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29 de noviembre de 2016
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Editorial

El silencio que brinda impunidad

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Y, de pronto, Mendoza se convirtió en la mugre que se esconde debajo de una alfombra. Eso que todos conocen y nadie quiere ver. Un lugar supuestamente lejano de las controversias mundiales.

Tal vez por eso, cuando un sector de la Iglesia fue afectado por una grave denuncia por abusos de menores en Italia, se decidió enviar a uno de los sacerdotes que podían estar implicados a este lugar del planeta. Se lo sacó del radar de los investigadores. Se lo escondió. Se le dio la protección que da la distancia.

Ahí está la diferencia entre la justicia celestial y la terrenal. Los creyentes entienden que la primera, tarde o temprano, llegará. Será cuestión de debates teológicos determinar si existe el perdón divino. La segunda es más importante. Es aquí y ahora. Es evaluar, juzgar y, eventualmente, absolver o condenar. Cuando nada de eso ocurre, se corre el riesgo de que un abusador siga cometiendo atrocidades. Y, peor aún, que quienes lo saben callen. 

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