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11 de noviembre de 2009
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ESGUINCE

Yo no sé si los Kirchner se sienten santacruceños, a mí me parecen más bien calafateños.

    Yo no sé si los Kirchner se sienten santacruceños, a mí me parecen más bien calafateños. En El Calafate hicieron su nido, bueno, más que un nido, un nidazo, tan bacán, que en el baño tienen una bañadera con trampolín olímpico. En El Calafate atesoran sus propiedades, sus tierras y sus negocios. No se puede decir que el Glaciar Perito Moreno es de ellos porque no consta en acta, pero, eso sí, debe pedirle permiso a ellos cuando quiera romperse. Es su patria chica y están avanzados los trámites para que Calafate se escriba con K. Ahí descansa nuestro matrimonio presidencial algunos fines de semana.
    Leen los diarios juntos, insultan a dúo en contra de Clarín y ven películas que tienen que ver con sus ocupaciones, como Rompiendo el hielo, que es una de pingüinos. Por ahí se les da por hacer trabajos domésticos. Es curioso el asunto ¿Usted se la imagina a Cristina lavando la ropa, por ejemplo? ¿No, cierto? ¿Planchando? Tampoco. ¿Limpiando los pisos? Menos. ¿Lustrándole los zapatos a su marido? Ah, bueno, ahí no me la juego. Pues también hace trabajos de jardinería la primera dama. Cuida de las margaritas, de vez en cuando deshoja una pensando en el pueblo. “Me quiere mucho, poquito, nada, me quiere mucho, poquito, nada”.
    Y también pensando en el pueblo atiende las nomeolvides, aunque el pueblo se quede con los clavelinos. Pues bien, estaba laburando en el jardín de su modesta casita construida con los planes de viviendas precarias del Estado, cuando Ay!¡Ay!¡Ay! ¿Qué pasó? ¡Llamen a Seguridad! ¡Los granaderos, que vengan los granaderos! ¡Llamen al ECI! ¿Le pincharon el teléfono?¿Se le salió el botox? ¿Se le manchó el trajecito nuevo? Nada de eso, che.
    Esguince de pie. Ahí nomás la atendieron, calmaron su dolor, y Néstor propuso una reunión urgente de la OEA como desagravio por lo ocurrido. Así que ayer llegó a la Casa Rosada en silla de ruedas y sin poder dar un paso. Eso sí, sonriente. Dicen que dijo a quienes la observaban llegar: “Soy una presidenta averiada pero no hundida”. Los de la oposición no perdieron la oportunidad, con sonrisas casi cínicas salieron a decir que en estos tiempos es evidente de que la presidenta está metiendo la pata.

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