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17 de abril de 2007
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FESTIVAL / LO QUE PASÓ

El Quilmes Rock cerró con una gran fiesta

Cerca de 55.000 almas vibraron al compás de las canciones de Aerosmith

    Rock y glamour coincidieron en las performances de las estrellas internacionales encargadas de cerrar el Quilmes Rock 2007. Aerosmith, Velvet Revolver y Evanescence mostraron al público argentino que se puede hacer buena música y, a la vez, entretener. Con casi cuatro décadas en la ruta del rock & roll, Aerosmith representó el punto culminante de una velada cuyos protagonistas foráneos hicieron gala del porqué de las ventas millonarias de sus trabajos discográficos y de las entradas agotadas en todos y cada uno de sus conciertos.

UNA JORNADA DE LUJO. El cierre del Quilmes Rock comenzó el domingo con las actuaciones de las bandas locales Turf y Ratones Paranoicos, con el estadio de River Plate aún a medio llenar en una tarde por momentos soleada y, por momentos, nublada y muy ventosa. La primera banda extranjera que subió al moderno –aunque poco visible por su escasa altura– escenario fue Evanescence, que desplegó su metal alternativo con influencias góticas ante un público muy conocedor de su corta pero prolífica carrera.

    Amy Lee –de pollera a cuadros rojos y negros y musculosa y borceguíes al tono– se puso al mando de la agrupación oriunda de Little Rock (Arkansas) para deleitar con canciones como Going under, The only one, Call me when you’re sober, Bring me to life y My immortal, entre otras. “Gracias, Buenos Aires, estamos felices de estar en este país maravilloso”, expresó la cantante Amy Lee apenas inició su potente y roquero set.

    “Que me siente al piano no quiere decir que no vaya a roquear”, advirtió antes de interpretar Lithium. Y cumplió su promesa. El público estuvo de parabienes, porque el rock siguió y nada menos que con Velvet Revolver, la banda que integran el ex Stone Temple Pilots Scott Weiland, Dave Kushner (Wasted Youth) y los ex Guns N’Roses Slash, Duff McKagan y Matt Sorum. Si Slash apareció con la característica galera negra sobre su mata de rulos, Scott lució su escuálida figura tras quitarse una chaqueta charolada y una remera a rayas y quedar con el torso desnudo y un ceñido jean.

    Los músicos hicieron vibrar al público –estimado en unas 50.000 personas, según la organización– con canciones propias y de las formaciones que integraron en el pasado. Así, sonaron temas de Velvet como Sucker train blues, la balada Fall to pieces (a la que Scott calificó de bella), Slither y Set me free (de la banda de sonido del filme Hulk). También se escucharon canciones de los Guns, como It"s so easy y Mr. Brownstone; de Stone Temple Pilots, como Crackerman y Sex type thing, y hasta de los célebres Pink Floyd, como Wish you were here.

UN CIERRE SOÑADO. Cuando, para el final del encuentro, apareció en escena Aerosmith, la multitud apostada en el estadio enloqueció. Claro está, dada la extensa trayectoria de la banda, sonaron un éxito tras otro. Así, fueron coreadas todas y cada una de las canciones, al punto de arrancarle al vocalista Steven Tyler un “los quiero”, como retribución por tanto calor. Love in an elevator, Toys in the attic, Dude (looks like a lady), Fallin’ in love, Dream on, Janie’s got a gun, I don’t want to miss a thing y Living on the edge fueron algunas de las composiciones elegidas para cerrar el Quilmes Rock, con una combinación de hard y blues.

    A lo largo de esta seguidilla, Tyler –el segundo “bocotas” más importante del Rock & Roll, detrás de Mick Jagger– realizó una performance impecable, corriendo por todo el escenario, tapando con sus labios una cámara y moviendo la pelvis para los aullidos de las chicas. A pesar de años de abusos de las drogas, allí estaba en perfecto estado el hombre que les enseñó a moverse en un escenario a Axel Rose, a Jon Bon Jovi y a muchos más. Sin dudas, la trilogía de las baladas Cryin, Crazy y Jaded hizo estallar a las 55.000 personas reunidas allí, quienes entonaron desde las primeras hasta las últimas líneas.

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