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7 de agosto de 2006
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El tibio texto del Consejo de Seguridad

La diplomacia no logra nunca manifestaciones claras sobre un tema puntual. Esto pasó con el dictamen del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Oriente Medio

              La sala donde se reúne el Consejo de Seguridad de la ONU para deliberar es llamada, popularmente, la “habitación sin esperanza”. Las cortinas siempre están echadas, según las malas lenguas porque las grandes potencias no quieren ser vistas cuando regatean y se pelean. También este fin de semana hubo una dura negociación sobre la fórmula para una resolución para Líbano, y el resultado fue un texto lleno de compromisos y contradicciones.


         La frase central de la iniciativa ha generado ya todo tipo de interpretaciones: “El Consejo de Seguridad exige un cese completo de las hostilidades, basado en un cese inmediato de todos los ataques de Hezbolá, y el cese inmediato de todas las operaciones militares ofensivas de Israel”. ¿Se trata, entonces, del fin de todas las hostilidades o sólo de las ofensivas? ¿Y cómo debe entenderse la palabra “inmediato”, también se refiere sólo a las ofensivas? Sobre todo teniendo en cuenta que Israel opina que sus acciones son defensivas. La falta de transparencia no es casual. Si el texto fuese claro en todos sus puntos, no tendría ninguna posibilidad de ser aprobado.



         Incluso así, fueron necesarios días de negociaciones para que Washington aceptara el texto.Hace una semana había rechazado por completo llamar a Israel a detener sus golpes militares. En vez del Consejo de Seguridad, fue el secretario general de la ONU, Kofi Annan, quien se encargó de reprender y advertir a Israel. Como consecuencia de ello, recibió llamadas indignadas del embajador norteamericano, John Bolton.


         Pero Annan ya está acostumbrado: sólo le cuelga el teléfono al representante del presidente George W. Bush cuando este lo insulta u ofende de forma exagerada. El cambio de los estadounidenses fue explicado por diplomáticos de la ONU con el argumento de que el propio Gobierno de Washington ha caído en la cuenta de que consideró las cosas al principio de forma demasiado optimista. Hezbolá se ha mostrado más fuerte de lo que se pensaba y las esperanzas de que Israel “pusiera orden” en Líbano en una o dos semanas se esfumaron.


         Otra vez –comentaba satisfecho un diplomático europeo que, obviamente, no simpatiza con Bush– Washington pudo constatar que “los puros porrazos no consiguen los objetivos”. Así que ahora comienza el esforzado e intrincado negocio de la diplomacia. Como siempre que estalla la guerra, las perspectivas de éxito son pocas.Ya antes de que la propuesta franco-estadounidense fuese presentada ante el Consejo, Hezbolá la había rechazado. Mientras haya un soldado israelí en territorio libanés se seguirá combatiendo, anunció. Bolton, a quien nada causa más alergia que el rechazo anticipado de resoluciones, evitó hacer declaraciones.


       El lema parece ser ahora la máxima cautela para no causar platos rotos. Un embajador ante la ONU comentó: “El lobo endulzó la voz.”

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