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14 de julio de 2006
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Análisis

Empresarios ya piden aumento de precios

Luego de meses de valores acordados con el Gobierno nacional, hay empresas que piensan en plantear la necesidad de imponer una suba a algunos productos. La pelea que se viene

        Esta vertiginosa carrera contra los precios que se ha desatado ya hace un tiempo en la Argentina, hoy muestra otro de sus capítulos. Dos de las principales industrias lácteas del país, como son La Serenísima y Sancor, serían las primeras en gestionar ante el “duro” secretario de Comercio de la Nación la necesidad de aumentar los precios de los productos “acordados”.


        Esto es así porque, como mencionamos en notas pasadas, el congelamiento de precios máximos establecidos por el Gobierno nacional, en algún momento empieza a saturarse. Las empresas que más están sintiendo el coletazo de los acuerdos de precios son las lácteas, por eso su puntapié inicial para gestionar una autorización por parte del Estado que les permita aumentar los precios de sus productos.


       Es un hecho que las empresas lácteas no puedan mantener su esquema por mucho tiempo con la forma sistemática de aumento de costos. Dichas empresas gritan a los cuatro vientos que sus márgenes históricos de ganancia son de aproximadamente 1% o 2% en las leches, lo que representa para ellos 80% de su facturación total. Más allá de que son las primeras marcas de leche las que están comprendidas en el acuerdo de precios, esto genera automáticamente un tope a cualquier posibilidad de modificar el resto que los consumidores se pasarían automáticamente a comprar las primeras marcas de leche.


      Esto es así porque “gracias” al acuerdo de precios, las leches de primera quedarían más baratas que las de segunda. Ahora bien, las empresas, al esgrimir este reclamo, chocan con la postura del Gobierno nacional de “inflación cero”, que les dice, palabras más palabras menos: si pierden con la leche de primera, aumenten las de segunda. De más está decir que esta posición es incorrecta, por lo analizado anteriormente. El problema principal para las empresas lácteas (y no sólo de las lácteas) ha sido el aumento sostenido de sus costos.



       El caso puntual de este tipo de industrias es que tienen un alto costo en logística y distribución, por lo que diariamente deben llegar a cerca de setenta mil puntos de venta en todo el aumentos salariales sin acelerar el crecimiento de los precios y terminar afectando la competitividad.


     El tema aquí es que estamos analizando la puja por el precio de las leches (entre otros), porque es un alimento de primera necesidad y forma parte del rubro alimentos y bebidas que publica mensualmente el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) con los valores porcentuales de variación en sus precios. Como el Gobierno nacional está tan preocupado por el incremento de la inflación, no desde el punto de vista económico sino político, de cara a las elecciones presidenciales del año que viene, pone demasiado énfasis en los acuerdos de precios.



      Esto deja a las empresas productoras, en algunos casos, con las manos atadas o sin margen de maniobra para hacer este importe para abajo se cae en la línea de pobreza. Por lo tanto, es muy peligroso “jugar” con políticas de congelamiento de precios en productos de primerísima necesidad, como es el caso de la leche, porque, por un lado, está la salud de los menores, por el otro, está la rentabilidad de las empresas, además de las fuentes de trabajo, con la consecuencia fatal para los que menos tienen de que, cuando se salga de los acuerdos, la canasta básica aumentará considerablemente y pasen a formar parte de los pobres muchas más familias de las que hay hoy. * El autor es miembro del estudio económico Evaluecon (www.evaluecon.com.ar) de la línea de productos.


       Sin ir más lejos, leches como La Serenísima y Sancor se están vendiendo a $1,58 el litro. Pero estas empresas tienen, además, segundas marcas como Santa Brígida, Armonía, Fortuna, las que se venden a $1,40 el litro, aproximadamente. Un dato a tener en cuenta es que las marcas de segunda línea no están comprendidas en el acuerdo de precios con el Gobierno, por lo tanto es casi imposible aumentarlas, básicamente porterritorio argentino con camionetas que posean refrigeración para no romper la cadena de frío.


      Como sabemos, los costos se han venido incrementando, como por ejemplo los costos laborales, donde se han dado aumentos salariales de 19%, además de los costos de energía, seguros y transporte, entre otros. Por esto, el margen para absorber aumentos salariales se ha reducido a la mitad este año, por lo que es difícil establecer el límite de absorción de los crecer su sector o mejorar la calidad del servicio a los consumidores. Este tipo de políticas en la Argentina es demasiado peligrosa porque, con el aumento de la inflación mes a mes, se incrementa también lo que una familia necesita para vivir.


       En el mes de junio, la Canasta Básica Total subió un 0,5% por lo que un matrimonio con dos hijos en edad escolar, necesitó, el mes pasado para cubrir sus necesidades, un monto de $856,86.No hay que olvidar que desde por el Gobierno nacional, en algún momento empieza a saturarse. Las empresas que más están sintiendo el coletazo de los acuerdos de precios son las lácteas, por eso su puntapié inicial para gestionar una autorización por parte del Estado que les permita aumentar los precios de sus productos.


       Es un hecho que las empresas lácteas no puedan mantener su esquema por mucho tiempo con la forma sistemática de aumento de costos. Dichas empresas gritan a los cuatro vientos que sus márgenes históricos de ganancia son de aproximadamente 1% o 2% en las leches, lo que representa para ellos 80% de su facturación total. Más allá de que son las primeras marcas de leche las que están comprendidas en el acuerdo de precios, esto genera automáticamente un tope a cualquier posibilidad de modificar el resto que los consumidores se pasarían automáticamente a comprar las primeras marcas de leche.


        Esto es así porque “gracias” al acuerdo de precios, las leches de primera quedarían más baratas que las de segunda. Ahora bien, las empresas, al esgrimir este reclamo, chocan con la postura del Gobierno nacional de “inflación cero”, que les dice, palabras más palabras menos: si pierden con la leche de primera, aumenten las de segunda. De más está decir que esta posición es incorrecta, por lo analizado anteriormente. El problema principal para las empresas lácteas (y no sólo de las lácteas) ha sido el aumento sostenido de sus costos.


       El caso puntual de este tipo de industrias es que tienen un alto costo en logística y distribución, por lo que diariamente deben llegar a cerca de setenta mil puntos de venta en todo el aumentos salariales sin acelerar el crecimiento de los precios y terminar afectando la competitividad. El tema aquí es que estamos analizando la puja por el precio de las leches (entre otros), porque es un alimento de primera necesidad y forma parte del rubro alimentos y bebidas que publica mensualmente el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) con los valores porcentuales de variación en sus precios.


      Como el Gobierno nacional está tan preocupado por el incremento de la inflación, no desde el punto de vista económico sino político, de cara a las elecciones presidenciales del año que viene, pone demasiado énfasis en los acuerdos de precios. Esto deja a las empresas productoras, en algunos casos, con las manos atadas o sin margen de maniobra para hacer este importe para abajo se cae en la línea de pobreza.


       Por lo tanto, es muy peligroso “jugar” con políticas de congelamiento de precios en productos de primerísima necesidad, como es el caso de la leche, porque, por un lado, está la salud de los menores, por el otro, está la rentabilidad de las empresas, además de las fuentes de trabajo, con la consecuencia fatal para los que menos tienen de que, cuando se salga de los acuerdos, la canasta básica aumentará considerablemente y pasen a formar parte de los pobres muchas más familias de las que hay hoy.

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