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6 de noviembre de 2006
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LANÚS - GODOY CRUZ

El Tomba mereció ganarlo, pero casi lo pierde

En un gran duelo, el Expreso le empató 3 a 3 al Granate en tiempo de descuento. Los de Llop siguen sin ganar de visitante

    La adolescencia es una de las etapas más difíciles de la vida. El colegio secundario forma parte de ese período en el que parece que todo y todos están en contra de uno. Godoy Cruz parece estar viviendo su adolescencia futbolística. El Tomba es como ese pibe que sacaron del colegio al que iban todos sus amigos y lo cambiaron a otro en el que es un completo desconocido.

    Este Expreso abandonó la Primera B Nacional, donde habitó por más de diez años, y ahora está en Primera y es el nuevito, ese al que todos quieren agarrar de punto y sobre el que están puestas todas las miradas para controlar sus acciones, ya sean buenas o malas. Ayer, Godoy Cruz podría haber tenido una de esas tardes soñadas para el pibe nuevo, una de esas reuniones fuera del colegio en las que están las chicas lindas y todo lo que no se ve durante la semana.

    Y el Tomba fue hasta Lanús, en una nueva salida, y se encontró de entrada con una sorpresa: la chica más buscada le sonrió y ya a los tres minutos se ganaba un gesto de la más admirada por todos. Franco Mendoza asistía de taquito a una tromba llamada Diego Villar y, cuando El Pipa se metía en el área en busca de Bossio, Ribonetto le cometía penal y Torresi lo cambiaba por gol. Era una sensación nueva. Ir ganando desde los camarines y de visitante.

    Algo nunca visto para este Expreso. Y la tarde venía bien. La chica se mostraba más amistosa y el pibe iba entrando en confianza. La línea de fondo se mostraba segura, el medio mordía y los dos de arriba preocupaban con su velocidad en los contragolpes. Godoy Cruz le ganaba en todos los sectores a este Lanús de los pibes, esos que juegan bien por abajo, pero que, a veces, se exceden y juegan cada uno para Deportivo Leto o Deportivo Manicero.

    La conversación era fluida con la chica. Pero, en el primer descuido, uno de los cancheritos del grupo, ese que se las sabe todas, el pintón, le ganó de mano al purrete y llevó a la bella a tomar un helado. Se la ganó por vivo. Porque en una avivada de Graf, ese goleador de mil batallas, Lanús encontró distraída por primera vez a la defensa tombina y le empató el partido. Caras largas y enojo de Llop al irse al descanso. Pero no importa, no hay que decaer.

    La tarde es larga y la piba, en algún momento, puede volver y ahí empezar a remar de nuevo. Así fue. Maradoniana acción de un endiablado Cato Salomón, quien dejó a tres rivales en el camino, encaró a Bossio y metió un centro que sólo tuvo que empujar Mendoza para el merecido 2 a 1. Y allí pecó de inocente el Tomba. Pecó de nuevo de inexperto por no ser de la casa. Porque la piba había vuelto y también su sonrisa cómplice. Ya se había acercado y todo pintaba bien.

    Pero los nervios, la inexperiencia y vaya a saber uno qué hicieron que el chaval no la invitara a salir. Y eso que tuvo tres situaciones clarísimas para hacerlo. El Panadero Vallés (de gran partido) perdió dos mano a mano con Bossio y el mismo Chiquito le tapaba una gran pelota a Villar. Las tuvo y no las aprovechó. Después, por errores propios y polémicos fallos, Aguirre y más tarde Graf, cuando se terminaba el partido, con su penal, le daban a Lanús una injusta victoria.

    Era feo ver la cara del pibe. Verlo abatido porque había tenido todo para invitar a salir a la chica más linda del lugar, pero no lo había hecho y otro, más vivo y con más años en el lugar, se la estaba por llevar. La tarde se terminaba y el chico tenía en la boca gusto a fósforo, pero el tiro libre del Cato Salomón, en el minuto 50, le dejaba una sensación agridulce.

    Esa que queda cuando sabés que tenías todo para conseguir la primera victoria como visitante, para respirar más tranquilo con el promedio y no lo pudiste hacer. Fue 3 a 3, qué se le va a hacer. El lunes, el pibe nuevo volverá al colegio con la certeza de que, aunque sea el más flamante, ya muchos lo respetan y, pese a seguir sufriendo gastadas y abusos, tiene el consuelo de que si bien no invitó a salir a la chica, al menos le sacó el teléfono.

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