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1 de octubre de 2009
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COLEGIO ÁLVAREZ CONDARCO

Estudiantes construyen los cestos de basura para las plazas de Godoy Cruz

Tienen entre 13 y 20 años y participan en un convenio con la municipalidad que conduce Cornejo.

Durante los gobiernos del ex presidente Carlos Saúl Menem, el país –Mendoza incluida– vio cómo desaparecían los ferrocarriles y la flexibilización laboral afectaba la estabilidad de los trabajadores, los activos del Estado pasaban a manos privadas y se producía la desaparición de una gran parte de los colegios técnicos, mientras que otros, los que quedaron en pie, a través de la Ley Federal de Educación, de 1995, vivieron una época en que sus maquinarias no se actualizaban y no había presupuesto para la compra de materiales, por lo que los estudiantes en muy poco tiempo se quedaron sin la posibilidad de aprender un oficio.
En los últimos años, esas escuelas técnicas comenzaron a salir a flote, aunque la huella que dejó el menemismo se nota aún y es recordada por el sector. Uno de los colegios que se vio beneficiado por esa “resurrección” fue el Álvarez Condarco, una escuela técnica de Godoy Cruz que ayer fue visitada por el intendente Alfredo Cornejo para ver el avance que hay en la producción de 150 cestos de basura destinados a plazas y espacios verdes de ese departamento.

PARA APRENDER.
El convenio suscripto entre la Comuna y el colegio establece que la primera debe destinar alrededor de 24 mil pesos para que más de 30 alumnos puedan practicar y aprender a realizar los canastos. Se trata de alumnos de noveno año, que no tienen más de 15 años en su mayoría y que son asesorados y cuentan con la colaboración de los chicos que cursan los últimos años del colegio, además de la de los profesores.
Ellos, los estudiantes, son justamente los encargados de hacer que 150 cestos estén listos antes de fin de año y que en el 2010 la producción se duplique. La tarea no es fácil, ya que deben cortar los hierros, soldarlos y, al mismo tiempo, continuar con sus tareas habituales en un colegio que tiene una matrícula de 430 alumnos, en su mayoría, varones.
Sin embargo, ellos mismos aseguran que no es tan difícil como parece. “Es hasta agarrarle la mano”, explican Mauro, Mauricio, Matías y Nahir, mientras que sus compañeros asienten y explican que en terminar un cesto de basura se pueden demorar, a lo sumo, dos días.
De hecho, Nahir es una de las pocas mujeres que asisten al colegio, donde prácticamente está rodeada de hombres y comparte con cada uno de ellos una tarea en la cual ella misma asegura que debe hacer todo como si no existieran diferencias de fuerza física. Incluso, la estudiante, que admitió que en un principio le fue difícil cursar en una escuela técnica, es la actual abanderada del colegio, del cual egresará dentro de dos meses para comenzar a transitar su sueño de convertirse en ingeniera.

EL MILAGRO TÉCNICO.
Uno de los que más conoce a los alumnos que pasan por el taller del colegio es el profesor Héctor Molina, quien se encarga de supervisar lo que realizan los chicos y de perfeccionarlos en el arte de soldar. Molina es consciente de que no hay diferencias entre los alumnos de un colegio comercial y uno técnico, “ya que todos son adolescentes y siempre hay unos más rebeldes que otros”, pero admite que con sus alumnos no tiene necesidad de estar encima de ellos todo el tiempo, ya que cada uno tiene clara su tarea.
En ese sentido, aseguró que depende de los grandes el poder contener y enseñar a los chicos, y valoró la existencia de los colegios técnicos al asegurar que los estudiantes, cuando salen, tienen muchas puertas abiertas por todo lo que saben, y que gran parte de ellos tiene un trabajo asegurado en alguna empresa cuando egresan. De la misma opinión fue el ingeniero Luis Lucero, director de la escuela.
Según explicó, la escuela enarbola un proyecto de colaboración con la comunidad, en el cual no sólo se incluyen los cestos de basura, sino que también los alumnos intervienen en el arreglo de la infraestructura de algunos de los colegios de la zona, a punto tal de arreglar sillas o juegos de recreación para los más pequeños.
Al mismo tiempo, la colaboración de los padres es permanente, explicó el directivo. Lucero, igual que hiciera Cornejo, también recordó el cierre de muchos colegios técnicos y afirmó que, durante la década del 90, las escuelas de este tipo se fueron quedando abajo, aunque reconoció que a partir de los últimos años volvieron a ser reequipados, en muchos casos, con herramientas de primera calidad.

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