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20 de octubre de 2009
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OPINIÓN

Frankfurt invita a Argentina (por Diego Iturriza, de DPA)

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Argentina es, desde ayer, oficialmente el país huésped de la Feria del Libro de Frankfurt 2010, a partir del momento en que la delegación argentina recibió de China el Gastrolle, la pieza que simboliza el papel de país huésped en la Feria.

Argentina es, desde ayer, oficialmente el país huésped de la Feria del Libro de Frankfurt 2010, a partir del momento en que la delegación argentina recibió de China el Gastrolle, la pieza que simboliza el papel de país huésped en la Feria.

“Muy conmovida” se declaró la presidenta del Comité Organizador para la participación argentina en Frankfurt 2010 (Cofra), Magdalena Faillace, en la ceremonia solemne en la cual su homólogo chino, Zhang Fuhai, le entregó el símbolo. “Hemos conversado mucho con nuestros antecesores chinos sobre lo enriquecedor de la experiencia”, añadió.

Tal vez haya sido involuntaria su alusión a la cifra que minutos antes había nombrado Zhang: “Hemos vendido más de 2.000 nuevos títulos”, dijo el chino, tras lo cual deseó mucho éxito a Argentina.

Si bien el número alcanzado por los orientales reduce a broma los “más de 140 títulos que en el marco del programa Sur de apoyo a las traducciones del Gobierno argentino se traducirán a 18 lenguas en 19 naciones” (como no se cansa de repetir el Cofra), también invita a abrigar grandes esperanzas.

Es que nadie que haya asistido a la Feria del Libro de Frankfurt podrá negar su magnitud de escaparate cultural: en cinco días, “hubo unas 500 conferencias y exposiciones relacionadas con China en la feria misma y otras 100 en otros sitios de Alemania”, recordó, durante el traspaso, el director de la feria, Jurgen Boos.

Un promedio de 120 actos por día. “No es que no conociéramos la literatura china, pero ahora tenemos una idea mucho más amplia y precisa de ella”, agregó Boos, aunque es poco probable que haya asistido a todos.

Desde el miércoles hasta ayer, en los 2.500 metros cuadrados del espacio de arquitectura futurista donde fue la ceremonia, hubo una megaexposición china. Sus motivos principales fueron ideogramas representados por enormes y antiguos cuerpos tipográficos de madera, y un pequeño lago de agua y arena.

Esos símbolos de permanencia y fugacidad fueron también eco del lema chino en la feria, “Tradición e Innovación”. Ese mismo espacio albergará el año próximo la exposición argentina, que, según informó el Cofra, se llamará “el idioma de los argentinos”, tendrá forma de laberinto y, como figuras principales, a los escritores Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. Todo con el lema “Cultura en movimiento”.

Además de la estetizada presencia china, también signaron esta feria las nuevas tecnologías, que, según la opinión generalizada, coparán el mercado editorial en los próximos años. Los e-books y la digitalización de las bibliotecas modificarán los modos de leer y vender libros, en un universo que abre, en el flujo imparable del mutante internet, impredecibles posibilidades.

Detrás de estas dimensiones difíciles de concebir, está la posibilidad de promover a través de los bienes culturales otros de naturaleza más concreta. No lo ignoran los representantes editoriales de países como México o Perú, que en Frankfurt pusieron en estrecho contacto su industria editorial con el turismo y la gastronomía.

Es probable que los miembros del Cofra (lo mismo que cualquiera que entre en contacto con la Feria del Libro de Frankfurt por primera vez) hayan tenido que hacer algunos ajustes cognitivos para llegar a tener plena conciencia de todo lo que significa ser invitado en Frankfurt.

Esa necesidad podría estar en el origen de los roces con las autoridades de la feria que, según dijo Faillace a DPA, hicieron “arduas” las primeras reuniones, cuando la discusión giraba en torno a la pertinencia de los “íconos argentinos” Maradona, Evita y Gardel.

En sitios estratégicos de la feria hubo un cartel: “2010. La hora de América latina. Toda Latinoamérica y el dinamismo de su nueva generación editorial y literaria serán el foco de atención”, avisó en castellano la feria.

Es que la codiciada oportunidad no se limita a Argentina. No en vano el Instituto Cervantes, organismo de cada vez más peso en las políticas culturales panhispánicas, se prestó gustoso a organizar en 2010 en Bruselas, junto con el Instituto Bozar, el simposio sobre el país huésped que cada año antecede a la Feria del Libro.

“Es que Boos quiere darle a la feria proyección europea”, explicó Faillace a DPA, lo que no hace más que aumentar la importancia del evento.

Argentina será en el 2010 el primer país latinoamericano en 16 años (después de Brasil en 1994 y México en 1992) y el tercero en la historia en ser invitado. “Tenemos la expectativa de no fallar”, dijo Faillace en un arrebato de sinceridad. La hora de América latina ya empezó a correr.

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