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12 de noviembre de 2012
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ENTREVISTA

El trapito Fernando o el ?hombrecito del sombrero gris? de Godoy Cruz

No falta nunca a su esquina de Azcuénaga y San Martín. Cuida autos porque le gusta relacionarse con la gente. Tiene 89 años, es viudo y se ganó el afecto de todos. Un personaje de fantasía que está entre nosotros.

Hombre pequeño, delgado, con gestos de alma buena y siempre con un elegante sombrero gris. Casi igualito al que uno imaginaba cuando Charly García describía a su inolvidable Natalio Ruiz. Nuestra versión mendocina se llama Fernando Gez. Tiene nada menos que 89 años y desde hace 20 es trapito por elección para no morirse de pena en la soledad de su casa o en el olvido al que lo condena la vejez.

Todos los días a las 8.25, don Fernando baja del trole, camina unos pasos y, llueva, truene o corra viento Zonda, se incorpora a su lugar de trabajo, en la esquina de San Martín y Azcuénaga, de Godoy Cruz, donde cuida autos y se gana la vida, hasta las 13.30. Después vuelve a casa, come, duerme una siesta, descansa los huesos y regresa al mismo lugar desde las 17 hasta que se va el sol. En diálogo con este diario, don Gez cuenta cómo es trabajar en la calle con casi 90 años, recuerda su pasado como micrero de línea urbana, añora los tiempos en que "la gente saludaba más y no se escondía" y analiza preocupado adónde irá a parar cuando se ponga en marcha el estacionamiento medido en esa zona, a partir del mes que viene.

¿Cuánto hace que trabaja cuidando autos?

Hace unos 20 años más o menos. Acá hace cinco años que estoy. Estuve muchos en la plaza Independencia pero ya no me gustó. No había gente tan buena. Acá sí, la mayoría me saluda y me trata bien.

¿Qué hizo antes de ser trapito?

Fui micrero casi toda mi vida, siempre me gustó la calle. Trabajé en dos líneas urbanas. Gracias a Dios, esa gente me conoce a mí. Yo siempre me brindé, siempre me gustó ser atento, nunca contestar mal. Los micreros de ahora no tienen educación vial como antes. Nosotros teníamos que saber dónde estaban los hospitales públicos o las oficinas del Gobierno para ayudar al pasajero y sacarlo de un apuro.

¿Qué le gusta de la calle?

Tratar con toda clase de personas. Hay chicas lindas y, no le voy a mentir, no pierdo la oportunidad de dedicar un piropo (se ríe). Este trabajo lo elegí yo. Fue como un hobbie porque, ¿sabe qué?, me encanta hablar con la gente, me hace bien, me gusta estar con gente buena y no quedarme en casa solo y viendo televisión. Acá me respetan, son todos buenos los que estacionan acá. Los malos se van donde están los malos. A mí, eso ya me pone contento, más allá de la moneda que me den, aunque me ayuda para vivir, no se lo niego.

¿Cambió mucho la calle en 20 años?

Mucho. Digamos que antes había más respeto entre las personas. No sólo en saludar, sino en la forma de ser de la gente. Antes tenían educación, llegaban y lo saludaban a uno. Ahora, algunos me saludan y otros no. Y yo me pregunto ¿por qué no todos? Ese es el cambio que hay. Medio que la gente se esconde para no brindarle el saludo a uno. A mí no me interesa mucho la colaboración, sino la forma de llegar a la gente. Un "Buenos días, abuelo", o "Buen día, don Fernando". Eso es lindo, pero no todos lo hacen. Se acerca un hombre, le da 2 pesos a don Fernando y él acota: "¿Ve? Esa es la gente que me rodea, ni tengo que ir a buscarla ni perseguirla para que colabore".

¿Cuál fue la propina más generosa que recibió?

(Piensa) Una chica jovencita me dio hace unos meses 50 pesos. Pero usted no sabe con qué cariño me trató, como si fuera de su propia sangre. Yo me di cuenta por el color que se trataba de un billete grande. Parece que no era de aquí, porque no volvió más y yo quería agradecerle. No pasa seguido, sólo algunos me dan 5 o 10 pesos.

¿Está contento con el estacionamiento medido que tendrá pronto Godoy Cruz?

Acá estoy bien ahora pero no se qué va a pasar cuando haya estacionamiento medido. Ya no será como antes; eso de tratar yo con la gente y que la gente me colabore como mejor pueda. No sé si me va a gustar perseguirla con la tarjeta. Eso me va a resultar chocante, como medir el tiempo de espera o cumplir horarios. Yo vengo siempre, no falto nunca. La Municipalidad quiere que esté yo. Hasta tengo mi uniforme comprado. Pero voy a probar y después de ahí veré si me gusta el cambio o me iré para otro lado.

¿Nunca le quisieron sacar este lugar? Es decir, la competencia, otros trapitos.

Nunca han querido hacer eso. Por suerte, la gente que pasa por acá siempre me recomienda a mí. Me preguntan cariñosamente cómo andan las cosas. Hasta estoy cubierto con los chicos de la Policía, que me preguntan cómo va todo y hasta me dan consejos por si me pasa algo malo.

¿Y alguna vez le pasó algo malo?

No, pero no descarto que, como están las cosas, pueda pasar. Estoy preparado para defenderme de alguna manera.

¿Cómo se prepara, don Fernando?

Tendría que ver en el momento. Yo no tengo con qué defenderme. Nunca usé armas y Dios me ayudó. Nunca tuve un entrevero de esos raros. Creo que rezando me defiendo.

¿Dónde nació usted?

Yo soy riojano. Me vine haciendo una escala porque parece que nací con una idea distinta de los demás jóvenes. Porque yo me vine de La Rioja a San Juan a los 8 años. Ahí permanecí siempre trabajando, haciendo algo siempre, porque vivía con mi vieja. A mi padre no lo alcancé a conocer porque era muy chico cuando se fue. A los 18 me vine para Mendoza y no me fui más. Me gustó. ¿Sabe? Yo me fui fundando a mí mismo. Cuando yo veía que hacían cosas feas, yo no. Había tener valor. Nunca me gustó lo malo. Nunca tuve un desvío, algo que pasa mucho en la noche.

Pero algo de la noche le habrá gustado. Tal vez, ¿el tango?

(Se ríe) Sería un pecado si no me gustara el tango con la edad que tengo. Porque a la gente de mi época es raro que no le guste el tango. Bailé mucho en mi juventud. Tango, paso doble, foxtrot. Las orquestas eran en vivo. Eran bailes familiares, no como ahora.

¿Tiene familia?

Soy viudo desde hace 10 años. Se extraña mucho a la mujer de uno, porque fue mi compañera toda la vida. Llegamos a cumplir 52 años juntos. Tuvimos dos hijas, una falleció. A mí mujer la conocí en San Juan cuando yo tenía 16 años y ella 12. Siempre estuvimos juntos. Ahora vivo con la otra hija y mis nietas.

¿Cosechó verdaderos amigos en este lugar?

Me han invitado muchas veces a comer o a las casas pero yo soy un poquito reservado. Es como todo: usted se compromete con la persona y después, no sé. Hay que tratar bien y ser amable con las personas pero manteniendo la distancia.

¿Y alguna vez se enamoró mientras cuidaba autos?

No, tanto no. Siempre estuve enamorado de mi mujer. No digo que eche Flit –como dicen– a las mujeres. Hay chicas con las que salí a algún baile. Hasta me consideraron su novio. Pero yo no. Eso de mezclar el trabajo con los sentimientos nunca me ha gustado. 

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