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6 de julio de 2006
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Entre la mala sangre y la alegría

La semana pasa amarga, por la aún dolorosa derrota de la Selección. Pero los tanos nos dieron una alegría. Y nuestro gobernador salió a hacer política para la gente. En Buenos Aires, miran

     “Volvió Cobos”, nos dijo alguien después de leer los diarios del domingo y la edición del lunes de El Sol. Algo de razón tiene. Después de un largo tiempo de muchas palabras con los cronistas en cuanto acto se presentaba, decidió hablar de otra manera, mano a mano, con los periodistas de cada medio, por separado y abriendo sus definiciones y su agenda de respuestas. El gesto que volvió a posicionar al gobernador en el centro de la agenda política fue la frutilla que coronó un postre que se fue armando lentamente en los últimos días. Primero la clara operación que dejó trascender –cuidando de que se enteraran todos los diarios– de que Cobos estaba midiendo ya candidatos con el mismo esquema que cuando le toco a él ser el candidato a gobernador.


ROMPER LA POLÍTICA CLÁSICA.


     Mientras todos miraban a Godoy Cruz, él se divierte posicionando a sus chicas. El iglesismo hace un año cometió el peor pecado, dejar afuera a la chica Cobos, Mariana Jury, y la venganza, diría el Negro Dolina, será terrible. Después, el gobernador volvió para jugar un clásico de estos tiempos: la pelea con los jueces, ahora ya no por la plata, sino por ver quién tiene más culpa en la preocupante situación de la seguridad en la provincia. Es raro escribir hoy esta columna a mil cien kilómetros, mientras Buenos Aires nos agobia, y los bocinazos y los gritos nos hacen sentir en Nápoles: es increíble la felicidad desatada por el triunfo italiano. Pero la distancia nos da oportunidad de sopesar algunas cosas más fríamente y con otras fuentes de información.


      La verdad es que no sabemos si alguien lo habrá pensado, pero la salida de Cobos a hablar el fin de semana se produjo demasiado cerca de su reunión con el presidente de la Nación y de silencios que a veces dejan trascender más que las palabras. Nadie, ni en Buenos Aires, ni en Mendoza, da una palabra cierta de esa reu- Entre la mala sangre y la alegría nión enigmática, pero nuestras fuentes porteñas aseguran que nadie da una puntada sin hilo y hacen una lista de acontecimientos: la reunión, la trascendencia de las encuestas encargadas por el kirchnerismo, la dureza del diario Perfil contra el gobernador el último domingo y, finalmente, la repentina locuacidad de Cobos aceptando su alineamiento con el kirchnerismo y dejando en claro que no será diputado, ya que se va a la Nación o la casa.


      Una vez más, aprovechando la estadía en una ciudad húmeda hasta el hartazgo y con la niebla invadiéndolo todo, como empeñada en dejarnos ver algo claro, nuestras fuentes nos vuelven a asegurar que el único reclamo que le hace Kirchner a Cobos, con la informalidad formal que suele usar el presidente, es la Policía.Ni siquiera la seguridad en forma integral, sino el accionar de la Policía de Mendoza, una fuerza que tendrá que trabajar muchos años para limpiar su imagen en estos lugares, donde el centro del poder del país ha instalado sus reales. Pero si bien las especulaciones son muchas, nadie se atreve a firmar que definitivamente Cobos sea el acompañante final de Kirchner, “será un hombre más que importante en el armado de la estructura, pero el casillero que va a ocupar se decidirá a último momento. Sólo te puedo decir que lo que dijo en los diarios allá, sobre que no quiere ser legislador, también lo dejó entrever acá, sólo te digo que tomamos nota”, nos dice uno de los hombres que consultamos. Hombre que también mostró su extrañeza cuando le contamos lo frontal en la crítica que se había puesto el PJ mendocino el último fin de semana. “Mirá vos, los muchachos, me parece que ya están empezando a tener mucha injerencia las chicas y vos sabes cómo son, difíciles de complacer, más aún cuando son tan lindas”, nos asegura con el aire machista del porteño sobrado nuestra fuente, que sigue apostando todo al acuerdo definitivo entre “mi presidente y el gobernador de ustedes”. No sólo de política vive el hombre ni esta columna, ya se sabe.


     Por estas horas, mientras estamos sentados frente a la máquina, los docentes de todo el país, y también los de Mendoza, discuten, o algo parecido, sus ideas para una nueva ley de educación. La idea es buenísima, sin embargo, aunque nos tilden de inconformistas eternos, debemos poner algunos reparos. Con la experiencia encima de aquel Congreso Pedagógico Nacional de Raúl Alfonsín, la Ley Federal de Educación de Carlos Menem (en la que participaron activamente muchos de quienes hoy la defenestran), el nuevo intento genera, al menos, alguna duda. La sensación es que una vez más vamos camino a nuevos parches, que sólo pueden profundizar la crisis severa en materia de educación que tienen nuestro jóvenes. Los tiempos han cambiado radicalmente, y la inversión del Estado en educación se limita a la construcción de escuelas y los sueldos docentes.



      La brecha entre el acceso a la tecnología de los chicos en los hogares y en su vida diaria y lo que encuentran en la escuela es cada vez más abismal. La capacitación de los docentes en tecnología y nuevas tendencias es casi nula, y hacen lo que pueden, al igual que la provisión por parte del Estado a las escuelas de los avances del mundo. Así las cosas, es inevitable que los chicos se divorcien cada vez más de sus docentes y del establecimiento escolar. Sólo un dato quizás sirva para graficar lo que decimos. Por mes, se cursan mil cien millones de mensajes de texto entre celulares dentro del país, sí, no me equivoqué, leyó mil cien millones.


     La gente de Telefónica de Argentina nos contaba que la explosión se dio en los últimos tres años gracias al mercado adolescente, que ha accedido al celular como una herramienta más de su vida diaria. En ese esquema, cómo se imagina usted que recibe un adolescente a un docente que tiene como única herramienta para interactuar con los alumnos su palabra, un pizarrón y una tiza. Es cierto que muchos de los que ya entramos a vivir la mitad de la vida, como cantaba Alberto Cortez, agarraríamos a la gran mayoría de los adolescentes y los estrujaríamos, pero qué hicimos nosotros como sociedad, como estado, como cosa pública para intentar avanzar acordes a los tiempos y capacitar a nuestros jóvenes.



     Por ejemplo, ¿alguien sabe de una escuela pública dónde se den tantas horas de Lengua como de Informática? y pregunto ¿alguien de los que dictan las políticas públicas de educación, o usted que lee esto, le daría trabajo a un chico recién salido de la escuela que no sepa manejar una PC o escribir en un procesador de texto? Antes, en la escuela se enseñaba Mecanografía, cuando desapareció la máquina de escribir, se dejó de ensañar, pero no se remplazó por enseñarle a los chicos el manejo de la computadora. Mucho más hemos hablado y escuchado sobre la relación de la tecnología con nuestra provincia en este corto paseo porteño, pero lo dejamos para la próxima, porque para qué seguirse haciendo mala sangre, cuando afuera del hotel la actividad ya empezó, y no sabemos bien si estamos en Buenos Aires o en Roma.



     La verdad es que los tanos nos devolvieron la alegría.

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