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20 de noviembre de 2009
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CRÍTICA DE LA SEMANA

En la oscuridad del túnel

La irrupción de lo que hoy se considera como el ?cobismo?, esa línea política que aglutina a su alrededor la figura del vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, vino a trastocar lo que estaba establecido en Mendoza en términos de construcción de espacios y del andar habitual de la política tal como la conocimos desde el 83 hasta mediados de la gestión de Cobos en la conducción de la provincia.

    La irrupción de lo que hoy se considera como el “cobismo”, esa línea política que aglutina a su alrededor la figura del vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, vino a trastocar lo que estaba establecido en Mendoza en términos de construcción de espacios y del andar habitual de la política tal como la conocimos desde el 83 hasta mediados de la gestión de Cobos en la conducción de la provincia. Ese estilo tan particular, novedoso, campechano, en apariencia simple, con una supuesta enorme dosis de sentido común que adoptó el ex decano de la Tecnológica Regional Mendoza y con el que sedujo a la sociedad casi seis años atrás y que tantos réditos le dio y les dio a sus seguidores, en términos de manejo de lo público tornó imprevisible y pragmática la administración del Estado.

    Tanto como ese viaje aventurero y sin destino que le propuso a la provincia cuando tomó la decisión de alinearse con el kirchnerismo nacional, encantado por el poder y la cartera que con tanta habilidad y destreza maneja hasta este momento el santacruceño. Cobos y la estela que lo acompaña desde aquella decisión audaz –irse de la UCR, asociarse a Kirchner y desarrollar su propia carrera política desde la base de la oposición al propio gobierno del que forma parte– ha condicionado y hasta ha roto el paradigma por el que transitaba el estilo de la política mendocina.

    La impregnó de imprevisibilidad y pragmatismo puro, tornándola superficial y con escasas posibilidades de hacer prender la esperanza de enderezar todo lo que se ha venido haciendo mal desde el oficialismo. Esto porque el cobismo no ha demostrado hasta el momento estar abocado a un estudio serio sobre cómo sacar a la provincia del actual estancamiento al que la ha llevado una oscura y mediocre administración de Celso Jaque en todos los frentes. La forma en la que el cobismo se ha venido manejando y ha actuado alrededor de las urgencias financieras de la Provincia confirman, en gran parte, este extraño comportamiento: oposición cerrada, sin alternativas y con una sorprendente dificultad para explicar claramente qué persigue y, hasta en ciertos pasajes, envuelta en una peligrosa bruma de tinte desestabilizadora.

    En este contexto, el panorama es por poco desolador para la política mendocina con vistas a un par de años nada más. Porque si bien las encuestas de imagen vienen señalando un retroceso general de Julio Cobos, que de 70 por ciento de imagen positiva ha caído a 50 por ciento, nadie descarta sus altísimas posibilidades de destronar a los Kirchner en el 2011, si es que consigue elaborar un buen menú de alianzas y coaliciones atractivas para la gente. Si eso sucede a nivel nacional, con más razón en la provincia su gente puede convertirse en el grupo que sucederá al peronismo de Celso Jaque.

    Entonces, cuál es el perfil, el estilo, el plan, el grupo de ideas y las formas y maneras que tomarán para conducirse y conducir a la provincia. Es un grupo errático, con fuertes divisiones y enfrentamientos internos por el liderazgo que terminan atentando contra cualquier política que pueda elaborar, como oposición más expectante para la sucesión, para que sea una alternativa previsible frente a los desaguisados y hechos confusos que protagoniza a diario el oficialismo. En la discusión en torno al endeudamiento, todos buscaron sacar rédito del momento, a sabiendas de que los medios y la población estarían muy atentos a lo que pasaba, teniendo en cuenta que el Gobierno llegó a manifestar que hasta no se iban a pagar los sueldos de los estatales de no aprobarse la autorización para pedir deuda, cosa que, en apariencia, no llegó a tanto.

    Y esto de aprovechar el momento, de espaldas a la angustia de los mendocinos, es lo que torna en perdida a la clase política mendocina, con las excepciones del caso, claro está. La novela habría incluido hasta un llamado del vicepresidente Cobos a un legislador radical para que votara en contra de la autorización. Que todavía la dirigencia política local no haya elaborado un marco de acción, una suerte de protocolo, un conjunto de medidas asumidas desde indicadores objetivos para resolver coyunturas como la actual, tan complejas desde lo financiero, es un fracaso imperdonable. Y si se quiere, da cuenta a su vez de la decrepitud y la falta de nivel, de capacitación en la que ha venido cayendo desde algunos años a esta parte. Falta seriedad.

     Por otro lado, la debilidad del Gobierno en todo sentido ha venido abonando y estimulando el avance de los mismos sectores de poder económico que acechan los intereses comunes de los mendocinos, pero para su propio beneficio. Y esto no sólo es producto de la debilidad actual del Gobierno, sino también de haber llegado aliado a alguno de ellos alimentándole promesas de beneficios a cambio de un trato preferencial desde los medios de comunicaciones que ellos mismos controlan.

    Hoy el Gobierno sufre denuncias y acoso mediático, según creen, por no sucumbir al avance del poder económico sobre el político, también dicen. Pero no es sólo más que la manifestación de la ruptura de acuerdos anteriores. La Ley de Medios, el cuadro tarifario y marco regulador eléctrico que golpeó a Edemsa, la intervención en OSM, la licitación por la recolección y tratamiento de los residuos patogénicos y una disposición que beneficia al casino del Sheraton y que deja afuera al Hyatt han sido los escenarios que la guerra de intereses ha elegido para desarrollarse por el control del dinero en Mendoza y que tiene al elenco de gobierno como protagonista excluyente.

    La última batalla se habría dado en el directorio de Edemsa cuando se discutió una autorización de endeudamiento por 60 millones de pesos y donde, por primera vez, los directores por la Provincia Armando Surballe, Daniel Rada y Ricardo Reta votaron en contra. La contrarrespuesta, para el Gobierno, vino desde la Legislatura, con un pedido de investigación por el decreto que benefició al casino del Sheraton. Todo muy decepcionante.

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