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8 de septiembre de 2006
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Era previsible la falta de gasoil

Nuestro analista reflexiona sobre la crisis del combustible que por estos días vive la provincia. El embrión del problema y la falta de recursos energéticos.

    Si usted es un ávido lector de esta columna, recordará que el 28 de abril del 2006, en este mismo periódico titulé una nota de la siguiente manera: Se acerca un período de crisis energética en Argentina. En este se avisaba que el problema de energía en nuestro país era mucho más serio de lo que se pensaba o de lo que el Gobierno quería que pensáramos. Pasaron ya un par de meses y el problema que hoy nos aqueja, puntualmente, es la falta de gasoil, vale decir que el problema principal es el desabastecimiento de este combustible, aun teniendo en cuenta que este momento no es el de mayor actividad del campo (uno de los principales consumidores de este combustible líquido).

    Esta tensa situación ha tendido a regularizarse, en lo que va del mes de setiembre, en las estaciones de servicio que tienen contratos con las petroleras, porque la mayoría de estas compañías está aplicando cupos mensuales que derivan en faltantes al finalizar cada período. Pero para las otras estaciones, llamadas blancas (sin bandera), es mucho más difícil conseguir gasoil en cualquier fecha del mes.

    Esto ha sido corroborado por la penosa situación de cierre de estaciones de servicio en el interior del país, con tendencia a seguir en aumento, dado el problema de desabastecimiento y que en algunos casos se ha llegado a esta situación porque las petroleras rescinden contratos a los expendedores que venden menos de 200.000 litros mensuales. Por la falta de este combustible en las estaciones llamadas blancas y por el cierre de bocas, se nota la mayor influencia de la demanda sobre la oferta existente, lo que ha llevado a los expendedores a cuotificar la cantidad de litros que le venden al público.

    Esto quiere decir que se ha llegado al punto de decirle a la gente que sólo se le puede vender una cierta cantidad de litros de gasoil por vez, para que, de esta manera, se pueda beneficiar a la mayor cantidad de gente posible. La pregunta es: ¿Hasta cuándo? A esta altura, uno debe analizar a quién afectará esta falta de suministro. En principio, terminará impactando sobre las economías regionales en la implementación de los cultivos y, en el otro extremo, se verá también perjudicado el transporte público de pasajeros.

    Este es un mercado bastante atípico, en donde podemos ver que una de las características principales es que alrededor de 10% de las ventas se realizan, a precio subsidiado, al transporte de pasajeros de corta, media y larga distancia. Para el caso del transporte de pasajeros de corta distancia, que absorbe entre 60% y 70% de 98 millones de litros mensuales, el precio es de $0,42 por litro. Para el caso del transporte de media y larga distancia, que adquiere entre 30% y 40%, el valor es de $0,62, frente al valor al público ($1,45).

    En los últimos meses se incorporaron empresas del interior del país al listado nacional de beneficiarios de gasoil subsidiado, con lo que hay más empresas para repartir la misma cantidad de litros, y esto puede llevar a problemas en los próximos meses. Por otra parte, si 10% de la oferta consigue precios que oscilan entre $0,42 y $0,62, y en el mercado hay demandantes que están dispuestos a pagar hasta $2,10 por litro, no es descabellado pensar que se comenzarán a producir situaciones desagradables para el mercado, como ser vender el producto subsidiado a los que pagan más y salir a buscar lo necesario para el transporte en las estaciones de servicio.

    Y, lo que es peor aún, si los problemas de abastecimiento de gasoil continúan, las empresas de transporte público de pasajeros de Mendoza deberán restringir el servicio, aplicando un método que, por el mismo problema, ya se aplica en las provincias de Córdoba y San Juan. A esta situación de falta de combustibles los argentinos ya la han visto y, por no tomar medidas precautorias por parte del Gobierno nacional, el sector se encuentra en un aprieto bastante serio. El problema, como se mencionó en otra parte de esta nota, era previsible.

    Entonces uno se pregunta por qué el Gobierno nacional espera hasta que las cosas sucedan para dedicarse a intentar solucionar el problema, en vez de tomar las medidas con anticipación y correr con los costos políticos necesarios, con lo que se evitarían los graves problemas de “cuello de botella” en la economía argentina. Aunque, a esta altura, es bastante difícil que un gobierno que lleva más de dos años de gestión modifique su forma de enfrentar los problemas reales de la economía.

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