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20 de marzo de 2007
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Análisis

¿Flexibilizarán las reglas de juego?

El especialista analiza si el Gobierno hará cambios en el rumbo económico después de las elecciones de octubre, teniendo en cuenta que apuesta a ganar en primera vuelta.

    En los últimos seis meses, los dioses de la fecundidad redoblaron sus esfuerzos: el precio internacional del maíz aumentó casi 100 por ciento y el de la soja aumentó 40 por ciento.

    En amplios círculos políticos sobrevuelan dos tesis: algunos piensan que el Gobierno triunfará en la primera vuelta de las elecciones presidenciales y otros creen que la decisión de Macri de no ser candidato presidencial y las piruetas de Lilita Carrió llevan a polarizar de manera creciente las elecciones entre Kirchner y Lavagna, derrumbando la hipótesis de una oposición muy fragmentada.

    Además, esa polarización conduciría a que el oficialismo abandonase la parodia pingüino-pingüina para coronar a Néstor Kirchner como candidato. Así, se abre una serie de conjeturas sobre si, después de las elecciones, el Gobierno kirchnerista estará o no dispuesto a introducir ajustes y cambios en la estrategia económica.

    Aquellos que hablan de un triunfo en primera vuelta dan margen al Gobierno para asumir con pragmatismo las distorsiones que se fueron acumulando en los últimos tiempos. Entre los ajustes a realizar –de acuerdo a este enfoque– figuran: primero, la distorsión de precios relativos asociada con el congelamiento de tarifas públicas y de controles de precios; segundo, la inversión en energía, en especial, acelerando el proceso, para lo cual se debe crear un clima favorable de negocios.

    Ello conlleva de manera implícita un cambio de actitud frente a Estados Unidos y Europa; tercero, enfriar la expansión de la demanda de consumo para contener las presiones inflacionarias y no tener que seguir manipulando el índice de costos de vida y poner menos entusiasmo en la política de tipo de cambio alto, y cuarto, modificar la Ley de Coparticipación para poner orden en las finanzas públicas provinciales.

    EUFORIA.
La tesis de los operadores económicos es muy simple: al Gobierno le conviene, con la euforia, taparse la nariz y decidir pragmáticamente todas aquellas medidas que son políticamente dolorosas en el corto plazo, para asegurarse la credibilidad a largo plazo. Asimismo, la otra especulación está basada en el ir paso a paso, tesis que se apoya en la idea de que China e India continuarán siendo los motores del crecimiento económico mundial.

    Según este enfoque, el Gobierno argentino no introducirá cambios significativos en las reglas de juego y, menos aún, modificará el rumbo actual. ¿Por cuál de estas dos opciones se inclinará Kirchner después de las elecciones? ¿La vía pragmática o el enfoque expansivo? El planteo oficial será: “Si todo anduvo bien hasta ahora y el comportamiento económico y político fue exitoso, ¿por qué cambiar?”. Nadie se atreve a proponer modificaciones en medio de una euforia electoral.

    Bajo estas hipótesis, tras las elecciones, el Gobierno será muy receloso en salir del congelamiento de tarifas y sólo lo hará a cuentagotas. Seguirá apoyando la política de tipo de cambio alto, mantendrá los controles de precios, seguirán las manipulaciones sobre los índices de inflación que publica el INDEC, los subsidios aumentarán, crecerá la inversión gubernamental en los sectores privatizados y tratará de resolver el problema de los déficit provinciales negociando con las provincias concesiones en función de que el Gobierno está dispuesto a asumir la deuda que estas tienen con el Estado nacional.

    Todo ello se resume en que el presidente Néstor Kirchner se ha caracterizado por gobernar mirando al corto plazo, dejando para después el mediano y el largo plazo. A diferencia de los 90, en el actual modelo económico sobresalen los elevados superávits gemelos fiscales y externos, lo que hace muy difícil pensar en un final como el de la Convertibilidad, el de la tablita cambiaria o el de la inflación cero de Gelbard.

   Vale advertir que, como en aquel entonces, actualmente, el Gobierno también está acumulando importantes desequilibrios que están ocultos detrás de un contexto internacional extremadamente favorable: esto da lugar a una fuerte expansión económica y superávits gemelos.

    Si el Gobierno se inclina por postergar en el tiempo los ajustes a los desequilibrios existentes, ¿cuál es el margen que tiene, después de las elecciones, para seguir barriendo bajo la alfombra? Obviamente, el programa económico, tras las elecciones, va a sentir amenazas crecientes por la falta de credibilidad en la inflación medida por el INDEC, por pujas distributivas, por las distorsiones en los precios relativos, por la falta de inversión en energía.

    Para hacer frente a estas amenazas, el Gobierno va a depender cada vez más de que las plegarias de los chamanes precolombinos sean exitosas y que China e India sigan jugando a nuestro favor. Sólo con estos supuestos, el modelo kirchnerista seguirá siendo sustentable después de las elecciones. Recemos, entonces, junto con los chamanes.

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