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13 de febrero de 2018
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El relativismo de los corruptos

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Los fanatismos enceguecen. Por eso, a pesar de que pueden tener pruebas contundentes frente a sus ojos, hay quienes se niegan a reconocer los hechos de corrupción.  No lo hacen porque creen que así se está afectado un proyecto o un modelo, como si eso fuese motivo suficiente para justificar a los dirigentes que usan los instrumentos del Estado para beneficio personal. O, peor que eso, se relativiza, como si existiese corrupción buena y corrupción mala. A eso se agrega la memoria selectiva. Ejemplo: critican las vacaciones recurrentes de Mauricio Macri y olvidan los viajes de descanso del matrimonio Kirchner a Calafate. O cuestionaban las maniobras de los dirigentes K y minimizan los escándalos del Gobierno actual. Es en esa doble vara donde se genera la grieta. Es un lugar por donde se caen la  dignidad y la capacidad de entender que algo está bien o mal, independientemente de la ideología. 

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