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26 de octubre de 2009
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BANFIELD - GODOY CRUZ

El Tomba no dio lo que tiene para dar

Carente de actitud, el Expreso se dejó pasar por encima por el Taladro y mostró su peor cara en lo que va del Apertura.

    El estadounidense Jerome David Salinger escribe en un cuento llamado El período azul de Daumier-Smith, perteneciente al imprescindible libro Nueve Cuentos, una frase, simplemente, perfecta. Salinger, un tipo que ha hecho de su vida un misterio y de ese misterio un culto, regala la siguiente reflexión: “Siempre nos damos cuenta demasiado tarde, pero la diferencia más notable que existe entre la felicidad y la alegría es que la felicidad es un sólido y la alegría es un líquido”. Golazo al ángulo de JD. Para entender un poco qué pasó el sábado entre Banfield y Godoy Cruz, la frase de Salinger sirve de mucho. El fútbol, estimados, se puede explicar de infinitas maneras, aunque algunos periodistas geniales digan, con impune imprecisión, que “Banfield le ganó a Godoy Cruz 3 a 0 porque hizo mejor las cosas”. No jodan, ¿en serio?
    El Taladro, primero que nada, está viviendo en absoluta felicidad, sustentada en la base muy sólida de un equipo maduro, que se conoce, que parte de la experiencia del mendocino Lucchetti atrás, una defensa que no desentona, dos tipos (Erviti y Rodríguez) que juntos, en el medio, generan buen fútbol y dos uruguayos (Silva y Fernández) que juntos, adelante, están disfrutando de una luna de miel, se entienden, se buscan, se divierten y perforan cualquier defensa. Solidez, regularidad, felicidad. No es poco, señores. En la vereda de enfrente, el Expreso vivió una gran alegría frente a Boca Juniors en la quinta fecha, pero después, esa alegría líquida se le escurrió entre las manos con el pasar de las fechas y la felicidad nunca llegó. Perdió firmeza en el fondo, Cocca no encuentra la mejor versión del mediocampo y arriba es más blando que el agua. Amagó con levantar el nivel ante Ñuls y ante Atlético Tucumán, pero fue sólo eso: un amago. Sombras, nada más.
    El sábado, en el estadio Florencio Sola, Banfield pareció un equipo que jugaba la final del universo. Muchísima, muchísima actitud. Si Falcioni le decía a sus jugadores que se tiraran de cabeza al Riachuelo, ahora los estarían buscando en esas turbias aguas. Eso es convencimiento, llegar con un mensaje a sus jugadores, compromiso grupal, objetivos en común, sed de gloria, escribir la historia, trascender. Godoy Cruz, en cambio, pareció un grupo de tipos que, después de comerse un asado, dicen bueno, dale, corramos un rato, juguemos un picado. Y quizás hay varios que ya hicieron la digestión y corren, pero hay otros más que no les pinta mucho eso de correr y transpirar y eso, entre amigos, está todo bien, se permite. Pero en primera división, si sos un profesional, es imperdonable. Te pasan por encima.
    En los primeros minutos del partido, el Tomba casi no podía cruzar la mitad de la cancha. Tirarles la pelota a los delanteros era como patear la pelota contra la pared. Volvía al toque. Mérito de la defensa local, mala tarde de Vera y desidia total de Jara. En el medio, Torres fue un espectador de lujo, Olmedo y Rojas corrieron más de lo que marcaron y el Pipa Higuaín trató de generar algo de juego pero no lo logró. Abajo, todavía deben estar buscando al petiso ese con el número 25 en la espalda, que les ganó todas las pelotas por ser más vivo, rápido, atento y pícaro. Fernández dio una clase de actitud. Sigali y Curbelo estuvieron muy lentos y se dejaron ganar algunas pelotas increíbles. Chávez le aportó más agresividad al equipo en el segundo tiempo, pero le faltó tirar los centros una gambeta antes. La única chance clara de gol de Godoy Cruz en toda la tarde fue un mano a mano desordenado que Lucchetti le tapó muy bien a Vera. Fue la jugada, digamos, más digna. Antes y después de eso, el Expreso no hizo nada por ganar.
    Ahora saldrán a la luz las voces que argumenten que Banfield es uno de los mejores equipos del torneo. Y esa es una gran verdad. Pero lo que debe preocupar al Tomba es el cómo se perdió. En el barrio, de pibe, todos aprendimos que podés perder 10 a 0 pero tenés que dejar todo en la cancha. Dignidad, amor propio o como quieran llamarle. Godoy Cruz no dio lo que tiene para dar. Por eso la bronca de Cocca y de varios jugadores y por eso la preocupación que da vueltas en la Bodega. Mañana se viene Estudiantes en el Malvinas y el sábado Vélez, en Liniers. El panorama no es para nada alentador. El Tomba debe encontrar esa solidez que le traiga felicidad, porque, con alegrías pasajeras, un equipo no se puede quedar en Primera División. Para eso, acá o en la China, se necesita el compromiso y la convicción de todos los jugadores.

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