado abiertamente la adjudicación y desde sus medios ha denunciado sobreprecios y un proceso de licitación amañado.


     Lo cierto es que el precio que las clínicas y el propio Estado deberían pagar por cada kilogramo de basura que produzcan a partir de la operación del negocio es sorprendentemente mucho más alto de lo que se abona actualmente. Un trescientos por ciento más. Y el gobierno de Celso Jaque no ha sido lo suficientemente claro como para despejar las dudas que han comenzado a sembrarse y a germinar en la sociedad. ¿Qué divide hoy a Vila-Manzano y Pescarmona, además del control directo del negocio de la basura patogénica, uno de los últimos bolsones casi vírgenes que quedan para sacar provecho con los fondos públicos y privados? Las especulaciones son muchas, pero, en términos generales, se trata de, acá sí, un proyecto estratégico de poder sectorial que amenaza arrasar con todo.


    La energía, el agua, el petróleo, la minería, la medicina y ahora los residuos patogénicos y farmacológicos. Las desavenencias entre Vila-Manzano y Pescarmona son históricas, desde la época en que esta tierra era dominada por las aventuras folclóricas, religiosas y financieras de Raúl Moneta. En aquellos años, Pescarmona y otros empresarios enfrentaron a Moneta buscando un resarcimiento por todo lo que perdieron en manos del titular del ex Banco República. Vila y Manzano fueron los aliados del banquero y lograron que Pescarmona abandonara la lucha, hecho que le valió al metalúrgico también la desconfianza y cierto desprecio de parte de sus colegas, compañeros en la lucha, que pretendían que no renunciara, no se doblegara y no sucumbiera como lo habían hecho otros, por coacción o porque “negocios son negocios”.


    Aquella historia de desavenencias se volvió a reeditar en los últimos días, y el causante fue el ex vicepresidente de los Estados Unidos, el actual ambientalista Al Gore. Pescarmona y Vila-Manzano, más Manzano que Vila, en realidad, pulsearon por la llegada de Gore. Desde la metalúrgica multinacional, con sede en el carril Rodríguez Peña en Godoy Cruz, pretendían que Gore visitara la planta para mostrarle los procesos industriales que utiliza la compañía en la producción de tecnología sustentable, tanto eólica como eléctrica, única en el cono sur, sostienen desde Pescarmona. En los caminos que siguieron para llegar a Al Gore, Pescarmona se encontró con el músico Charly Alberti, flamante miembro de la fundación ambientalista del norteamericano y uno de los contactos argentinos de La verdad incómoda, la conferencia-documental que distribuye por todo el mundo Gore.


     Alberti habría anoticiado a Pescarmona de que Manzano se les había adelantado con intenciones de dominar la escena de toda la movida, como finalmente sucedió. El esponsoreo no estaba en manos de Alberti, sino que había pasado al control del grupo de medios y empresas mendocinas lideradas por el ex ministro del Interior de Carlos Menem. Al Gore habría cobrado 150 mil dólares para conferenciar en Mendoza, y esa cifra es la que, trascendió, se les estuvo pidiendo a los empresarios o capitalistas que tenían intenciones de sacar provecho del ex vicepresidente de Bill Clinton, estar cerca de él o consustanciarse con su prédica de alto impacto social y ambiental. A cambio debían hacer un aporte para financiar s u visita.


     Esa misma cifra fue la que se le habría solicitado al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, piloteado por Mauricio Macri, quien pretendía recibir a Gore como ciudadano ilustre. En Mendoza, Víctor Fayad declaró Huésped de Honor al visitante premio Nobel de la Paz y, en los días previos a su llegada, el logo de la Muni apareció junto al de la Universidad de Congreso, al de Proyecto Cambio Climático, Uno Medios y Andes Renovable, los organizadores y quienes invitaron respectivamente al evento. Desde la Muni capitalina, y ante una consulta de este diario, negaron que se haya puesto un peso para financiar la movida y que el logo apareció porque lo insertó la empresa de publicidad que se ocupó de la campaña. Extraño.


     Desde Pescarmona advierten en voz baja, así también, que hace tres lustros que la compañía no gana una licitación relevante ni en Mendoza ni en el país, desde que se quedaron con la construcción del dique Potrerillos. Con quejas airadas, el grupo habría llegado a la misma Casa de Gobierno, señalando, entre otras cosas, la distinta suerte del pool mediático con quien se enfrenta. Las suspicacias en Mendoza están a la orden del día, en todo o en casi todo negocio que aparezca vinculado a concesiones y el uso de los dineros públicos. En el caso de los patogénicos y farmacológicos, que ya tiene media sanción de Diputados y va por la ratificación legislativa plena el martes en el Senado, el asunto se viene meneando desde hace casi cuatro años.


     En el 2007, el servicio se licitó. Se presentaron tres empresas. Dos quedaron fuera de carrera: una de ellas no contaba con los poderes que acreditaran personería y la restante presentó un maletín que reventaba de billetes en lugar de una garantía bancaria que no habían podido conseguir. Todo muy poco serio, tanto como que nadie en el gobierno de Celso Jaque justifica acertadamente por qué se entregó la licitación a una firma que pretende cobrar 11 pesos por cada kilo de basura que transporte y procese, o por qué se da un servicio monopólico dejando afuera del negocio a cinco operadores transportistas que, al ser marginados, producirán un impacto social que se las trae. Es decir, por un lado o por el otro, el Estado (todos) está fregado.

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.