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24 de mayo de 2007
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LÍBANO

Escaparon miles de palestinos

Luego de un incesante bombardeo de varios días, una gran cantidad de civiles huyó del campo de refugiados de Nahr al Badar, al norte de Líbano. Se enfrentaron libaneses con extremistas suníes.

    Miles de civiles huyeron ayer del campamento de refugiados palestino de Nahr al Badar en medio de amenazas mutuas entre el Ejército libanés y la milicia extremista suní Fatah al Islam. Pese a que no ya no se escuchaba el hosco bramar de las baterías de artilleros, una honda sensación de pesimismo envolvía al caer la noche los alrededores del campamento. La tensión, espoleada por ambos bandos, recorría las carreteras circundantes, tomadas por carros de combate y camiones plagados de tropas de refresco, al tiempo que la incertidumbre sobre qué ocurrirá en las próximas horas crecía con las declaraciones de los contendientes.

    A media tarde, el ministro libanés de Interior, Elias Murr, daba un ultimátum a los rebeldes, a los que obligó a elegir entre la rendición y la muerte. En declaraciones a la cadena de televisión árabe Al Arabiya, Murr subrayó que el Ejército no negociará con un grupo de terroristas y criminales. “Su destino es el arresto pero si se resisten al Ejército, la muerte. Sólo tienen dos opciones, la primera, que es la que preferimos, es que se rindan y la otra, que no queremos, es la acción militar”, insistió.

    El ministro respondía con esta contundencia a una amenaza previa de los rebeldes, dispuestos a contagiar su insurrección al resto de la docena de campamentos de refugiados palestinos que existen en Líbano si el Ejército no cesa las hostilidades. “No bajaremos las armas. Dispararemos hasta la última bala”, aseguró uno de los insurgentes a cadenas de televisión árabes. Los combates, que, al parecer, se han cobrado ya la vida de más de un centenar de personas, estallaron el fin de semana después de un extraño incidente armado entre soldados y supuestos miembros de Fatah al Islam en el interior de la ciudad septentrional de Trípoli.

    Desde entonces, carros de combate libaneses han bombardeado con saña el campo palestino de Nahr al Bared, en el que se han cobijado los cerca de 200 milicianos que integran el grupo. En virtud de un acuerdo tácito alcanzado en 1969, el Ejército libanés no puede intervenir en el interior de los campamentos de refugiados, en los que la seguridad es responsabilidad exclusiva de milicias palestinas. Sin embargo, la dimensión que han cobrado los acontecimientos ha empujado a Beirut a contactarse con los representantes palestinos en Líbano para explorar la posibilidad de que los soldados penetren en Nahr al Bared.

    Según los expertos, esta eventual intervención de las Fuerzas Armadas libanesas en el interior del campamento podría suponer un peligroso precedente, con insospechadas consecuencias. Representantes de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Beirut han admitido, indirectamente, que una acción de tal calado complicaría el control de los campamentos de refugiados, en los que anidan grupos durmientes de ideología similar a la de Fatah al Islam. “Trabajamos para mantener la calma en los campamentos, aunque es cierto que en algunos existe cierto malestar”, admitió a Efe Hisham Dessi, portavoz de la OLP en Beirut. Subrayó, además, que el acatamiento al alto el fuego es muy débil.

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