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14 de octubre de 2009
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VIOLACIÓN Y CRIMEN DE LA NIÑA EN GUAYMALLÉN

Forense aseguró que a Micaela no la mataron en el piletón donde apareció

Luis Arenas explicó que el cadáver llegó al Cuerpo Médico Forense con la ropa puesta y limpia. Dijo que, por las lesiones que tenía el cuerpo, el homicidio ocurrió en otro lado.

Transcurrió ayer una nueva jornada del juicio oral y público por la violación seguida de muerte de Micaela Reina (12) y se desechó por completo la pericia realizada a la principal testigo, una niña de 12 años con debilidad mental. Además, como dato principal surgió la hipótesis de que a la víctima no la asesinaron en el piletón de la bodega abandonada de Guaymallén, donde apareció sin vida el 17 de mayo del 2007. “La niña llegó vestida y limpia, a excepción del dorso. Si el hecho hubiera ocurrido en la pileta, estaría muy sucia, porque en ese lugar pude constatar luego que había mucha tierra”, explicó el forense Luis Arenas ante el tribunal.


    El profesional ratificó la teoría de que a la niña la mataron mientras la violaban y que la causa de la muerte fue la asfixia. “Las lesiones de la cara y de las manos que presentaba el cadáver son simultáneas a la muerte. Por las lesiones que tiene, la han matado en otro lado y luego la tiraron a la pileta”, concluyó el médico. Por otra parte, algunos testigos aseguraron durante las jornadas anteriores que Apolo Jacob Díaz, quien no es juzgado a pesar de que un ADN confirmó que violó a la niña, llevaba la remera manchada con sangre y que luego la quemó.


    Por este motivo, el tribunal le preguntó a Arenas si era posible que las heridas sangrantes en las partes íntimas de la pequeña hubieran manchado la vestimenta del presunto asesino a esa altura del cuerpo y si se correspondían por haberla cargado en los brazos para transportarla a la pileta, a lo que el forense contestó afirmativamente.


 EXAMEN CUESTIONADO.
La psiquiatra del Cuerpo Auxiliar Interdisciplinario (CAI), Adriana Cornejo, fue sometida a un extenso interrogatorio sobre su pericia –realizada junto a otros tres profesionales– y hasta el tribunal le dio una cátedra de cómo actuar para que no se cometan errores groseros al asegurar un resultado. En los informes, los profesionales médicos acreditaron que la niña de 12 años que aseguró haber visto a Micaela secuestrada en la casa de su padre, Alejandro Prádenas, tenía tendencia a fabular, que su relato no era creíble y que inventaba historias.


     Por este motivo, Cornejo concurrió a la sala de audiencias y pasó un mal momento. Tanto el fiscal de Cámara, Javier Pascua, como el tribunal de la Quinta Cámara del Crimen, presidido por Laura Gil de Chales e integrado por Gonzalo Guiñazú y Rafael Escot, no lograron comprender cómo es que se aseguró con exactitud que la testigo no era creíble en su relato si ni siquiera se realizaron todos los tests ni se tuvieron en cuenta aspectos psicológicos, psiquiátricos y sociológicos que así lo ratificaran.


     La psiquiatra mencionó que para emitir el resultado sólo analizaron el relato que la nena, con un coeficiente intelectual bajo, aportó en una entrevista realizada con los profesionales del CAI el 15 de setiembre. “¿Y cómo llegaron a la conclusión de la inverosimilitud de la versión de la niña?”, le preguntó Pascua y también el tribunal, repetidas veces, a Cornejo. Y el silencio de la psiquiatra fue más que elocuente. Nadie supo encontrar una respuesta para esa pregunta, pero lo que quedó claro es que si del testimonio de la chica existía una mínima duda por su debilidad mental, ayer esa incertidumbre se esfumó y su relato cobró validez, dejando comprometidos al padre de la víctima y también a su hermano, Walter Prádenas.


EL TRABAJO DE LOS PERITOS. La tarea de los profesionales fue puesta en duda ayer en el recinto del primer piso de los Tribunales locales. Cornejo aseguró que la testigo de 12 años era “una niña influenciable” y que hacía “uso de la fantasía”. Pero al instante agregó, tras las inquisidoras preguntas de Pascua: “Pero no es fabuladora, no nos parece que sea una niña mentirosa, pero hay que decir que es tendiente a refugiarse en la fantasía”. Con estas palabras, hasta contradijo la tarea realizada un mes atrás por ella misma y por otros tres colegas.


     Y otra vez la pregunta de Guiñazú, quien estaba molesto por la tarea realizada por los peritos del CAI, no tardó en llegar: “Entonces, ¿por qué dice que su relato no es creíble, en qué se basaron?”. Y la testigo respondió: “En su relato”. “A nosotros nos pareció inverosímil que desde afuera la niña haya visto al padre cortarle el pelo, drogarla y pegarle adentro del baño mientras ella estaba afuera de la casa” (la testigo aseguró durante su relato ante el tribunal, hace algunos días, que observó a Ale jandro Prádenas realizar eso desde dentro de la vivienda y por el hueco de la cerradura de la puerta del baño).


    Cuando la mujer terminó de decir esto, Escot sacó una lista y comenzó a nombrarle más de 15 tests para saber si los habían realizado antes de llegar a la conclusión a la que arribaron. Y ante todas las preguntas la respuesta fue una sola: “No”. Con la declaración de una tercera testigo, cerca de las 14, el tribunal resolvió pasar a un cuarto intermedio hasta hoy a las 9 para tomar más declaraciones a otros peritos que intervinieron en los exámenes psíquicos a testigos y familiares de Micaela.


     El juicio oral y público se acerca al final y los hermanos Prádenas, acusados por el delito de privación ilegal de la libertad en concurso real con abandono de persona seguido de muerte, están cada vez más comprometidos. El tribunal también deberá resolver, en los próximos días o durante la sentencia, si los hermanos Prádenas y Apolo Díaz deben volver a prisión.

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