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2 de octubre de 2019
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Opinión

En un año hiperpolitizado y electoral, la política local ya cambió el chip para el 27

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A menos de un mes del gran choque por la Presidencia, en Mendoza, Fernández alcanza alrededor de 36% de las adhesiones, mientras que Macri está arañando el 26%.

En Mendoza, entre Mauricio Macri y Alberto Fernández, habría diez puntos de diferencia si las elecciones presidenciales se produjeran por estos días. Y pese a lo que algunos podrían llegar a intuir, que luego de las elecciones a gobernador del domingo, en las que el oficialismo aplastó al kirchnerismo, sacándole quince puntos de ventaja y alcanzando casi 50% de los votos, eso podría significar un repunte de la fórmula presidencial oficialista. Pues está ocurriendo lo contrario o, mejor dicho, se estaría confirmando el resultado de las PASO del 11 de agosto, aunque ahora con una ventaja superior a la que obtuvo Alberto Fernández por sobre Macri. Elbio Rodríguez, el consultor del momento, ha dejado trascender que, a menos de un mes del gran choque por la Presidencia, en Mendoza, Alberto alcanza alrededor de 36% de las adhesiones, mientras que el presidente está arañando el 26%.

Si esto fuera así, la polarización está más viva que nunca y sería la primera confirmación, ya entrando en el clima nacional de la elección. En segundo lugar, y no menos importante, es analizar en qué anda el resto de los ciudadanos que no optan ni por Macri ni por el tándem Fernández-Fernández. Sobre esto hay que señalar que, de acuerdo con los estudios del encuestador, claramente existe entre los mendocinos un 28% que no quiere saber nada por ahora con las dos fuerzas mayoritarias, pero que tampoco quiere decir que no vayan a optar por una o por otra, o “preferir”, como le gusta decir a Rodríguez. Es el tercio de los votantes, que finalmente decide y termina explicando un resultado electoral.

Ese 28% se reparte entre independientes y desencantados, tanto con el Gobierno como con el recuerdo que le dejó el kirchnerismo, y es poseedor, en gran medida, de una situación económica “buena” o “pasable”. Es decir que ese porcentaje de ciudadanos no está representando las penurias económicas extremas y, al momento de decidir qué votar, asume una posición reflexiva, sin que su situación personal condicione en extremo su elección al definirse por el próximo presidente.

El dato está demostrando las particularidades de cada una de las elecciones y, más que nunca, aquella actitud de quienes votan y saben qué es lo que está en juego. En Mendoza, durante la gobernación de Alfredo Cornejo, la pobreza se disparó y la provincia mostró un índice superior a la media nacional. También creció el número de desocupados, acompañando una corriente nacional que se produjo por la caída abrupta de la economía, como está claro. Pero los mendocinos, en su amplia mayoría, y lo que es evidente, destacaron otros aspectos al momento de decidirse por el próximo gobierno que sucederá al de Cornejo.

Una explicación a este fenómeno, además de todo lo que Suarez representó al garantizar la continuidad de un modelo de gestión eficiente, pese a las profundas dificultades, pudo haber sido la acción política desplegada por el oficialismo en medio de la tempestad. Sin política y sin poder político, para cualquier gestión de gobierno que pretenda continuarse en el tiempo, le resulta más que complejo intentar convencer a los electores de que le den un poco más de tiempo para poder revertir un estado de situación profundamente comprometedor. Es lo que está padeciendo, todo parece indicar, la administración de Macri.

Macri ha tomado la elección de Mendoza como una prueba de que no todo está perdido en su aventura reeleccionista. En el oficialismo nacional interpretan que no hay una ola definitiva en su contra y que pueden dar vuelta la historia con esa recorrida que está haciendo Macri por las principales ciudades del país y el cúmulo de medidas que promete poner en marcha si le dan una nueva oportunidad y que tienen como foco la reactivación de las pymes.

El peronismo, pese a la dura derrota del domingo, se ha puesto a disposición de la campaña nacional para evitar una derrota de Fernández y buscar, así también, que la lista de diputados nacionales que lidera Marisa Uceda vaya por el triunfo por sobre la de Alfredo Cornejo. En este punto son conscientes de que estarán ante un duro desafío porque, si bien, Fernández está arriba de Macri en la presidencial, entienden que Cornejo querrá capitalizar el triunfo de Rodolfo Suarez para volcarlo a su favor en la lista que lidera.

También trascendió que en las últimas horas Fernández llamó a Anabel Fernández Sagasti, la actual senadora nacional, la que podría formar parte de un eventual equipo de gobierno si accede a la Presidencia. Así, el kirchnerismo se concentrará en la recuperación propia y en la del peronismo provincial. En los alrededores de Fernández Sagasti han dejado trascender que el histórico Rodolfo Gabrielli, el mismo que lideró los equipos técnicos durante la campaña a la Gobernación, intentará rescatar la figura de Fernández Sagasti pensando, ya y aunque no se crea, en las elecciones de medio término del 2021. Y con la experiencia cosechada, construir una posible resucitación peronista para el 2023.

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