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14 de marzo de 2007
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Análisis

Francia, con futuro electoral incierto

La aparición de un candidato de centro para las presidenciales podría minar las expectativas de la socialista Ségolène Royal de participar en el ballottage, previsto para el 6 de mayo.

    La mayor sorpresa de las elecciones presidenciales de este año en Francia podría ser, precisamente, que no haya sorpresa alguna, es decir, que el actual ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, pase a la segunda vuelta y allí derrote a la candidata del Partido Socialista, Ségolène Royal, como la mayoría de las encuestas predecían hace un par de semanas.

    Pero si hay que fiarse de la certeza de los sondeos, este desenlace está comenzando a parecer cada vez más improbable, porque el candidato centrista François Bayrou apareció de la nada para avecinarse como una amenaza, tanto para el candidato conservador Sarkozy como para Royal.

    En la primera vuelta electoral, prevista para el 22 de abril, Royal se halla directamente amenazada por el disparo de popularidad de Bayrou, quien, en un suceso sin precedentes, ha visto aumentar su apoyo desde alrededor de siete por ciento hasta veinticuatro puntos, según le atribuyen encuestas más recientes. Sólo los dos finalistas que logren más votos en la primera vuelta podrán paren la segunda, prevista para el 6 de mayo.

    Tras pasar la mayor parte de su carrera política como un hombre de centro con tendencia a la derecha, Bayrou rehizo su imagen hasta el punto que muchos votantes ven ahora pocas diferencias entre su programa y el de Royal. De forma significativa, cuarenta y tres por ciento de los socialistas encuestados considera que Bayrou supone un mayor problema para Royal porque convertirá la primera vuelta de las elecciones en lo que el diario Liberation considera “primarias anti-Sarkozy”, entre ella y Bayrou.

    En ese caso,muchos votantes de centro y de izquierda podrían decidirse, simplemente, a votar por quien consideren que representa la mejor oportunidad para derrotar al ministro del Interior, detestado y temido por amplios segmentos del electorado por su duro discurso de ley y orden y su abierto cortejo a los electores del ala derecha del extremista Jean-Marie Le Pen.

    Ello significaría una victoria de Bayrou, porque, aunque todas las encuestas muestran que Sarkozy derrotaría a Royal en un encuentro cara a cara, sería sobrepasado por Bayrou con márgenes de hasta diez por ciento. Es por ello que, de forma irónica, a Sarkozy le interesaría que Royal pasara a la segunda ronda. De ahí que sus apoyos y aliados políticos hayan optado por ignorar a la candidata y lanzar una campaña feroz contra el líder del partido centrista UDF.

    Por citar dos ejemplos recientes, el consejero político de Sarkozy, François Fillon, comparó a Bayrou con un videojuego: “Es una personalidad virtual, con un programa virtual”. El ministro de Exteriores francés, Philippe Douste- Blazy, advirtió que una presidencia de Bayrou supondría un reparto de poder en la administración que paralizaría el Gobierno.

    Pero si un cara a cara entre Bayrou y Royal para la presidencia es visto como la eventualidad menos probable, no es una opción a descartar, pues, aunque Sarkozy continúa liderando todas las encuestas para la primera vuelta, su apoyo se fue reduciendo lentamente. El problema para el ministro del Interior radica en que es demasiado bien conocido como persona y como candidato presidencial.

    Sarkozy hizo campaña para la presidencia durante más de dos años, aunque de forma no oficial, y nunca dejó de explicar su punto de vista en cualquier asunto, por lo que le resultará difícil decir algo que eleve su popularidad de forma significativa. Además, la semana pasada realizó una apelación directa al electorado de Le Pen, declarando que, en caso de ser elegido, creará un ministerio de inmigración e identidad nacional.

    La protesta fue inmediata y Bayrou declaró que Sarkozy había “cruzado una línea” al sugerir, como hizo Le Pen abiertamente, que la inmigración suponía una amenaza para la identidad francesa. Grupos de derechos humanos de Francia denunciaron de forma vehemente al ministro del Interior y SOS Racismo llegó a advertir que los candidatos a la presidencia francesa “no deben desviar a los ciudadanos apelando a los instintos más básicos de algunos de ellos”.

    De hecho, el único político que salió en apoyo de las declaraciones de Sarkozy fue Le Pen, quien pareció encantado de ver sus ideas tomadas por uno de los candidatos principales. Esta estrategia podría volver a atormentar a Sarkozy, quien es lo suficientemente astuto en cuestiones de política como para saber que las elecciones se ganan y se pierden en el centro.

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