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20 de octubre de 2009
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HOMENAJE A MERCEDES SOSA CON CANTOS Y POEMAS

El pueblo despidió a su cantora

Una multitud participó en el acto en el que se arrojaron las cenizas de la gran artista tucumana al Cacique Guaymallén.

Mercedes Sosa ya descansa en Mendoza. Ayer por la tarde, su hermano Chiche esparció sus cenizas en el canal Cacique Guaymallén, en un acto homenaje al que asistió una multitud contabilizada en más de cinco mil personas. HOMENAJE. La emotiva ceremonia se pareció más a una bienvenida que a una despedida, como lo admitieron sus familiares y amigos. Temprano, miles de personas se apostaron frente al escenario que se improvisó en el sector este del Área Fundacional (plaza Pedro del Castillo) y, sobretodo, a los costados del canal Cacique Guaymallén.


     Espontáneamente llegaron al lugar para rendir el último tributo a la artista que le otorgó a Mendoza el privilegio de recibirla después de su partida física. Concentrados detrás de las vallas, había vecinos de todas las edades, algunos portando rosas rojas, otros con carteles con leyendas como “Mil gracias Mercedes Sosa porque tu arte colmó mi alma. Hasta siempre”, o “Gracias a la Negra que me ha dado tanto”, todos vibraban de emoción.


    A través de los parlantes se escuchaba la voz inolvidable, que la gente acompañaba con su canto, haciendo palmas y vivándola como si la mismísima Mercedes estuviera allí. “¡Viva la Negra!”; “Olé, olé, olé, olé, Negra, Negra” y “Aguante Fabián” (por su hijo) fueron las consignas que más se escucharon. El pueblo mendocino la homenajeó como la cantora seguramente imaginó cuando decidió que parte de sus cenizas fueran esparcidas en esta ciudad. Días atrás, en Tucumán y Buenos Aires también diseminaron parte de sus restos.


EL ACTO. Pasadas las 18 comenzó la ceremonia, breve, sin formalismos. En el escenario se apretujaron Fabián Matus, quien fumaba nerviosamente, los hermanos de Marta –como la llamaba la familia–, allegados, amigos, los intendentes de Capital, Víctor Fayad, y de Guaymallén, Alejandro Abraham. El gobernador Celso Jaque llegó empezado el acto. Frente a ellos, en una mesa cubierta con un poncho marrón, reposaba la urna de madera que contenía las cenizas de la artista. El primero en hablar, sucintamente porque estaba muy emocionado, fue su gran amigo Pocho Sosa.


    Lo secundó Jorge Sosa. El animador le dedicó un poema muy sentido en el que le dio un cálido recibimiento a la “Señora”. El padre Aldo Gudino recordó la frase de una canción en la que Mercedes cantaba “no me asusta la muerte ritual”, luego bendijo sus restos y todos los asistentes rezaron el Padre Nuestro. Además del sacerdote, Fabián Matus y sus tíos bendijeron la urna. A continuación, el locutor leyó una carta enviada por Víctor Heredia, en la que el cantautor se pregunta “qué hacer ahora, hermanita, con este agujero, para que no nos trague el corazón y el alma”.


     Posteriormente fue el turno de Coqui Sosa, sobrino de Mercedes, quien se acercó al micrófono para sólo decir: “Preferiría cantar. Esto no es una despedida. La tía se queda acá, es una alegría enorme que pueda volver a estar con ustedes”. A la Negra había que despedirla con música. Para eso, varios guitarristas interpretaron Cochero ’e plaza, Calle angosta y Luna tucumana, mientras un grupo de bailarines danzaba a su lado, y el público cantaba con una mezcla de emoción y felicidad, consciente de ser parte de un hecho histórico. Mientras se sucedían las canciones, Fabián lloraba desconsolado, abrazado por su novia y familiares. Cerca de él, el gobernador Jaque cantó hasta que no pudo contener las lágrimas.


 MOMENTO CÚLMINE. Finalizado el acto, la columna encabezada por Chiche Sosa, uno de los hermanos de Mercedes, quien portaba la urna con sus cenizas, comenzó a desandar dificultosamente el camino hacia el zanjón. El trecho fue recorrido con lentitud por el agolpamiento de la gente y la gran cantidad de medios locales y porteños que estaban transmitiendo el homenaje en directo. Al llegar al centro del puente, sobre Beltrán, el tiempo se detuvo, el aire primaveral acogió a todos y bajo un sol radiante, Chiche se acuclilló y esparció las cenizas en el canal. La multitud estalló en aplausos mientras incontables rosas eran arrojadas al agua. Los cantantes entonaban la Zamba del río pero a esa altura, pocos podían acompañarlos; la mayoría de la gente lloraba acongojada. De pronto, los seguidores de la Negra comenzaron a entonar el Himno Nacional, con las voces atravesadas por la emoción. Nadie se movió de allí por más de media hora. Todos miraban el agua correr, cada uno ensimismado, quizás, en la letra de alguna canción que Mercedes inmortalizó con su extraordinaria voz.


GRACIAS. Lentamente, los cantores y la multitud se fueron retirando en medio de sensaciones cruzadas y una tristeza que se adivinaba en cada rostro. El deseo en vida de Mercedes, de que Mendoza fuera uno de los tres destinos para que sus restos fueran esparcidos, había sido cumplido. Como dijo su sobrino Coqui, este es uno de los tres lugares que la Negra eligió “porque representan a toda nuestra patria”. La Pachamama argentina, que amaba esta tierra en la que se formó cultural e intelectualmente y donde concibió a su único hijo, ya es parte de la historia grande de esta provincia. Bienvenida Negra.

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