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26 de julio de 2006
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Nuestros Lectores

EL ZONDA, EDEMSA, EL EPRE Y EL GOBERNADOR

Quienes vivimos en Mendoza sabemos por experiencia que los temblores, las heladas, las nevadas en alta montaña y el viento Zonda acontecen cada año sin solución de continuidad.

     Cualquiera diría que es absurdo no prever la ocurrencia de tales fenómenos; por lo tanto, lo que debemos analizar es la intensidad de los mismos y actuar en consecuencia. Destacan las zonas urbanas y suburbanas por su hermosa y añosa arboleda, adornada por una guirnalda de cables de teléfonos, de TV por cable y de energía eléctrica que los atraviesa.


     La restricción de poda impuesta hace varios años es sólo para los vecinos, no para las empresas que prestan estos servicios, a quienes se les permite la poda de manera que los cables no sean dañados por las ramas. Una de las características del viento Zonda, además de su alta temperatura, es la fuerza o velocidad con que corre en el llano, de más está decir que al impactar contra la copa de los árboles, además de dañar sus ramas, puede derribarlos, especialmente cuando son de gran tamaño y añosos.


     Esto es lo que en definitiva ocurrió días atrás en el Gran Mendoza, ya que, además de arrasar el arbolado, el Zonda se llevó puesto las redes de cables que lo atraviesa. Es imposible pedir a quienes nos gobiernan un poco de inventiva o imaginación. Entre los años 1999 y 2000, una empresa de telecomunicaciones tendió su cableado subterráneo en las veredas de la ciudad de Mendoza para sus teléfonos públicos, probablemente para evitar estos problemas; la otra, la que ostenta el monopolio, todavía usa los cables que puso la CAT entre los árboles, al igual que Edemsa, que usa los de la empresa cuando era estatal.


    Los daños podrían haberse evitado o reducido si el cableado fuera subterráneo, pero esto no fue previsto por la ingeniería oficial privatizadora; entonces, era inimaginable que un suceso climatológico fuera a arrasar con el tendido de cables. La naturaleza se encargó, en buena forma, de poner de manifiesto no sólo la falta de imaginación de los funcionarios sino también la falta de inversiones de una empresa que sólo busca justificar lo injustificable, amparada por un gobernador que, en vez de luchar por los derechos de los usuarios, defiende a rajatabla los intereses de la empresa.


     La ingeniería privatista en lugar de exigir las inversiones de cableado subterráneo usó el derecho como vía de solución ante los fenómenos climáticos, solución, claro está, a favor de la empresa y como eximente de culpa. Es así que la ingeniería jurídica atinó al tomar el caso fortuito o de fuerza mayor para que, en la ocurrencia de los eventos climáticos señalados, la empresa saliera airosa, aunque la gente estuviese sin luz una semana. 

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