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12 de junio de 2007
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Fin a la tensa gira de Bush por Europa

El presidente de EEUU, George W. Bush, concluyó ayer una gira de ocho días por Europa marcada por la tensión con Rusia por su comentario sobre la situación de la democracia en ese país, por el escudo antimisiles y por el futuro de Kosovo

    El presidente de EEUU, George W. Bush, concluyó ayer una gira de ocho días por Europa marcada por la tensión con Rusia por su comentario sobre la situación de la democracia en ese país, por el escudo antimisiles y por el futuro de Kosovo. El otro gran tema del viaje fue el cambio climático, que dominó la cumbre del G8 en Alemania, de la que Bush se fue sin haber cedido en que se establezcan topes a las emisiones de CO2, la principal demanda europea.

    En cambio, el presidente estadounidense ganó el respaldo del resto del G8 a su idea de liderar negociaciones con los quince países que contaminan más, aunque ha aceptado que se integren en las conversaciones para renovar el Protocolo de Kioto en la ONU. Bush también logró otro objetivo: su respaldo a los gobiernos de República Checa y Polonia por su disposición de cooperar en el escudo antimisiles que EEUU pretende desplegar en Europa del Este y de Bulgaria por su colaboración en la guerra contra el terrorismo.

    En Albania, Bush urgió a la ONU a aprobar rápidamente un plan para otorgar la independencia tutelada a la provincia serbia de Kosovo, donde 90 por ciento de los habitantes es de etnia albanesa. Estos mensajes de política exterior han irritado a Rusia, que es especialmente sensible a lo que pasa en la órbita de la antigua Unión Soviética. Además, Bush expresó en Praga su preocupación por las, a su juicio, estancadas reformas democráticas en Rusia que, aseguró, “prometían dar más participación a los ciudadanos”.

    El presidente ruso, Vladimir Putin, envió vientos siberianos de Guerra Fría en vísperas de la gira de Bush al decir que su país apuntaría sus cohetes hacia Europa de nuevo si EEUU seguía con su plan para desplegar el escudo antimisiles. Bush intentó calmar las aguas reiterando que Rusia no es el enemigo de Estados Unidos e invitando al Kremlin a participar en el sistema defensivo. En respuesta, Putin hizo algo inesperado: aceptó la oferta con una propuesta alternativa, que consiste en usar un radar existente en Azerbaiyán y desplegar interceptores en Turquía o Irak.

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