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18 de junio de 2007
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España crece por sus inmigrantes

Los inmigrantes, que ya representan 10 por ciento de la población española, han sido una parte decisiva en el crecimiento económico español, al dinamizar el mercado de trabajo, facilitar la incorporación laboral de la mujer e impulsar la productividad.

   Los inmigrantes, que ya representan 10 por ciento de la población española, han sido una parte decisiva en el crecimiento económico español, al dinamizar el mercado de trabajo, facilitar la incorporación laboral de la mujer e impulsar la productividad. Aunque los servicios de estudios de los principales organismos difieren sobre cuál ha sido la contribución de la inmigración en el crecimiento económico, todos apuntan a que sin los trabajadores extranjeros el aumento del PIB habría sido significativamente menor.

    Según la Oficina Económica del presidente del Gobierno, la mitad del crecimiento económico de los últimos cinco años se debe a la inmigración, mientras que el Banco de España reduce este porcentaje a aproximadamente 25 por ciento y La Caixa lo eleva hasta cien por ciento. Lo que está claro es que hace treinta años España iniciaba un proceso de transición democrática con una fuerte crisis económica y con unos 150.000 inmigrantes empadronados, mientras que hoy en día la economía crece más de 4 por ciento y los extranjeros superan ya el umbral de los cuatro millones.

    La inmigración no ha sido la única responsable de esta mejora económica pero, tal y como señalan diversos organismos –Banco de España, ministerios de Economía y Trabajo– y los servicios de estudios de las principales entidades financieras, ha contribuido decisivamente a la actual etapa de bonanza. En ese sentido, el Banco de España insiste en su informe anual en que los inmigrantes han contribuido de forma notoria al crecimiento de la renta per cápita en los últimos años. Incluso, el gobernador de la institución, Miguel Ángel Fernández Ordónez, defendió recientemente que la inmigración ha ayudado a contener la inflación.

    A corto plazo, la inmigración impulsa el consumo interno y la inversión, la tasa de empleo y de ahorro –mayor entre los inmigrantes que en los ciudadanos del país de acogida– y contiene los costes salariales –pues reciben salarios más bajos–, lo que puede contribuir a incrementar la competitividad empresarial. El mercado de trabajo también se ha beneficiado de la inmigración, hasta el punto de que, según el Banco de España, la llegada de extranjeros explica la totalidad del aumento del porcentaje de la población en edad de trabajar sobre el total.

    A todo eso se debe añadir que los puestos de trabajo que ocupan los inmigrantes como cuidadores (niñeras), que generalmente no desempeñan los nacionales, han facilitado la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y, en consecuencia, han contribuido al incremento de la productividad. El vicepresidente del Gobierno español, Pedro Solbes, declaró recientemente que los inmigrantes “no sólo son el trabajo que ellos mismos directamente producen, sino también las alternativas que generan indirectamente” e insistió en que este colectivo representa un factor de mayor productividad, consumo e inversión.

    Aunque son palpables los efectos positivos de la inmigración en la economía, muchas voces ven un lado negativo a este fenómeno, ya que consideran que una entrada masiva de inmigrantes puede poner en riesgo el actual sistema de pensiones y de financiación pública. Para el Banco de España, sin embargo, los trabajadores extranjeros no cambian en lo sustancial el problema del envejecimiento a largo plazo, puesto que el peligro de que el sistema entre en déficit entre el 2020 y el 2025 persiste, con o sin sus aportaciones.

    No obstante, el organismo sí constata un impacto negativo de las remesas, el que tienen en la balanza de pagos española, al sumarse a los saldos negativos que provocan el déficit exterior. Así, en el primer trimestre del año, el déficit acumulado por la balanza de transferencias corrientes –en la que se incluyen las remesas– se amplió hasta 3.025,5 millones de euros, 13,83 por ciento más que en el mismo período del año anterior. Pese a esos factores negativos, pesan más los beneficios que para la economía tiene la inmigración y, no en vano, diversos estudios consideran que hacen faltan entre cuatro y siete millones de extranjeros más hasta el 2020 para mantener el actual ritmo de crecimiento.

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